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Carolina Durante: "La manera de ser, pensar y sentir está determinada por la cantidad de pasta que tienes"

Carolina Durante: "La manera de ser, pensar y sentir está determinada por la cantidad de pasta que tienes"

REPORTAJES
Actualizado 30/08/2020 10:49
Marina López

"Hablar de algo generacional es reduccionista"/ "No nos sentimos herederos de nadie en concreto".

El grupo no pudo tocar en Almazán el pasado 22 de agosto, por las medidas anticovid establecidas.

En una ocasión, Leopoldo María Panero hablando del vivir, dijo: “Estoy aburrido de esto”. Escueto, breve, con más razón que un santo, porque a veces "esto" se hace cuesta arriba, y nosotros vamos en quinta. A Carolina Durante -Diego, Martín, Juan y Mario- les pasa un poco lo mismo, al menos, en sus letras. Y lo llevan por bandera.

Los chavales de Sonido Muchacho hablan de vivir por inercia y de erigir “joder, no sé” como veredicto triunfal ante toda pregunta. De pérfidas niñas de hielo en las que no habita “rastro de luz”. Y de canonizar al “inventor del tobogán”. De sacar lo mejorcito y lo peorcito a relucir y darle un paseo con la camisa de los domingos. Que alguien nos diga “a quién hay que pedirle la hoja de reclamaciones”, que esto venía con taras, que ya estaba así cuando llegué. Así se las gastan, haciendo rasgos de las faltas, y faltando. La evidencia como arma combativa. No existe una mejor forma de hacerse invencible.

En ‘Lo segundo ya no tanto’, su último tema, hablan del coste de oportunidad que tiene el amor. Aunque Martín Vallhonrat (Madrid, 1992), al otro lado del teléfono, no coincide con esta postura: “No se pierde nada cuando se ama. No debería, vaya”. También nos cuenta que Carolina Durante “no es heredero de nadie”, que su ‘Cayetano’ y el cayetano al que Echenique citaba en el congreso no son el mismo y que, solo a veces, se autocensuran, porque es la espada de la responsabilidad, y no la de Damocles, la que se cierne sobre sus cabezas.

En esta conversación que mantuvimos el jueves, 20 de agosto, Martín nos advierte: quizás la pandemia sea, de nuevo, un escollo en este verano tan poco estival, y el concierto programado en Almazán, en el Maneras, no se celebre. Razón no le faltaba. No pudieron tocar.

El 28 de agosto sacáis ‘Del horno a la boca’ en formato físico. El último single de este EP se llama ‘Lo segundo, ya no tanto’ y habláis del miedo que da enamorarse. Desde tu punto de vista, ¿siempre se pierde algo cuando se ama?

No, yo creo que no se pierde nada cuando se ama. No debería, vaya. Obviamente hay que hacer concesiones si tienes una pareja o varias o las que tengas. Es una comunicación constante con otra persona y hay que dedicarle tiempo, pero como a cualquier otro tipo de relación, como la que tienes con tus padres o con nosotros en un grupo de música, mismamente. Se llega a una tierra en común y si no la relación se deteriora, se rompe o se convierte en otra cosa. Pero no, no creo que se pierda nada en particular. Obviamente en el amor romántico o cómo se ha desarrollado culturalmente parece que sí, parece que tienes que estar constantemente haciendo todo tipo de sacrificios y perder libertades y no. Estoy muy en contra de ese concepto.

“Se viene la hostia del año como no nos estemos quietos”. No os faltaba razón.

(Risas) Sí, aunque, claro no iba orientado en este tema y con esa intención. Pero la verdad es que sí, de forma muy literal, además, porque es del tema ‘El Año’.

Hablando un poco del “estarse quieto”, vuestras canciones están escritas desde la tristeza, pero luego son muy vitalistas. ¿Qué tal se os está dando dar conciertos en tiempos de pandemia?

Bueno, está siendo todo un poco raro. Ver al público sentado, con mascarillas y tal. Da un poco de bajón, la verdad. En general tampoco invita mucho a que venga tanta gente. No es un concierto 100%. Hay otros conciertos que igual sí se pueden adaptar más a este formato. Pero igual nuestra propuesta que es más un concierto de toda la vida con pogos, bailando, saltando… De todas formas, seguimos intentándolo, está yendo bien y a la gente le está gustando. Así que encantados.

He visto que en alguna entrevista comentáis que vuestra música, aunque sea pop-rock es un poco inclasificable, ¿sois herederos de alguien?

