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Aitor Fernández, unas exquisitas manos de Primera

Aitor Fernández, unas exquisitas manos de Primera

DEPORTES
Actualizado 29/06/2018 18:34
Bernat Díez

Toc-toc. Ring-ring. Llamadas desde la Liga de las estrellas. La élite podría abducirlo más pronto que tarde. No sabe si estará protegiendo al Numancia 2018-19: “Al final, en esto del fútbol somos nómadas. Hoy estamos aquí y mañana, en otro sitio”, dicta el de Mondragón.

La portería del CD Numancia está bajo el arresto domiciliario de una figura emergente con dos guantes. Bajo su protección, bajo su amparo. El símbolo actual de la escuadra soriana es Aitor Fernández, el salvoconducto que ha guiado al Numancia hasta las puertas de Primera. ¿Ángel de la guarda? “No, no. Soy Aitor Fernández, portero del Numancia”, presenta.

Pese que la realidad de Segunda, una categoría que ya se le queda pequeña, lo ubique como uno de los mejores, sino el mejor, arqueros de plata, el de Mondragón huye del foco mediático. “Esto es un deporte colectivo y creo que el objetivo lo hemos conseguido todos. El éxito de este año es de todos”, justifica. Un espaldarazo a todo un bloque, ya que el de Mondragón cuenta hasta con “el jardinero”, que le ha encendido más de una vela. ¿Cuántos rezos habrá recibido Aitor Fernández esta temporada?

A Borja Iglesias le sacó un gol cantado con el pie en la vuelta de las semifinales de la Promoción (1-2, La Romareda). Era inevitable que el aficionado del Numancia no rememorase la acción idéntica de Iker Casillas en la final del Mundial de Sudáfrica (2010), cuando el de Móstoles también le arrebató el tanto a Robben. De Móstoles a Mondragón; de Santo a Santo. Aitor Fernández ha levantado el muro de las lamentaciones ante aquellos que se la han intentado colar. Él, alivio de una parroquia soriana que veía que los sustos se esfumaban cuando Aitor Fernández exhibía sus vuelos aéreos. Por aquí, por allá; con la izquierda, con la derecha; a mano cambiada, tirando de reflejos. Y la grada le premiaba tatareando heroicamente su nombre de pila. “Individualmente, ha sido un buen año. Es una alegría: a todos nos gusta que hablen bien de uno”, responde el de Mondragón a los halagos. No se ha cansado de obrar paradas antológicas.

Para Aitor Fernández, el Numancia significa “vida”. La entidad soriana se la ha brindado en Segunda, además de hacerle “crecer como futbolista”. Proyectó el sueño de ascender con el Numancia a la élite. Se quedó en Pucela. Mirando el cielo. “Entre con 11 años en el Athletic con la idea de jugar en Primera división. Conseguirlo en un club como el Numancia, siendo tú partícipe de ello, me convertiría en el hombre más feliz del mundo”, refleja.

¿Le ha picado una araña? Los impulsos arácnidos de Aitor Fernández, el Spider-Man de Los Pajaritos, no se entienden sin la supervisión y el trabajo de Fran Sanz. “Desayuna kellogg’s”, bromea el entrenador de porteros en el CD Numancia, quien está pendiente de los movimientos, vitaminados con mucho fósforo, de su discípulo detrás de cualquier portería, en un entrenamiento. Sanz ya no le vigila tan de cerca durante los 90 minutos de los partidos oficiales. Aitor se queda cavilando en solitario.

Runrún mental. Labor psicológica. “La posición de portero es muy complicada. Es única. Nos pasamos solos muchas fases del partido. Te da tiempo a pensar sobre todo”, argumenta el de Mondragón. Se derrite al final de cada partida: “Agotado por dentro. Reventado. Creo que tenemos más presión que los jugadores (situados más allá de la portería)”, revela. Le acalambra, al final, “la tensión” por la que pasa, más solo que la una.

Su ley es tan imperial que se llevó por delante la incuestionable titularidad de Munir Mohand, su “amigo”. En asuntos de arqueros, “solo puede jugar uno”, alega.

El "nómada" de Mondragón

A Aitor Fernández se le contabilizan 109 paradas en la competición doméstica. Una de ellas, pura poesía: se eleva hasta las nubes para sacudirse de encima una rosca tinerfeña de Milla. “No te da tiempo a analizar esas jugadas, que las das por positivas si el equipo suma. Si no recuerdo mal, hubo un saque de esquina después”, narra el arquero vasco sobre el paso frenético del tiempo. De una acción, rápidamente, a otra.

Toc-toc. Ring-ring. Llamadas desde la Liga de las estrellas. “Sí que creo que hay cosas...”, deja entrever. La élite podría abducirlo más pronto que tarde. No sabe si estará protegiendo al Numancia 2018-19: “Al final, en esto del fútbol somos nómadas. Hoy estamos aquí y mañana, en otro sitio”, dicta.

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