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Casa de Soria en Madrid, ¿embajada o pelotazo?

Casa de Soria en Madrid, ¿embajada o pelotazo?

REPORTAJES
Actualizado 18/04/2019 12:31

La estratégica ubicación de la Casa de Soria en Madrid, sus posibilidades en un entorno urbano estratégico por el que pasan 30 millones de personas al año, y el progresivo decaimiento del centro regional, debe animar a la Diputación (propietaria del inmueble) a retomar la idea de crear un espacio de promoción de la marca Soria, en ámbitos como el cultural, el turístico, el empresarial o el social. Un artículo de Javier Narbaiza.

Las Casas Regionales fueron una consecuencia de aquellos años de la gran emigración a la ciudad. Su misión no era otra que mantener raíces entre lugareños de las distintas comarcas llegados a la tierra prometida. En esos centros se conservó el folklore regional, surgieron industrias entre coterráneos, y hasta de aquellos bailongos festivos que se hicieron surgieron no pocos matrimonios.

Parece ser que algún vetusto proyecto en la pretensión de vincular al éxodo soriano surgió ya en la I República con Hilario Ayuso, si bien la iniciativa de crear la Casa de Soria en Madrid correspondió a Modesto Muñoz Aparicio, quien a finales del franquismo inició su empeño en una búsqueda de sorianos en la capital, a fin de propiciar la creación de una sede desde la que se potenciase la sorianidad.

Buscando ayudas y subvenciones, arrimándose siempre a árboles de buena sombra, Modesto gestionó un crédito para adquirir el primer domicilio social, sito en la calle Maiquez. En sus afanes descubrió la posibilidad económica de explotar, como entidad sin ánimo de lucro, una licencia de bingo, y con tal espaldarazo económico el grupo directivo decidió posteriormente vender el local inicial, con gran beneficio, cuyo monto fue destinado a abonar en parte la inversión de la nueva sede sita en la Carrera de San Jerónimo 5, así como obras de reforma, entre las que se incluía un restaurante que serviría para difundir la cocina soriana, al tiempo que permitiría la autofinanciación de la Casa.

La Casa de Soria en Madrid está a unos 50 metros de la Puerta del Sol, en el número 5 de la Carrera de San Jerónimo, la calle del Congreso de los Diputados. Es una entreplanta con dos accesos, una al restaurante (ahora cerrado) y otra a la sede, que dispone de una amplio salón, un bar social y varias salas.

Excesivo optimismo

Quizá, aquella junta directiva, presidida por el eminente cardiólogo Jesús Calvo Morales, pecó de excesivo optimismo, con lo que se evidenció la triste realidad de que lo peor de los créditos es que hay que devolverlos con intereses.

Al no poder afrontarse el abono del préstamo bancario, la Diputación Provincial, presidida por Javier Gómez, resolvió afrontar la deuda pendiente, imponiendo como condición que la institución provincial se convirtiese en titular registral de la finca en cuestión. Desde entonces, la Casa ha mantenido tácito e informal usufructo, ocupando el espacio y asumiendo los gastos e impuestos inherentes a la propiedad, y ostentando, como contrapartida, el recurso de la explotación de la zona dedicada a hostelería.

Posteriormente, se conjugaron situaciones de morosidad e impago por parte de sucesivos arrendatarios del restaurante, amén de surgir, por extrañas causas, inusitados acosos municipales por defectos relativos al estado de licencias y autorizaciones de actividad.

Hoy por hoy, la situación de la Casa es penosa, con una junta directiva meramente nominal, y una mínima programación de actividades. Asimismo, está la circunstancia de que los socios nos veamos sorprendidos, al comprobar que la sede ha sido ‘invadida’ por otros colectivos como jubilados de banca, salmantinos sin sede, o animosos zarzueleros que han establecido allí el lugar para sus ensayos y gorgoritos, al igual que aficionados al canto coral, quienes han encontrado refugio para su ocupacional recreo.

Todo sin perjuicio de la compatibilidad de tal cesión de espacio con la práctica de juegos de cartas, por parte de algunos socios y allegados en las modalidades de brisca y guiñote.

Escasos afiliados abonamos los cincuenta euros anuales de cuota por familia, con lo que la Casa, desde el ejercicio de 2017, no ha podido afrontar los comprometidos gastos comunes, si bien los responsables actuales de la Diputación, ante tales problemas económicos, han accedido a auxiliar a la Casa en sus penurias, afrontado coyunturalmente tales capítulos.

Nueva 'milla de oro'

Coincide el panorama con el hecho de que en la zona colindante a Carrera de San Jerónimo 5, se vengan desarrollando las importantísimas obras encaminadas a que esa encrucijada del entorno de Canalejas se convierta -en breve- en la ‘milla de oro’ madrileña, encontrándose avanzada la remodelación de la que derivará, entre otras instalaciones, una galería comercial con presencia de entre 40 o 50 marcas de lujo y un hotel ‘Four Season’, por lo que ese concreto espacio -a finales del 2019- se habrá convertido en el epicentro del lujo madrileño.

Las consecuencias derivadas de tal revalorización urbanística nos llevan a preguntarnos: ¿Y qué destino piensa darse a los 700 metros cuadrados de la entreplanta de la Casa de Soria, por parte de la entidad que ostenta el pleno dominio de la misma, que no es otra que la Diputación Provincial?

Imagino que estas coyunturas de inminencias electorales no son los propicias para respuestas comprometidas. No obstante alguien, y en un tiempo próximo, tendrá que resolver sobre el futuro de la Casa de Soria en Madrid, o sea, sobre el porvenir de la finca de marras.

Los socios del centro regional soriano en Madrid -aquellos emigrantes que tuvieron que marchar de Soria en las décadas de 1960 y 1970- se hacen mayores y la Casa no logra atraer a jóvenes sorianos que renueven y dinamicen la actividad de la entidad.

Promocionar Soria

Algunos venimos insistiendo desde hace muchos años en la conveniencia de aprovechar ese espacio para ‘vender’ y promocionar la marca Soria (asumiendo las necesarias obras de adecuación que los nuevos usos determinen), dando sentido a ese necesario escaparate de bondades provinciales –lo de embajada, me parece excesivo-, sito en una encrucijada clave de calles madrileñas, por las que transitan al año unos treinta millones de personas.

En tal reto de gestionar y gerenciar ese posible centro, tendrían que implicarse profesionales vinculados al impulso del turismo; lo que puede compaginarse con la disponibilidad de un espacio para gestiones y contactos del empresariado soriano, además de continuar sirviendo como punto de encuentro entre tantos paisanos que residimos en Madrid.

La alternativa del ‘pelotazo’ -se habla de que el metro cuadrado puede costar 13.000 euros en la zona- siempre puede ser tentadora, pero uno piensa que no es lo que conviene a una provincia que para su supervivencia y dinamización tiene que poner forzosamente el punto de mira en Madrid como principal mercado. Cualquier solución cabe, menos desaprovechar ese solar privilegiado y próximo a la Puerta del Sol, que además ya está pagado.

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