El Comité de Empresa de Ágreda se moviliza hoy y no descarta “ninguna acción” para obligar a la empresa a negociar un ERTE o un ERE que podría ser de 2 años. El nerviosismo crece entre los trabajadores por la falta de información y piden que se garantice el futuro de la planta en Ágreda, vital para la supervivencia de muchos pueblos de Soria, Aragón, La Rioja o Navarra.
La preocupación y el nerviosismo van en aumento en la planta de Siemens Gamesa en Ágreda. Una planta que en los últimos meses ha llegado a dar trabajo a más de 450 trabajadores de manera simultánea y que afronta ahora el parón que todo el grupo ha sufrido por el fracaso técnico de los dos últimos modelos de aerogeneradores del grupo, que fueron retirados por el grupo del mercado.
Con las plantas como las de fundición, las multiplicadorsa o las oficinas de Burgos y el País Vasco con un ERTE ya ha aprobado para 2025 y 2026, los trabajadores de Soria se preguntan por qué ellos no han entrado en este acuerdo. Una situación que les hace temerse “lo peor” y una sensación de angustia que aumentan ante la falta de información y transparencia de la empresa, según denuncia su Comité de Empresa.
En esta situación, sus trabajadores se han concentrado hoy a las 13:30 en las puertas de planta “para que la dirección vea el descontento” y han ofrecido una rueda de prensa para denunciar la situación. Unas movilizaciones que, aseguran, irán subiendo en intensidad porque “los nervios se van calentando” y que no pararán hasta “que no logremos nuestro objetivo”.
Un objetivo que no es otro que “sentar a la empresa” y poner soluciones encima de la mesa. Por ahora, solo reciben “largas”, aseguran, mientras ellos ofrecen unos trabajadores formados y “comprometidos” y un Comité de Empresa “constructivo” que “siempre ha sabido buscar soluciones” a los diferentes altibajos de las más de 2 décadas de historia de la planta en Soria.
Por ello, no entienden que en la más de una docena de reuniones con la empresa esta no haya aportado “contenido alguno”. Los trabajadores lamentan la “falta de empatía” de la compañía y consideran que esta quiere ir “a lo fácil”: aplicar un ERTE sin negociar con los trabajadores.
El objetivo del Comité de Empresa es “minimizar el impacto que esta situación pueda tener en los trabajadores”. Unos trabajadores que han llegado a superar los 450 trabajadores en las últimas semanas de 2024 y de los que 270 forman parte de su plantilla indefinida. De ellos un centenar trabaja en las oficinas y el resto son técnicos, ingenieros y operarios. El resto de puestos de trabajo van en función de la producción eran ocupados por trabajadores de Empresas de Trabajo Temporal, cuyos contratos ya llevan semanas extinguiéndose.
Hay que señalar que la situación de la planta no solo afecta a Ágreda, localidad de unos 3.000 habitantes situada en el extremo oriental de Castilla y León, sino también a las provincias limítrofes. Fruto de los diferentes cierres previos de la empresa de plantas por toda España y de la cercanía con localidades como Tarazona, un 20% de los trabajadores proceden de la vecina Zaragoza, mientras que otro 20% residen en las comarcas del sur de las comunidades de La Rioja y Navarra.
Los trabajadores vislumbran que la empresa planteará un ERTE temporal para la práctica totalidad de su plantilla de año y medio o dos años, cuando no algo peor como un Expediente de Extinción de Empleo. Ese temor viene alimentado de la falta de información y de no haber formado parte del ERTE del resto de plantas del grupo que también deberán parar en 2025 y 2026.
Pero los temores de los trabajadores van más allá y es que consideran que el futuro de la planta en Ágreda puede estar en riesgo. Por eso, junto a la negociación del ERTE o el ERE exigen un plan de viabilidad para la planta, que garantice el trabajo en la comarca y que incluya una actividad mínima de la planta durante estos dos años, recolocaciones de personal y formación para garantizar la producción a partir de 2027.
Con la cuenta atrás en marcha, pues el parón de la producción llegará a Ágreda a finales de febrero o en marzo, los trabajadores aumentan la presión hacia la empresa para que esta les cuente sus planes laborales para los próximos años y les garantice el futuro de la planta en Ágreda. Son conscientes de con la cada vez mayor capacidad de los aerogeneradores el sector necesita reinventarse para “garantizar la viabilidad de cara al futuro” y “no jugarnos todo nuestro futuro a una carta”.
Junto a las presiones a la empresa, los sindicatos de Siemens-Gamesa también miran hacia sus representantes públicos, con una llamada a la acción de los políticos sorianos y especialmente de la Junta de Castilla y León. Apelan a su reiterada dialéctica sobre despoblación y energías renovables y piden al ejecutivo autonómico que se implique para garantizar el futuro de la planta.
Señalan que “la contratación en la comarca es muy complicada” y que, si los perfiles más técnicos encuentran trabajo en otro lugar, cuando la producción vuelva allá por 2027, en el mejor de los casos, será un “hándicap importante” encontrar gente formada. La situación de la comarca también hace complicado que las empresas locales puedan absorber semejante carga de trabajadores.
Aunque ahora ha llegado a un punto límite, la grave situación que se sufre la planta de Soria viene de años atrás. Comenzó hace 4 años con la fusión de las dos compañías, Siemens y Gamesa, según señalan los sindicatos. En 2020 se empieza un nuevo proyecto que se deja de vender por problemas de diseño. Después se realizó un nuevo modelo, en teoría corrigiendo esos errores, cosa que no llegó a pasar ya que los fallos aumentaron y se acabaron produciendo y vendiendo máquinas que si producen a máxima potencia se rompen.
Los sindicatos consideran que la fusión de Siemens y Gamesa ha sido “un fracaso para España” y que los trabajadores y las plantas nacionales llevan sufriendo las consecuencias de este movimiento desde 2018. La compañía lleva 15 meses con las ventas paralizadas y ahora ese parón comercial llega a las plantas de trabajo. “Sabíamos que esto iba a llegar y ya lo tenemos aquí”, lamentan los trabajadores.