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Real Zaragoza-CD Numancia (1-2): El torrezno mecánico saborea la élite

Real Zaragoza-CD Numancia (1-2): El torrezno mecánico saborea la élite

DEPORTES
Actualizado 10/06/2018 01:52
Bernat Díez

El CD Numancia, en la antesala de Primera división –final de la Promoción– al superar en La Romareda, con todas las de la ley, al Real Zaragoza. Se lo creyó el cuadro soriano, que con el 1-1 no permitió que el choque muriese en la Prórroga. Imperial Íñigo Pérez; colosal Aitor Fernández; providencial Pape Diamanka.

¡La que has liado, pollito! El CD Numancia se encargó de poner La Romareda patas arriba (1-2) con su quinta victoria esta temporada (Liga y Copa) fuera de Los Pajaritos. Se enchufa a domicilio cuando le aprieta su voracidad. Íñigo Pérez (golazo y asistencia), Aitor Fernández (parada tras parada) y Pape Diamanka, pintor del 1-2 que no permitió que la vuelta de las semifinales de los play-off se ahogase en la prórroga, desarbolaron a un frío Real Zaragoza. El tono caliente y pasional lo aportó Soria. Creyó el Numancia en lo que hacía y lo patentó con una exhibición de oficio, físico y entereza. El 1-1 de Los Pajaritos no le servía y decidió, tras superar un ligero trance tras la lesión de Unai Medina y unos primeros minutos fatídicos de la segunda parte, morder y merendarse, o cenarse, dadas las horas, al león maño, que se queda sin ascender a Primera en una segunda Promoción en la que falla.

Nunca salar supo tan bueno como decorar con la grasa del torrezno castellano las frutitas de Aragón. Al Numancia le salió, porque lo mereció y dignificó la condición de obrero del balompié: sandía, sandía y sandía en una tragaperras en la que poco dinero invirtió el cuadro de Natxo González. Las ‘perras’ se las fundió todas el Numancia en el verde, con dos buenas partes a su favor ¡Premio! Supieron los de Arrasate controlar “las emociones” en Zaragoza. Pero el bueno de Jagoba erró en un pequeño detalle. Daba por sentado que en algunos lances del juego el Numancia podría estar “dentro” o “fuera” de la eliminatoria. Nada más lejos de la realidad, los numantinos estuvieron “dentro” durante los 90 minutos.

Tambores de guerra. Trompetas que llamaba a una caballería que se encontraba lejos del Lavalenguas (en el monte mágico de Valonsadero). Una plantilla rojilla situada al otro lado del Moncayo le demandaba a Soria entera, quien estaba pendiente de irse de borrachera, que le mandase toda su alma, todos sus mejores deseos para una nueva machada en pleno 2018. El CD Numancia se había traído a Zaragoza un resultado ¿adverso? que mostraba inicialmente un 1-1 invisible en el marcador de La Romareda. La garra y la pasión de Numancia estaban dispuestas a seguir escupiendo un fuego que la quemó viva en el Siglo IV. ‘Vivito’ y coleando se mostraba el reflejo entero de un CD Numancia, enrolado en el sentimiento del hasta aquí hemos llegado; a partir de aquí, “intentaremos pasar con todos nuestros medios”, según Arrasate. Nada que perder. Toda la presión, al Zaragoza, el más obligado de los dos a subir a Primera.

Experimentaba Arrasate en un laboratorio que adelantaba las posiciones naturales de hombres como Íñigo Pérez, a la mediapunta, o Alberto Escassi, a la medular. Elgezabal era el que ocupaba la retaguardia y el que evitó que Toquero llegase al 1-0 en un pase de la muerte de Borja Iglesias. Higinio sustituía a Guillermo. El Numancia se refrescaba. Cambios para combatir el cansancio. Julio Álvarez y Guillermo, en un rinconcillo, por lo que pudiese pasar…

Salió el Numancia con intención de atar al león con la correa. No le intimidó que Zaragoza cantase a capela el himno del club. Sin encerrarse, pues necesitaba un gol en La Romareda, y bien ordenado, el cuadro soriano se encontró con un severo contratiempo. En el minuto 5, Unai Medina decía adiós tras salir malparado de un choque fortuito con Lasure. En esa, el canterano zaragocista obró sin querer; en la segunda acción en la que estuvo presente, ante Nacho, el cambio de Medina, Lasure mereció la roja. Le dejó un recado al extremo canterano del Numancia en forma de plantillazo en la espinilla. Se salvó Lasure de irse a la calle y se salvó Cristian Álvarez del 0-1. Un Nacho apoteósico, quien se echó al combinado numantino a la espalda, envió el esférico a la cepa.

