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José Luis Palomar: "Fue difícil ser torero y de Soria"

José Luis Palomar: "Fue difícil ser torero y de Soria"

REPORTAJES
Actualizado 06/10/2018 20:32

El diestro más célebre que ha dado la provincia recopila recuerdos, sinsabores y también, discreto, no pocos triunfos. “Un torero, cuando lo es, lo es para siempre”. Cuarenta años de alternativa se ven refrendados este 7 de octubre en un festival de homenaje a una trayectoria para la historia de los toros de España y de Soria.

No quedan atrás los 40 años de alternativa como matador de toros para el soriano, -“de Soria capital” remarca-, José Luis Palomar, quien recibirá un merecido homenaje en un festival mixto este 7 de octubre en el coso de San Benito.

“Cuarenta años son los que son”, confiesa, natural, reviviendo el “sueño de un chaval” que miraba con incertidumbre, en los albores de los años setenta, un futuro lleno de incógnitas. Una época y épica “que era lo que era”, y en la cual “era muy complicado ser torero, y de Soria”. Circunstancias las de entonces, -más de medio siglo- plagadas de cábalas, vaticinios y de poner en juego capacidades. Y el físico. Sin embargo, “todo ha evolucionado a mejor”, después de un compás aquel en donde las “ramificaciones de la posguerra” se dejaban notar.

Camino “difícil, no como ahora”, con sus primeros paseíllos en pueblos, sobre todo tras su primer novillo en Gómara. Y después en el albero de la ciudad, ante sus paisanos, en San Benito. Y al hilo, la ‘mili’. Zaragoza daba apertura a la continuidad de una vocación que todavía mantiene. La capital del Ebro otorgó al joven soriano oportunidades para dejarse ver y, a la vez, aprender del devenir de este particular mundo bajo el escenario que daba el anillo del coso de La Misericordia. “Muy agradecido” de aquella época, tuvo la oportunidad de frecuentar ambientes taurinos y respirar ese aire insondable para muchos. “Allí arranqué como novillero, con fuerza”, llegando, paso a paso, a lidiar bajo la batuta de José Luis Marca, 37 novilladas picadas en ruedos de España y Francia en 1977.

'La corrida del Siglo'

Fue de los “punteros de aquella época”, postulándose firme para ser toricantano, tras un bagaje que le impulsaba a tomar la alternativa en Castellón el 3 de marzo de 1978, con José María Manzanares como padrino, y de testigo Pedro Moya (el Niño de la Capea) con astados de Baltasar Ibán, de los que lograba un apéndice a cada uno de ellos. Y después, el 17 de mayo, a doctorarse en Madrid, con Dámaso González, que le entregaba los trastos para hacerse cargo de un toro de Ramón Sánchez. El salmantino Pedro Gutiérrez Moya concurría nuevamente como testigo en Las Ventas. Esta vez no hubo suerte.

A partir de entonces, paseíllos prodigados en diversas plazas de todo el país llegando a más cada temporada. Pero el “espaldarazo”, como así reconoce él y todo el mundo, llega en Madrid, en 1982, donde arrolla en la tarde del 1 de junio con ‘victorinos’ en la feria de San Isidro. Sale a hombros con Ruiz Miguel y Luis F. Esplá en la indiscutible y épica “Corrida del siglo”.

Y luego vino lo otro, quince días después, con la corrida de la Beneficencia. Apoteosis en un escenario donde entraba misma ganadería y con igual número de apéndices para la puerta grande. “Fue el pasaporte para decirle a los empresarios que hay que contar con el de Soria”. Tesón triunfal que le llevó a firmar setenta corridas de toros, “en ferias importantes, donde hay que estar”.

Un tiovivo que no es simple. “Paquirri, que en paz descanse, me decía que había que salir muy fuerte del invierno”, para mantener el nivel en los meses de ferias, habida cuenta de los desplazamientos, “las circunstancias y algún porrazo”. “Es complicado mantenerse”, añade insistiendo.

Y sobre todo en un diestro que lidiaba los tres tercios, al igual que el malogrado matador de Barbate. Recuerdos aquí también para José Cubero, ‘Yiyo’, a quien vio morir en Colmenar Viejo, con quien compartía terna aquel fatídico 30 de agosto de 1985. “Veintiún años y toda una vida por delante”, dice, echando los ojos y cargango la suerte a un adelante truncado.

La vida lleva al dolor, a ese de corazón, un músculo que dicen que no duele. Palomar siente clavada ahí, y para toda su vida, la tarde del 10 de agosto de 1981 en la que tuvo que encoger los adentros por el fallecimiento de su madre. Dolor de cuerpo presente atenuado por los tendidos de Las Ventas, que ovacionaron cuando echó pie al albero para recibir a su primero. Y aún así cortó una oreja, con brazalete de luto, llorando en el brazo la pérdida de la que lo trajo al mundo y que un infarto acalló con solo 50 años.

Y el arte. “No hay más torista ni más torerista”, describe. Para el diestro, lo fundamental para que el público “respete” es que tiene que existir el toro, “con su trapío”, y después ese “gladiador” que sea capaz de jugarse la vida y “hacer arte”. Conceptos que Palomar asume como propios para desarrollar su profesión y, sobre todo, la obligación del torero de conocer la lidia. Una lección que recibió del mítico Santiago Martín ‘El Viti’, de quien supo ver “el sentido de todo lo que hacía” en el ruedo. Por ello, el arte no está reñido con el dominio, haciendo que el matador tenga cada situación dominada, “incluso llegando a tener la suerte de torear para ti mismo. Abandonarte”. Sensación por la que una vez conseguida “no te cambias por nadie, y buscas repetirlo la siguiente tarde. Es el sumun”.

La afición soriana

Tampoco se olvida, -aquí muy insistente- de la afición soriana. Constante, fiel, con la que siempre se ha visto amparado y arropado. Y más aún cuando las economías de aquel entonces no daban para seguir a su torero, “por muchas plazas”. Ante la cita de homenaje el 7 de octubre, José Luis Palomar no oculta su satisfacción, ya que se acercarán compañeros de esas épocas, como el rejoneador Fermín Bohórquez, o los matadores Carlos Escolar 'Frascuelo', Pepe Luis Vázquez, Víctor Mendes, y José Pedro Pérez Prados ‘El Fundi’, cerrando el novillero Manolo Vázquez.

Para esta cita, al torero de Soria y que está afincado en Ágreda, le habría gustado enfundarse el traje de corto “y matar mi novillo”, pero tras la operación cardíaca de hace dos años “no es aconsejable” hacerlo. “Los años no pasan en balde”, se resigna, pero lo importante es, ante todo, “pasar un día de ilusión con los paisanos”. Sin duda, una jornada histórica que ni Palomar ni la afición soriana olvidarán.

A buen seguro, será un gran día.

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