No, nosotros tenemos muchas referencias y nos gustan muchos grupos. Pero también tenemos una idea muy clara de la música que nos gusta hacer que, al final, consiste en melodías pop, letras pop y meterle ruido. Pero no nos sentimos herederos de nadie. De alguna manera reconocemos lo que hemos mamado y los referentes que tenemos, pero no somos herederos de nadie en particular. Somos herederos de mucha gente en muchos sentidos, de ‘Los Punsetes’, de ‘Triángulo de Amor Bizarro'... De muchos grupos que, gracias a ir a sus conciertos, hemos empezado a hacer música.

Hablemos de ‘Las canciones de Juanita’, ¿cuál es la banda sonora de vuestras vidas a día de hoy?

Pues un poco variada. Yo, personalmente, he estado escuchando el último disco de Fontaines D.C., como muchísima gente, vaya (risas). Y hay una canción que me gusta mucho: ‘You Said’. La tengo muy trillada.

¿Y lo identificas con lo que estáis viviendo?

No, yo no escucho música de esa manera. No busco tanto identificarme con las letras o con experiencias vitales. Escucho algo que me guste, algo que sea nuevo. Luego, evidentemente recupero música que llevo escuchando desde siempre. En general escucho música muy variada, nunca entro en un bucle.

Se suele decir que ‘Joder, no sé’ es un himno generacional, pero en ocasiones se parece más a un retrato costumbrista. ¿Vivimos por inercia? ¿Qué nos pasa?

Obviamente, hay un sentir colectivo en muchas realidades, como con la fragilidad laboral, con el no verse capaz en ningún momento de poder apostar por un futuro seguro, el estar constantemente en una espiral de inestabilidad laboral que lleva a una inestabilidad emocional… Una incertidumbre vital que, en general que determina un poco la realidad sociocultural en la que vivimos. Pero cada uno tiene sus sentires y sus movidas. No creo que la vida de nadie se reduzca a eso. Obviamente, cuando afecta a una masa de población muy grande en un tiempo y en un lugar determinado sí que puede verse como algo generacional. Nuestra forma de ser está muy determinada por cómo sea la realidad sociocultural y económica en un momento concreto. Pero me parece reduccionista el hablar de algo generacional. Creo que es un parapeto para muchos problemas mucho más concretos.

En 2017 publicasteis ‘Necromántico’ y en 2018 ‘Cayetano’, que es muy distinto a lo que soléis hacer ahora…

No creemos que ‘Cayetano’ sea lo más definitorio de lo que es Carolina Durante.

Entonces, ¿por qué publicar algo tan distinto a vuestra identidad como grupo?

En su momento no sabíamos lo que era diferente y lo que no. Fue nuestra cuarta canción publicada. Entonces era demasiado pronto para hablar de identidad musical. No creo que hayamos desarrollado ningún tipo de identidad hasta que hemos ido sacando más trabajos, y ahí es un poco cuando puedes ver los hábitos de grupo y qué te gusta o cómo suena. De todas maneras nosotros no nos rayamos mucho con eso. Nosotros hacemos siempre canciones que nos gustan. Hay muchos géneros que nos gustan, de muchas influencias que van de cosas más dream pop, hasta cosas más punk. Pero no nos lo planteamos mucho. Simplemente, estaba esa canción, lo hicimos lo más sencillo posible, y ya está. Tenemos más canciones que van en esa dirección, como ‘El himno titular’. Como sonido tampoco difiere mucho de ‘Los muertos vivientes’. De medios tempos hemos hecho canciones a patadas. La gente que nos ha conocido por ‘Cayetano’ decía mucho esto de que éramos los nuevos Nikis, pero creo que hay mucha variedad en nuestro repertorio.

Yo creo que hay temas anteriores, como ‘La noche de los muertos vivientes’ con los que os identifico más.

Sí, por ejemplo en ‘Examiga’, el EP en el que está ‘Cayetano’, también está ‘Niña de hielo’. Creo que es una de las canciones que más nos define como banda, tanto a nivel de sonido como a nivel lírico. Pero bueno, es normal que ‘Cayetano’ sea la que acapare más atención; por el tema del que habla y por cómo es: un pop bastante clásico con el que la gente conecta rápidamente.

Además, durante esta cuarentena Pablo Echenique utilizó el término de “Cayetano”, en el congreso, para referirse a la gente que protagonizaba las manifestaciones de Núñez de Balboa, ¿el ‘pijazo patrio’ es inofensivo o crees que puede llegar a suponer un peligro?

