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Entrevista con Juan Echanove: "Soria me permite recuperarme emocionalmente"

Entrevista con Juan Echanove: "Soria me permite recuperarme emocionalmente"

REPORTAJES
Actualizado 08/08/2020 07:51
Patxi Veramendi

Soria Noticias ha contado con un invitado de excepción para su campaña ‘Mira por Soria. Mira por ti': Juan Echanove.

Este carismático actor, madrileño de partida de nacimiento pero soriano de corazón, de alma y de vínculo familiar, no ha dudado en apoyar la desinteresada iniciativa de este medio, con la que queremos motivar al conjunto de Soria, para valorar lo mejor de la provincia y de nosotros mismos como sociedad, en un momento difícil en el que todos unidos, con ilusión y esperanza, tenemos que ‘mirar’ por Soria, y apostar por su futuro y el de los sorianos.

En su reciente visita a Soria, en julio, tras el confinamiento por el Covid-19, Soria Noticias ha charlado con Juan Echanove, que nos ha trasladado unas interesantes reflexiones.

-¿Por qué su primer viaje, tras el confinamiento por el Covid-19 , ha sido volver a Soria?

-En los momentos más crudos, cuando estábamos -aquí- triplicando como poco todas las cifras, cuando pasamos más miedo, antes de llegar al pico de la curva famosa de la pandemia, hay un momento en el que parece que se nos fue todo de las manos por todos los lados. Y yo he tenido un contacto diario con el alcalde de Soria, porque yo quería, ante cualquier intervención pública en la que pudiera hablar de Soria, tener la precisión de los datos oficiales y comparados sobre el coronavirus en la provincia.

Y un día yo me di cuenta de que íbamos a perder -ibais a perder- las fiestas de San Juan de este año. Empezamos a hablar de lo que suponía esa pérdida, y es cuando dije que tenía muchas ganas de ir a Soria para vernos y tomarnos una caña [con Carlos Martínez Mínguez], cuando todo esto terminase. Fue emocionante, porque nos emplazamos a un encuentro.

Y he venido con mi amigo Marcos Marín, con ganas de encontrarme con esas personas con las que he vivido tan estrechamente el confinamiento, con muchísimo miedo.

Desde luego, he pasado mucho miedo. He llorado por las noches. Porque tengo una madre de 88 años, porque se me han muerto unas cuantas personas cercanas. No directas, pero sí cercanas. Hace tiempo lo pasé muy mal con una gripe extraña y grave que tuve. No estaba el Covid-19, pero ha habido otros virus. Con todo esto, al final, no lo sé, tengo la sensación de que yo algo he pasado, no me preguntes por qué. Nunca me he sentido tan en peligro, por lo que he construido durante cuarenta años. Nunca he sentido tanto miedo por el futuro de mi hijo, por la estabilidad de mi relación, por la mínima tranquilidad económica, acostumbrado a un mundo de consumo y de desarrollo, que era lo único que nos podía sacar de la crisis anterior.

Afortunadamente, ha habido varias personas, una de ellas ha sido el alcalde, que me han hecho poner en valor la realidad. Por eso, este viaje a Soria es un viaje iniciático. Ya lo decía Calderón, en el Gran Teatro del Mundo: de aquella cuna salí, hacia ese sepulcro voy; mucho me pesa no haber hecho mi papel mejor.

Y este viaje iniciático mío, tremendamente íntimo y personal, lo he comenzado en El Espino, rindiendo cuentas. Y el lunes por la mañana [la entrevista está hecha el sábado] volveré a la actividad, pero absolutamente recuperado emocional y espiritualmente por las gentes y la riqueza del sitio donde estamos.

-La vivencia de la pandemia parece que le ha acercado más a Soria. Pero, ¿qué conceptos íntimos le ha proyectado la ciudad soriana?

-Mi relación con Soria estaba enormemente fortificada. Pero esta pandemia me ha hecho aflorar una responsabilidad soriana.

Es decir, yo aquí no vengo más que a ejercer lo que tengo que hacer, que me viene del Espino. Y mi punto final está aquí. Y cuando tienes claro el punto de destino final, los viajes que hagas alrededor de tu vida son viajes seguros.