No era fruto de la casualidad. Los de Arrasate, quienes se quedaron groguis pocos minutos con el infortunio padecido con Medina, acabaron por dar un pase al frente durante los primeros 45 minutos en La Romareda. Creyeron. Tuvieron fe y más ocasiones que su rival: Higinio también rondó el palo después de un centro con música de Markel Etxeberría. Jugaron con la conformidad y la poca hambre del equipo local. Corría el Numancia, generando espacios para los extremos. Es lo que tiene jugar con ellos; el Zaragoza casi renuncia a esas figuras. Era Diamanka el que maduraba el juego, alargando los tentáculos por toda la cocina, y el que daba sentido a las intenciones numantinas de cara al área maña. Verso a verso; robo a robo, lo del senegalés.

Con mucho oficio y paciencia, fue el Numancia el que encerró al Zaragoza bajo arresto domiciliario. Dominando e intimidando, el bloque de Soria se merendó a la estructura maña a primera hora de la tarde. La impronta rojilla, valentía sin temeridad. Nacho le había aportado su click al partido. El 0-0 ayudaba al Numancia. No le puso nervioso. Eso sí, el pánico cundió después:

Marró el 1-0 Zapater, quien se quedó solo delante de Aitor Fernández y se la intentó colar por debajo las piernas, en la reanudación y Diamanka no supo qué hacer en el 0-1 posterior en otra jugada en la que se quedaría solo, esta vez delante de Cristian Álvarez. El senegalés se la quiso ceder a un Higinio al que no encontró. Correcalles, toma y daca. Se rompía el encuentro al paso de los minutos de una segunda parte a la que le daban taquicardias. Se encargaba de sostener San Aitor Fernández al Numancia en el minuto 55, cuando sacó a pasear la pierna para evitar que ‘Papu’ le colase el 1-0. A lo Iker Casillas en el Mundial de Suráfrica. Daba síntomas de fatiga el cuadro de Soria y el Zaragoza se aprovechaba de dichas circunstancias. Más velas encendidas al de Mondragón, quien le sacaría otra con el cuerpo a Borja Iglesias. Se desencadenaban las ocasiones del Zaragoza; agonizaba el Numancia.

Toque de queda y sintonía navarra de uno de los mediocentros con más calidad de Segunda. Guillermo se la dejó de espuela. Lo demás, cosas de Íñigo Pérez. Controló, se la colocó templadita en la frontal y a barraca. Golazo del navarro que silenciaba a La Romareda. Seguía el corre que te corre. Era el Zaragoza al que el tiempo le apremiaba ahora. La zaga del Numancia se dedicaba a despejar balones como si se tratase aquello de una pared de frontón. En un saque de esquina, a Mikel González le dio tiempo de levantarse del suelo, aquejado de una falta, y empujar adentro el 1-1. En fuera de juego, por cierto.

Cordero Vega dio cuatro minutos de prolongación. Tres le sobraron al Numancia que ni se rindió, ni tiró la toalla. ¿Prórroga? Ni hablar… Violín del maestro, otra vez. Sacó el guante Íñigo Pérez para colocársela a Diamanka, quien solo tuvo que teledirigir bien el esférico (1-2). Un verdugo ajustició a su ex. Diamanka acalló muchas insinuaciones dadas a principios de temporada. A la heroica, como casi siempre; con valentía, como de costumbre. Funeral en La Romareda; boda, bautizo y comunión en un vestuario numantino que salió escopeteado a celebrar el 1-2 final. Ahora el Numancia espera al Sporting o al Valladolid a las puertas de Primera.

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