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La mirada de Bécquer observa el Duero

La mirada de Bécquer observa el Duero

RUTAS
Actualizado 13/05/2019 21:01
Bernat Díez

La tierra de los poetas fue el lugar de reposo para este célebre escritor sevillano, quien usó a la capital de musa para inspirarse en dos de sus emblemáticas Leyendas. ‘El Rayo de Luna’ y ‘El Monte de las Ánimas’ transcurren paralelamente a lo encontrado entonces en los márgenes del Duero soriano.

Soria presume de ser tierra de poetas, y Gustavo Adolfo Bécquer (17/02/1836, Sevilla) refuerza esa teoría poética y narrativa. De nuevo, un referente sevillano de las letras españolas, al igual que el hijo adoptivo de Soria, Antonio Machado, dejó su huella en la capital soriana. La narrativa becqueriana, encontrada en forma de Leyendas cerca del Duero, sigue latiendo con fuerza en el Monte de las Ánimas, donde cada 1 de noviembre los sorianos y las sorianas festejan la Noche de los Difuntos, y en monasterio de San Polo – ‘El Rayo de Luna’ está ambientado en dicho lugar–. Los márgenes del Duero soriano inspiraron a Bécquer.

Como le ocurriese a Rosalía de Castro, Gustavo Adolfo Bécquer también llegó tarde a la corriente romántica. Ambas figuras se encargaron de acuñar lo que acabaría convirtiéndose en el Romanticismo tardío. El relevante poeta sevillano llegaría igualmente tarde a Soria, donde nunca llegó a establecer su lugar de domicilio; sí de reposo. Y de hecho, tomó como referencia a la capital y a la provincia (Almenar, Gómara, Beratón, Noviercas y Torrubia) para sus eternamente recordadas ‘Rimas y Leyendas’ (1864). Según los historiadores, la primera estancia de Bécquer en la capital de Soria se podría datar en 1859, cuando visitó a su tío Francisco, instalado en la calle Zapatería, primero, y en la plaza Herradores, después. Al paso de los años, Bécquer siguió acudiendo (entre 1859 y 1868, por ejemplo) a ese remanso de paz llamado Soria, donde bebería una y otra vez de la inspiración que esta le garantizaba.

Al parecer, el romántico sevillano quedó prendado de las orillas del Duero, a su paso por Soria. Allí situó dos de sus famosas Leyendas, ‘El Monte de las Ánimas’ y ‘El Rayo de Luna’:

“Sobre el Duero, que pasaba lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios”, relata sobre el noble Manrique en ‘El Rayo de Luna’. El personaje de esta pieza narrativa “penetró en la población, y dirigiéndose hacia el barrio de San Juan, comenzó a vagar por sus calles a la ventura”.

‘El Rayo de Luna’ discurre por la antigua Soria templaria, aunque “los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas”. Este cuento, “que parece una historia”, se topa con lo que ahora son las ruinas del Monasterio de San Polo, levantado por la Orden del Templo. Buscando desesperadamente la silueta de una mujer, que resulta ser el reflejo de la luna soriana (disculpen el ‘spoiler’), Manrique pasa por San Saturio, el barrio de San Juan y se adentra por las calles de la capital, “estrechas, oscuras y tortuosas”.

Sin alejarse demasiado de las aguas dulces del Duero, al otro lado de la orilla, sobre el monasterio de San Juan, espera ‘El Monte de las Ánimas’, donde Bécquer también recurre al recuerdo de los templarios. En ese paraje, inhóspito y poblado sólo de vegetación a día de hoy, el sevillano narra cómo vagan los fantasmas de los caballeros de dicha Orden en una Leyenda tétrica, oscura y desgarradora, propia de la Noche de los Difuntos.

Puntos claves

Monasterio de San Polo. La antigua Iglesia de San Polo es lo que queda del monasterio. En una orilla del Duero, entre huertas, aparece el antiguo monasterio de San Polo, cuya construcción tradicionalmente se atribuye a la Orden del Temple.

San Saturio. La ermita se levanta sobre una gruta eremítica visigoda situada a orillas del Duero . Acoge en su interior unas impresionantes pinturas al fresco que narran la vida de San Saturio, que fue canonizado por entregar todos sus bienes a los más necesitados y retirarse luego a una vida de anacoreta.

Monte de las Ánimas. Dicho escenario, en el que Gustavo Adolfo Bécquer ambientó ‘El Monte de las Ánimas’, es real en Soria. Sin embargo, hoy en día, en el paraje por el que corrían los fantasmas de los Templarios se encentra inhóspito, sólo poblado de vegetación.

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