Música, testimonios y el regreso simbólico de las lavanderas marcaron una jornada centrada en el homenaje a las raíces y el recuerdo de sus antiguos habitantes.
Cerveriza volvió a llenarse de vida este sábado 15 de agosto en una jornada marcada por el recuerdo y el respeto a las raíces. Los vecinos de Gallinero, junto a descendientes del antiguo pueblo, se reunieron para inaugurar la reconstrucción del lavadero, un edificio tradicional que ha recuperado su antiguo esplendor gracias al esfuerzo y trabajo de la propia comunidad.
La jornada, que comenzó en el camino hacia Segoviela donde se ubica el despoblado, contó con la presencia de la alcaldesa de Almarza, Ascensión Pérez, y el alcalde pedáneo de Gallinero, Raúl García. Ambos compartieron la emoción de ver cómo este espacio volvía a ponerse en pie, destacando que "un pueblo desaparece de verdad cuando nadie lo recuerda". Durante el evento, se descubrió una placa que reconoce a los responsables de la recuperación de este patrimonio.
El acto fue bendecido por el párroco Javier Santa Clotilde y estuvo amenizado por la música de los hermanos Alberto, Julia y Juan Pedro Torres del Río, quienes interpretaron varias piezas al violín y violonchelo. Uno de los momentos más emotivos fue el testimonio de los descendientes de Cerveriza, entre ellos, Agustín, quien entonó canciones tradicionales como ‘Ya se van los pastores’.
Como broche de oro, el lavadero volvió a cumplir su función original por unos instantes. Varias mujeres del pueblo, ataviadas con vestimentas tradicionales de la época, recrearon la labor de lavado en las aguas del manantial que abastece la construcción. Muchos de los asistentes aprovecharon también para beber agua directamente de este manantial, que ha sido recuperado junto al edificio.
Tras el éxito de esta iniciativa, los alcaldes de Almarza y Gallinero han manifestado su intención de realizar trabajos similares en otros despoblados cercanos, como Adovezo, con el fin de seguir preservando la historia de la comarca.
La celebración concluyó con un ambiente festivo donde los asistentes compartieron pastas, rosquillas y galletas elaboradas por Pilar Valdecantos, cerrando así un día en el que Cerveriza, entre música y recuerdos, demostró que sigue muy viva en el corazón de sus gentes.
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