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Pregonero con alma de franciscano

Pregonero con alma de franciscano

Actualizado 20/03/2018 20:25

Francisco Jimeno -o como él prefiere ‘padre Paco’- pregonará la Semana Santa en la capital el 24 de marzo. Capellán de las Hermanas Clarisas, también de los Padres Franciscanos y, por tanto, de la cofradía del Ecce Homo, sus palabras servirán como homenaje al Año Jubilar pero también como pequeño tirón de orejas a los cofrades.

La inminente celebración de la Semana Santa, que comienza oficialmente en la capital el sábado 24 de marzo, trae consigo un nombre propio que, hasta ahora, sólo era reconocido en el estrecho círculo eclesiástico de la provincia.

Fray Francisco Jimeno, como buen franciscano, no gusta de llamar la atención. Cuando uno se acerca a él descubre un hombre cercano pero más bien tímido. Acostumbrado a pasar desapercibido el destino le tenía preparada a sus 82 años una sorpresa mayúscula.

Este 2018 coinciden en la capital varios factores. Por un lado, desde agosto del año pasado la iglesia de Santo Domingo acoge un Año Jubilar, privilegio concedido por el Papa Francisco a las Hermanas Clarisas con motivo de los 75 años de la exposición permanente del Santísimo Sacramento en este templo. También este año se cumplen 700 desde que los Franciscanos llegasen a Soria.

Combinando todo esto y teniendo en cuenta que Francisco Jimeno aglutina los cargos de capellán del convento de los Franciscanos, capellán del Monasterio de las Hermanas Clarisas y máximo representante de la Cofradía penitencial del Ecce Homo, nadie mejor que él para ofrecer el pregón de estos días en la capital y animar, sobre todo a los cofrades, a disfrutarla “con devoción y sin excesos”.

Sencillez, mandamiento

Francisco Jimeno se presenta como ‘padre Paco’. Su hábito Franciscano le identifica desde lejos pero, en las distancias cortas estrecha las manos, sonríe y se acerca con la palabra.

Soriano de nacimiento, no duda en presumir de ello: “vine al mundo en la calle más castiza de Soria, en la calle Real”. “Estudié en el colegio San José y ahí nació mi vocación”. A los 12 años comenzó el seminario y a los 25 fue ordenado sacerdote. Ahora cumple “34 años entregado a Dios”.

Para conocerle personalmente hay que entender que la Regla Bulada de San Francisco de Asís ordena que la vida de los Hermanos Menores -”los sencillos, humildes y servidores”- debe regirse por tres prerrogativas: obediencia, ausencia de propiedades y castidad. Preguntamos por ellas y descubrimos que Francisco tiene móvil, aunque aclara con una pícara sonrisa que “sólo sirve para recibir llamadas. Tengo que ir a casa de mi cuñada para ver allí fotos que le envían de mi sobrino”. Nada de internet, pues se define como “analfabeto tecnológico” y, vuelve a reír, “me tentaron pero me dejé llevar por la pereza y me limito a la máquina de escribir, fíjate que un compañero me ha tenido que pasar a limpio el pregón”.

Cercano, pero directo

Precisamente, hablando del pregón, él sabía que este año tenía muchas papeletas de que le tocase a él esto de hablar en público. Por eso, con sus palabras -que tiene preparadas hace días- “voy a unir la Semana Santa y sus misterios con la madre Clara. Una mujer sencilla que se enamoró de Cristo pobre y crucificado y que venció serias dificultades para conseguir exponer al Santísimo día y noche en la iglesia de Santo Domingo, todo un logro”.

La Semana Santa soriana presume de declaración de Fiesta de Interés Turístico regional desde 2008, pero todavía queda camino por recorrer “con mi pregón. También les doy un pequeño tirón de orejas a los cofrades y les pido que no se contenten con lo exterior. Tenemos que hacer del lema del Año Jubilar ‘El amor es amado’ el programa de nuestra propia vida”.

Porque nadie es más consciente que él de que los nuevos tiempos han impuesto otras prioridades entre sus compañeros de cofradía. Quiere que “conviertan las procesiones en el reflejo de lo que viven”, que sea una manifestación de la fe que profesan cada día. Pero eso sí, es el primero en ponerse serio con ellos, pero también se adelanta a defenderlos ante cualquier posible crítica. “Me resisto a pensar que lo hacen sólo por aparentar, que vienen sólo por folclore. Los jóvenes tienen cientos de oportunidades de diversión hoy en día y esto supone un sacrificio, días de ensayos. No se puede aparentar nada encapuchado”.

Se pierden vocaciones

Al padre Paco se le torna completamente el semblante cuando se le pregunta por el estado actual de las vocaciones. “En los Franciscanos nunca hemos sido menos. Convivimos cuatro frailes y en el convento no se escucha ni un ruido porque todos somos mayores. Es una auténtica pena”.

Pero una aflicción mayor, y casi se intuye como se le humedecen los ojos, sintió con el adiós al colegio San José, donde también él se formó durante sus primeros años. “Mi habitación da al patio del colegio y me acostumbré a convivir con la alegría de los pequeños, ahora me cuesta mucho”. Va acabando la conversación. Se intercambian otros recuerdos -estos más agradables- y Francisco respira aliviado después de la última pregunta. “Hija, preguntas más que el Astete”, se ríe, vuelve a estrechar las manos y camina sereno.

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