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Víctor Torres, manos que forjan sueños de plata

Víctor Torres, manos que forjan sueños de plata

PROVINCIA
Actualizado 26/01/2020 10:01
Encarna Muñoz

Las manos de Víctor Torres valen mucho más que su peso en plata. Gracias a la maestría que ha alcanzado después de 20 años trabajando los metales, este artesano instalado en Rioseco de Soria, ha conseguido hacerse un nombre y poder sacar a su familia adelante. Él define su trabajo como una búsqueda, la de “dar luz a sus clientes y sacar su lado más bello”.

Víctor Torres tiene 53 años y ha dedicado los últimos 20 a crear sueños tangibles, pequeñas piezas de joyería que ya visten a cientos de personas y dicen todo de él. Artesano y artista autodidacta “en la mayor parte”, define su trabajo como “crear belleza con materiales nobles. Resolver problemas para personas y alegrarles un poco la vida. Desde Rioseco de Soria, lugar donde se ubica su hogar, su familia y su taller, dedica horas y horas a “expresar mis inquietudes, lo que llevo dentro”.

Una vida de búsqueda

Si alguien le hubiese dicho a Víctor Torres hace 40 años que acabaría sustentando su existencia entre un taller artesano y las numerosas ferias a las que acude para vender sus creaciones, a este seguramente se le hubiese escapado una sonora carcajada.

Torres es tornero fresador de oficio pero desde el principio tuvo claro que “decidí pronto que mi vida estaba en una maleta y el destino sería el que decidiese mi final”. Aquella maleta, además de permitirle conocer una gran parte de la geografía nacional, le ha llevado a tocar numerosos palos. Antes de establecerse en Rioseco vivió en Madrid, Cadalso de los Vidrios, Astorga, Palencia, Cebreros, Segovia y Castellón y trabajó, por ejemplo, en tahonas haciendo pan y durante varios años como cortador y pulidor de granito. “He hecho un montón de cosas, hasta medios de cultivo para hospitales, así que fíjate”.

El amor y el destino fueron determinantes para que este artista de alma acabase convertido en lo que es hoy, artesano de joyería. Su exmujer y madre de su hijo comenzó a trabajar como limpiadora en el taller de un joyero artesano. “Acabó aprendiendo de él y montó poco después su propio taller”, explica Víctor para añadir que ella fue “mi primer contacto con este arte, gracias a ella descubrí mi pasión. Ahora tengo claro que este es mi camino y no creo que vuelva a cambiar de empleo”.

Cuando sus manos entraron por primera vez en contacto con la plata fue imposible separar ambos elementos. “A partir de ahí todo fue estudiar y trabajar. Mi mayor obsesión es intentar aprovechar todas las técnicas de la historia del ser humano para emplearlas en mi trabajo”.

Aprendizaje constante

Un artesano nace y se hace. “No se puede aprender la vocación, ese amor por el aprendizaje”, señala Víctor Torres. Pero la técnica requiere unas pautas. El creador de Bituko tiene un recuerdo especial para esa persona que compartió con él su forma de vivir. “Mi maestro de joyería es José Burgos. Le tengo un cariño especial porque no ha escatimado en conocimientos, me ha enseñado a pensar planteándome muy bien los problemas”.

Pero, además, la tradición oral se completa y mejora con las nuevas tecnologías, pues Torres explica que también se aprovecha del cajón de Youtube. “Aprendes mucho viendo a otras personas trabajar. Miro a todos mis compañeros”. Observación consciente que se aleja de las copias. “Lo más difícil es mirar joyas para no hacer lo mismo. Tengo entrenado al subconsciente para quedarme solo con una parte que no sea imprescindible en la pieza del compañero pero que, con otra parte mía, tenga como resultado algo diferente y novedoso”, aclara. Así pues, dos décadas después de comenzar a trabajar la plata, Víctor Torres ha hecho de su marca, Bituko, toda una seña de identidad.

Artesano rentable

Bituko es una marca rentable y gracias a ella Víctor Torres es un artesano solvente. “Vivo de una forma tranquila, sin muchas pretensiones y sin grandes lujos pero yo me gano la vida gracias a mi trabajo. Vivo, que no sobrevivo, de ser artesano”, afirma con contundencia para aclarar que “para conseguirlo hay que trabajar mucho”.

La receta del éxito no es sencilla, la componen multitud de ingredientes y, aunque uno de los más importantes es la constancia, para Torres es determinante “el poder de adaptación”. “El momento social influye mucho pero, a diferencia de una gran industria, el artesano puede cambiar de la noche a la mañana su forma de trabajar. Para poder vivir de esto se necesita estar en constante cambio. Nos convertimos en camaleones para adaptarnos a todo. Tenemos que estar pendientes de la moda, de las tendencias y salir, moverte y buscar. Y renovar, que el cliente no vea siempre las mismas piezas y colecciones”, sintetiza este artesano afincado en Soria.

Torres destaca el movimiento como importante y salir como decisivo y no le falta razón. Actualmente las ferias son el principal foco de negocio de los artesanos en Castilla y León. Víctor Torres es claro al afirmar que “debería lanzarme al mundo de internet y estoy en ello pero a día de hoy yo vivo solo de las ferias”. Las muestras sirven de escaparate pero no es suficiente con estar. “Yo utilizo cada cita para hacer análisis de todo: de quien me está comprando, por qué lo hace, donde está colocada la pieza que se compra,... La autocrítica es constante para analizar de qué manera puedo mejorar”, refiere Torres para destacar también el trato personalizado.

Para completar la fórmula del triunfo Víctor guarda un consejo que se resume en “mirar cada céntimo. Hay que recuperar hasta el último gramo de plata que se ha acumulado en el cajón (que siempre es de metal para no desperdiciar nada) y, si el metal está bien de precio, invertir los cuatro euros que tienes ahorrados”.

Devolver lo recibido

Víctor es consciente de que todo lo que sabe lo ha aprendido de alguien y está dispuesto a tratar a los demás como han hecho con él. Eso sí, afirma que “esa persona tendrá que pagar el precio”. Un coste que no se reduce a lo económico, “tendrá que estar mucho tiempo mirando, con unas ganas locas de tocar el material y asegurándome que no me va a vender”. Esto último es esencial en un oficio donde la ética es clave. “Es un negocio basado en la confianza, hay que aprenderlo desde el principio”.

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