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La increíble historia de superación de Roberto Sánchez, Míster Gay Castilla y León: “Cuento mi verdad para ayudar a personas que pasen por lo mismo”

La increíble historia de superación de Roberto Sánchez, Míster Gay Castilla y León: “Cuento mi verdad para ayudar a personas que pasen por lo mismo”

CASTILLA Y LEóN
Actualizado 12/07/2021 10:38

El salmantino Roberto Sánchez, tras alzarse con la bandera 'Míster Gay Pride Castilla y León', tiene puesta la mira en el certamen Míster Gay España en octubre. Su objetivo es dar voz a todas aquellas personas que “están pasando por situaciones similares y no se atreven a salir del armario”. El joven de 26 años ha querido matizar que “Míster Gay España no es un certamen centrado en la belleza, sino en nuestras propias historias”.

Roberto Sánchez representará a Castilla y León en el certamen de Míster Gay España que se celebrará el próximo mes de octubre. Lo suyo no solo es una cara bonita, su historia es dura pero enriquecedora. Después de una infancia y la posterior adolescencia marcadas por el acoso y el maltrato, este salmantino decidió levantarse y empoderarse. Esta charla con Soria Noticias descubre sus inquietudes y propósitos, una bandera por la libertad de elección.

Pregunta: Cuéntame, ¿cuál es tu historia?

Respuesta: Mi vida ha sido un sinsentido. A los tres años, como era un chaval gordito, me apodaron “pelota de fútbol”. Más tarde me pusieron el mote de “cagón” porque tuve un problema para ir al baño. Con tan poca edad no entiendes lo que está pasando. Toda mi etapa escolar ha sido un sufrimiento, se metían con mi ropa y con mi físico. Yo venía de una familia humilde, éramos tres hermanos y mis padres no se podían permitir gastarse dinero en chándales Nike o en zapatillas Adidas. Ojalá hubiese sabido por qué me hacían todo eso a mí. En ese momento no encontraba la respuesta y sufría mucho en silencio, no se lo decía a nadie por miedo a que los ataques fuesen más fuertes.

En primero y segundo de la ESO, me di cuenta de que me gustaban los chicos, pero no entendía ese sentimiento, no entendía qué me estaba sucediendo porque a mí me habían inculcado que tenía que casarme por la iglesia, con una mujer y teniendo muchos hijos. Es la sexualidad que me enseñaron en el colegio.

Cuando me cambié a otro instituto para hacer desde tercero de la ESO a segundo de bachillerato, pensé que todo iba a ir a mejor y todo el sufrimiento se había acabado. No fue así. Con 14 años empiezas a experimentar y a saber qué es lo que te gusta, yo no tenía interés por conocer a chicas. Pronto empezaron las agresiones físicas y los insultos homófobos. Uno de los chicos, en una ocasión, me tiró por las escaleras y me di con una puerta de hierro en la cabeza, me tuvieron que dar 6 puntos, pero yo dije que me había caído, oculté todo lo que me hacían por miedo a hablar y que todo fuese a peor. A esa edad no somos conscientes del daño que podemos llegar a hacer.

En cuarto de la ESO me intenté suicidar, colgándome una cuerda en el cuello en el corral de mi padre, pero mientras me ahogaba, se me pasó por la cabeza a mi abuela y a mi hermana llorando y pensé que no se merecían que les hiciese sufrir y conseguí soltarme.

El día que cumplí los 18 años, fui a mi pueblo a celebrarlo con mi novio y mi hermano le amenazó con pegarle un tiro en la cabeza con una escopeta. Yo recibía palizas en mi casa porque no entendían mi sexualidad, mi madre una vez me pegó una paliza con una barra de hierro por tirar un poco de pienso de los animales. Las heridas que me dejó tardaron un mes en cicatrizar.

A partir de ese momento, me fui a vivir con mi novio a Barcelona donde poco después viví una de las situaciones más traumáticas de mi vida: los atentados de Las Ramblas. Recuerdo ver una furgoneta saltarse la barrera e ir arroyando a todo el mundo. Yo me quedé de rodillas en shock hasta que una señora me llevó a su farmacia y me puso a salvo. Yo veía a mucha gente llorando, gritando desesperada y yo no sabía qué estaba pasando. Hoy en día no puedo ni imaginar volver a Barcelona.