No quisiera ser sensacionalista, pero frente a mi pérdida, yo he mirado a los árboles de alrededor, y he dicho que no está mal la parcelita. Y por primera vez me he sentido muy a gusto, sin tener que pedir explicaciones, por dentro, de por qué mi hermano o mi padre están aquí…, pues no eran mayores… Entonces, me ha dado una paz…

-El rodaje de la película El Cid le habrá permitido conocer mejor Soria y la provincia...

-Que va, que va. Todos los días que he venido a Soria por El Cid he rodado, he terminado y me he ido, y solo a veces he dormido en el hotel Alfonso VIII, cuando se me había hecho muy tarde. Mi tiempo con El Cid en Soria es conocerme todas las curvas de la autovía hasta Madrid. Así que hoy, que he venido conduciendo yo, para mí ha estado chupado, porque si no me he hecho, antes de que empezara todo esto del confinamiento, en el último año, por lo menos cincuenta viajes de ida y vuelta a Almazán, a Masegoso, a Almenar o a tantos sitios.... Solamente un día me llevé a cenar a la Dehesa a un grupo de actores, uno de los días que venimos antes a rodar. Roberto nos dio una cena maravillosa y nos divertimos mucho.

-En alguna ocasión ha dicho que le duele el teatro, y que a través del teatro le duele España. ¿Le duele también Soria?

-Mucho. Para mí, el teatro y lo familiar tiene mucha vinculación. Pero sobre todo, el teatro -a todos los que participamos de esta industria- nos obliga a tener un concepto de viaje continuo; y en el mejor de los casos, cuando se trabaja, hace que no tengamos apego a lo sedentario, y que pertenezcamos a una extraña cultura nómada. Y eso es lo que te hace conocer a un país.

Al final, acabas conociendo las realidades de las personas que conforman tu país, y te das cuenta de las necesidades que tienen las zonas que no son las llamativas, donde se corta el bacalao, como Barcelona, Madrid, Bilbao, Valencia o Sevilla. Y te das cuenta de que hay maneras de vivir. Te encuentras con gente, cada cinco años o cada dos o cada uno, que cambian sus vidas, con las que estás involucrado porque creas una amistad.

Amistades que son como nuestra profesión, intermitentes, que aparecen y desaparecen como el Guadiana. Las amistades las trenzamos igual que nuestro trabajo. Son intensas mientras duran, y luego hibernan, hasta que se vuelven a encontrar. Y entonces nos descubrimos más mayores; y me doy cuenta de que, en el fondo, gracias al teatro, yo me siento enormemente frustrado.

Y esto es una cuestión en la que, a partir de ahora, voy a emplear todo mi esfuerzo y todo mi potencial; en vincular, posibilitar y, sobre todo, encontrar algo que yo creo que es necesario para vivir en sociedad. También, seguramente, desde lo personal, se lo debo al confinamiento, no al coronavirus, al confinamiento.

Estoy hablando de la necesidad de cimentar absolutamente el impulso que llevo por dentro de pertenecer a una comunidad que se llama España, y empezar a elaborar, desde lo personal, un concepto inalterable de patria, que no tiene nada que ver con lo que a mí, desde luego, me han vendido desde que tengo uso de razón, y que nunca me ha vinculado.

Pero, a partir de ahora, creo que hay una nueva patria a descubrir con cada uno. La patria no es patrimonio, la patria es la patria, lo que uno puede hacer por su país, y yo desde luego, a partir de ahora, todo.

-El confinamiento nos ha vuelto a lo local, frente a la globalización. ¿Es en el ámbito de lo local donde está descubriendo un nuevo concepto de patria?

-Un nuevo concepto que no solo estoy descubriendo, que estoy dispuesto y quiero compartir. Respeto a los partidos políticos, pero no me solucionan la vida. Mi problema es interior, de identificación. Y para identificar todo necesito un vínculo común, y esa es la construcción de la patria. Para poder decir que el concepto de patria es un concepto utilizado y manipulado por todos, para decir con voz alta que eso no vale para nada, hay que tener algo, es decir, un proyecto común. No basta cargárselo sin tener nada entre manos. Eso es parte de la reconstrucción, y seguramente nosotros no veremos sus frutos. Pero si hacemos las tareas bien, ese fruto llegará.

