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El traslado del arca, ejemplo para otros territorios, según Javier Pérez Andrés

El traslado del arca, ejemplo para otros territorios, según Javier Pérez Andrés

Actualizado 06/01/2016 21:48

El peridosita, invitado de honor a esta celebración popular entre Almarza y San Andrés destaca que desde hace casi siete siglos ambas poblaciones dan testimonio de una cultura "con mayúsculas". Una muestra para que otros territorios aprendan a llevar los pleitos y los documentos.

Los vecinos de Almarza y San Andrés de Soria han cumplido hoy un año más, en la festividad de Reyes, con el traslado del arca, una tradición con casi siete siglos de historia que ha permitido conservar conjuntamente y de forma sostenible una dehesa comunal.

Al acto ha asistido el presidente de la Diputación provincial, Luis Rey, y el secretario de la delegación territorial de la Junta, Rafael Medina.

Pérez Andrés, invitado por la corporación almarceña, ha recordado en su discurso en el paraje Canto Gordo, límite de los dos términos municipales, que durante mucho tiempo en los pueblos de Castilla y León las dehesas boyales eran del marqués, en lugar de los vecinos.

El periodista ha resaltado que el arca simboliza la unión de dos pequeños territorios y no es un invento de las instituciones sino una seña de identidad.

"¡Qué pena que no podamos llevar el arca a algunas esquinas de España para que aprendan como se puede llevar bien los documentos, los legajos y los pleitos de una tierra!", ha exclamado.

El periodista ha señalado que ejemplos como el de Almarza y San Andrés de Soria sirven para alegrarse de una tradición y recordar que merece la pena seguir defendiendo los bosques en la comunidad autónoma con mayor masa forestal de Europa.

"Merece la pena la cultura, la que nos hace sentirnos de un lugar y diferentes a los demás", ha resaltado.

Tradición viva

Por su parte, la alcaldesa de Almarza, Ascensión Pérez, ha planteado en su discurso que se introduzca en el arca más documentos relacionados con su gestión (aprovechamientos cinegéticos, micológicos, maderables, etc), después de medio siglo sin hacerlo, al ser ésta una tradición viva.

"Como alcaldesa propondré a la corporación y a los vecinos que sigamos introduciendo la historia en el arca", ha avanzado.

Pérez ha señalado que seguirán perseverando para conseguir la declaración de esta tradición como fiesta de interés turístico regional, por cumplir con criterios como la originalidad, la permanencia en el tiempo y "sólo nos falta traspasar las fronteras locales".

Esta tradición rememora un contencioso secular mantenido entre estas dos localidades asentadas a los pies del puerto de Piqueras, al norte de la provincia de Soria, posiblemente por el uso de pastos en las dehesas colindantes.

Cuando se dio por zanjado el pleito, un arca con dos cerraduras conserva desde entonces pergaminos, ordenanzas y privilegios.

Los años impares corresponde su custodia a San Andrés de Soria y los pares a Almarza, hasta el 6 de enero, Día de Reyes, fecha en que los vecinos de ambos pueblos se encuentran, como han hecho de nuevo este año, en el paraje de Canto Gordo, situado a la misma distancia de ambas localidades y donde todos -en número próximo a los trescientos vecinos- han comprobado que los documentos están en perfectas condiciones, antes de volver a cerrar el arca, quedarse cada uno con su llave y conducir el arca a buen recaudo para su custodia durante un año.

Documentos

El arca de roble, según el inventario realizado en el año 2002 por el Archivo Histórico Provincial de Soria, contiene 107 documentos y cuatro sellos de plomo pertenecientes a los cuatro reyes que concedieron los privilegios sobre la gestión de la dehesa de la Mata y la propiedad de la ermita de los Santos Nuevos y que figuran en sus correspondientes legajos.

El documento más antiguo, fechado en el año 1329, es el primer privilegio dado por el rey castellano Alfonso XI, por el que cedía el uso exclusivo de una fértil dehesa -la de la Mata- a los pueblos de Almarza, San Andrés de Soria, Cardos y Pipahón -éstos dos últimos ya desaparecidos-, como premio a los hombres de estas tierras que le acompañaron en la batalla y demostraron su nobleza y lealtad.

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