P: Y ahora, ¿cómo es tu situación?

R: Vivo en Ávila y la vida me ha sonreído. Cuento con mi familia, de amigos, que sé que van a estar ahí cuando los necesite. Con mi familia no cuento porque no los necesito, no los he necesitado desde el momento en el que salí de mi casa con 18 años. Ahora mismo, todo lo que tengo ha sido gracias a mí. Y estoy orgullosísimo. He aprendido a valorarme y a no a tirar la toalla tan fácilmente.

A todas aquellas personas que están pasando por momentos difíciles les diría que la vida es lo más bonito que tenemos cada uno. Tiene mucho más valor superar todo lo que nos atormenta, que tirar la toalla sin más.

P: No tiró la toalla, se levantó y apostó por visibilizarse. ¿Cómo ha sido el proceso de selección para Míster Gay Castilla y León?

R: Antes de la pandemia, el proceso que se seguía era a través de galas provinciales y la persona que ganaba, iba directamente a Míster Gay Madrid. Este año, como no se han podido hacer galas provinciales porque no se cumplen las medidas de seguridad, cada uno ha presentado su candidatura. Es el segundo año que me presento por Salamanca. Han elegido a Míster Castilla y León a través de entrevistas por videollamadas. Desde luego que no esperaba ser, para nada, el representante de Castilla y León.

Cuando me enteré se me cayó el alma a los pies, miré hacia arriba y dije, esto es por mi padre. A mí padre lo tengo muy presente siempre, en todo momento. Cuando falleció, no me pude despedir de él, ya que era en plena pandemia y yo estaba trabajando en una residencia.

El certámen tiene muy presente los objetivos sociales de los candidatos, ¿cuáles son los tuyos?

Este año, la campaña social en el certamen es #Orgulloenmipueblo, pretende visibilizar la homosexualidad en los pueblos pequeños, que a veces están muchos más atrasados y la gente tiene una mentalidad más arcaica. A mí me desterraron de mi pueblo por los comentarios homófobos y no quiero que nadie viva mi situación.

También me parece muy importante visibilizar la diversidad sexual en la educación. En pleno siglo XXI, hay que dar clases de respeto, de tolerancia y de educación. Los colegios tienen que trabajar en la educación sexual, no todo es un pene o una vagina, hay mucha más información que los alumnos desconocen y hay que explicarles que un hombre no tiene por qué terminar con una mujer.

Mi objetivo es dar voz a aquellas personas que no la tienen y que no quieren ser ellos mismos por miedo al qué dirán. Quiero que se sientan libres y digan lo que les nazca y lo que quieran decir ahora y todos los días.

P: ¿Cómo te definirías?

R: Como una persona sincera, honesta, alegre y que se desvive por las personas que tengo a mi lado. Soy muy cauto con los desconocidos, me gusta conocer a las personas por ellas mismas, no por lo que dicen los demás. Yo tengo bien claros mis valores, soy como soy, me gusto como soy y me encanta la gente que me rodea con la que me siento muy a gusto, lo demás no importa.

P: El proceso de superación también te ha servido para lanzarte al mundo de la escritura, tienes un libro de autoayuda que pronto se publicará, ¿con qué objetivo?

R: Es un libro sobre mi vida, pero contado en tercera persona, sobre el bullying y la homofobia. Lo he escrito con el objetivo de dar voz a muchas personas para que intenten salir de los pozos más oscuros en los que están inmersos. Que llegué a los rincones más ocultos y encienda una luz en todas las personas que lo necesitan y así acabe son su oscuridad y consiga dar un poquito de color a su vida, porque la vida en blanco y negro no mola nada.

Lo único que espero es dar mucha visibilidad, que el mensaje que he querido transmitir en mi libro llegue a muchos lugares y ayude a un número de personas muy amplio. No importa lo que gane con él, a mí el dinero me da igual, cuantos más ejemplares venda, a más gente vamos a ayudar.

P: ¿Qué consejo le darías a todas aquellas personas que no se atreven a ser ellos mismos?

R: Que no somos una camisa para ir metidos en un armario. Hay que salir del armario porque ni llevamos etiquetas, ni costamos treinta euros, ni somos de una marca ni de otra. Nosotros somos personas y debemos tener libertad para poder decir: soy gay, soy hetero, soy bisexual o soy transexual, sin miedo a nada.

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