-La pandemia nos ha demostrado la importancia de la solidaridad, muy especialmente entre las personas. ¿Sin embargo, por qué en España nos cuesta tanto ser solidarios entre los territorios?

Somos el país que más guerras civiles ha tenido de la historia. El país más enfrentado entre los unos con los otros. Somos un país, de verdad, que parece un puñetero campo de tenis. Unos a un lado y otros al otro. Existen vínculos y puentes entre ambos, no es que sea un producto de la imaginación, que va, es mentira, existen. Pero los que intentan, de alguna manera, buscar y trazar puentes entre los dos lados son tachados de todo. O sea, tenemos tan poca fiabilidad, tan poca estabilidad en los conceptos, que al final todo lo reducimos a positivo o negativo, al Madrid o al Barça, a rojos y azules, a veganos y cazadores… Pero bueno, ¿por qué mantener este partido de tenis tan aburrido, tan estúpido, y por qué mantenerlo con todo lo que cuesta? Si nosotros, como ciudadanos, no tomamos una actitud de exigencia de todas esas cosas, los políticos no lo van a hacer. Tenemos unos políticos malos.

-Ahora está muy de moda la España Vaciada. ¿Podemos ser optimistas con el futuro de Soria?

-Cuidado con esto. La España Vaciada…, vamos a ver como decimos esto. La España Vaciada es un concepto que no vale. Porque ahora la España Vaciada es España. No nos vale. Estamos en línea de salida, y es el momento en el que tenemos que presentar lo que ofrecemos.

Y Soria ofrece, para mí, que soy un viajero incansable, diversidad climática; recursos naturales; una sociedad muy recogida, tradicional, con deseos de futuro, aplicada a la normalidad pero sin perder el anclaje de su sistema de convivencia social, que está muy relacionada con la familia y con las costumbres, pero utilizando las tecnologías para progresar al siglo XXII. Siempre buscando ir hacia adelante, con una riqueza paisajística, literaria, histórica o cultural como pocas, y con una gastronomía en alza. Con esto, si un turoperador no llena el Parador de Soria es que tiene que cambiar de trabajo.

-Y a los políticos, ¿qué les diría que hicieran por esa España Vaciada, por territorios como Soria, en los que hay pocos votos para estimular las prioridades de los intereses electorales?

-Tengo la sensación de que lo más cercano es lo que tenemos que potenciar. Yo creo en la municipalidad, y que es mucho más fácil poner a las instituciones municipales de acuerdo, en un gran pacto general, de todos, que a las estructuras estatales. Yo creo que si construimos municipio a municipio, finalmente haremos que las estructuras de país se fortalezcan, y si vamos de arriba a abajo pienso que no.

-¿Por qué cree que se ha apoyado a todos los sectores o a muchos, en la crisis del coronavirus, y a la cultura se le ha dejado más apartada?

-Por tendencia. Porque llevan haciéndolo toda la vida. Yo me indigno, y cuando digo hasta aquí ha llegado el Pisuerga, pero hasta aquí, se acabó. Tengo 60 años y no me van a vender la moto nunca más. He visto cómo se ha quedado la cultura en todas las crisis. He vivido dos guerras del Golfo, un macro atentado terrorista en Madrid, un golpe de Estado, la crisis bancaria del 2008, muchas cosas… Pero es que hay un momento que dices que no van a hacer lo mismo, que no van a considerarlo un objeto de lujo nunca más.

Si no hubiera sido por nosotros, por la cultura, no se hubiera confinado este país. Si no hubiera habido la posibilidad de equilibrar la realidad, la cruda realidad, con los espacios de ficción que hemos ofrecido; si no hubieran consumido, sin generar derechos siquiera, todos nuestros contenidos audiovisuales; si no hubiéramos volcado toda nuestra presencia en las redes…, ¿qué hubiera hecho la gente?

La cultura, para mí, es la mejor manera que tengo de explicarlo, es todo aquello que es necesario para no hacerte la pregunta de para qué sirve la cultura. Hay que impulsarla. Y es importante, y deja dinero, que la industria audiovisual de este país pueda disponer de un patrimonio histórico-artístico como el de Soria. Hay que posibilitarlo, y es lo que se ha logrado con el rodaje de El Cid. Hay que seguir así.

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