Depende del ‘pijazo patrio’. Hay ciertas conductas o formas de ser del arquetipo o estereotipo que a mí me parecen peligrosas. Como puede ser un patriotismo extremo, el nacionalismo extremo, discriminación racial, discriminación por género… Hay varios atributos que el estereotipo de ‘pijazo patrio’ representa, que me parecen peligrosos, claro.

Entonces quizás el Cayetano del que habláis en la canción, no es el Cayetano del que hablaba Echenique

Creo que nuestro Cayetano es algo más estético. Hay mucho cayetano que no tiene estas connotaciones tan políticas. Creo que son dos cosas diferentes. De hecho, creo que hay cayetanos que no tienen ningún tipo de peligro, igual que creo que hay gente que no se considera cayetana que es mucho más radical. No creo que haya que reducirlo tanto.

“El dinero hace sentimiento”, decís en ‘Falta de sentimiento’. ¿Habláis de una cuestión de tranquilidad o de interés por acumular pasta? Cuéntame un poco sobre eso.

Al final, la tranquilidad económica permite vivir de otra manera. Cuando no estás preocupado por el dinero estás abierto a otras preocupaciones y a otras experiencias. Y además, te permite vivir otras experiencias que sin dinero no podrías vivir, claro. La manera de sentir, pensar y de ser está determinada por la cantidad de pasta que haces o que tienes. Dinero hace sentimiento, sin duda.

Tema censura: ¿Hay cosas que evitáis decir?

Hay veces que cuando escribes, escribes de manera muy impulsiva, de algo que te pasa en un determinado momento o que piensas en un determinado momento, y en la intimidad lo plasmas ahí. Pero luego tienes que ser consciente de que lo vas a compartir públicamente y de que lo que dices y lo que haces tiene cierta influencia y repercusión. Entonces, sí. Constantemente estamos analizando lo que escribimos y lo que decimos. Lo pensamos mucho y vemos hasta qué punto queremos forzar la máquina y hasta qué punto no. Y si es necesario o no es necesario para la canción o para el mensaje que queremos transmitir. Es decir, si queremos decir una barbaridad y podemos evitar decir una barbaridad transmitiendo el mismo mensaje y siendo más pulcro de alguna manera, yo, particularmente, creo que es mejor.

No os preocupa por represalias, sino por la repercusión que tenga en otros, vaya.

Es un tema de responsabilidad y de qué mensaje estás de acuerdo con transmitir. También podríamos ser menos pulcros. A mí me gusta pensar que, cuando veo a un artista, veo una manifestación de algo suyo en un momento determinado de una forma muy concreta. Algo que está relacionado con el artista pero que obviamente no tiene por qué ser definitorio de su personalidad ni un manifiesto sobre nada. Al final, cuando tú haces música o cualquier forma de expresión artística, estas dando voz a algo que hay dentro de ti en un momento determinado. Muchas veces sobre todo con los artistas musicales se tiende a relacionar la vida personal del artista con sus letras o cómo es el artista en su vida cotidiana con sus letras. No se da lugar a ningún tipo de ficción, aunque sea autobiográfica. Entonces, nosotros sí pensamos mucho lo que decimos y lo que no decimos porque sentimos responsabilidad. Pero yo muchas veces escucho verdaderas barbaridades en una canción y puedo disfrutarla igual. De hecho, quizás me haga sentir cosas que, a lo mejor, si no hubiese sido tan crudo o tan bárbaro no habría pensado o sentido.

“Sigue cada uno de mis consejos. Soy parecido a Dios, acaso no puedes verlo”, mencionáis en ‘Buenos consejos de las peores personas. Siendo tan jóvenes, ¿sufrís mucho el edadismo? Que gente con más experiencia os traslade lecciones con cierta condescendencia o superioridad.

Nosotros no hemos vivido ningún tipo de paternalismo por parte de nadie en ningún festival ni nada por el estilo, salvo en contadas excepciones. Pero no es algo que nos haya pasado habitualmente. Hay a veces que, obviamente, después de un concierto, con la borrachera y tal te dice alguna cosa (risas). “Tendríais que ser más no sé qué. Tendríais que hacer esto de esta manera...”. Pero bueno, igualmente es una actitud bastante común la de enseñar cosas. Nada más allá de comentarios tontos que te indican: “Bienvenido a la juventud” (risas).

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