La carta de Sergio García, director de Soria Noticias.
Seguro que tiene un opositor cerca. Haga la prueba y pregúntele por el artículo 134 de la Constitución. A buen seguro podrá explicarle que es el que regula los Presupuestos Generales del Estado y también citarle algunos puntos como el 1 (Corresponde al Gobierno la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado y a las Cortes Generales, su examen, enmienda y aprobación) o el 3 (El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior). Con esa base, analicemos el trampantojo que nos pone ante nuestros ojos el ejecutivo de Pedro Sánchez para tratar de ocultar su incapacidad para aprobar unos nuevos presupuestos o nuevas leyes. Es decir, su incapacidad para gobernar.
Es falsa la idea que venden los ministros de que es tontería llevar un proyecto de presupuesto al Parlamento si no se tiene claro que van a ser aprobados. “Una pérdida de tiempo”, llegó a decir con una desvergonzada alegría la portavoz gubernamental. Precisamente el papel del Congreso y del Senado es ese, debatir y llegar a acuerdos. Sea por comodidad o por incapacidad, esquivar el Parlamento y gobernar sin él es una peligrosa alteración del sistema dado y abre la puerta a otro tipo de régimen. Suena a palabras gruesas, pero es la realidad. No tenemos un régimen presidencialista y no deberíamos tener nunca autarquía.
Hubo un tiempo donde no tener presupuestos era una de las peores cosas que le podían pasar a un Gobierno. Símbolo inequívoco de debilidad y en muchas ocasiones motivo suficiente para su caída. Ahora nos quieren hacer creer que da igual, que los presupuestos son algo accesorio, optativo.
Dos realidades, precisamente, hacen aun más indecente la aparentemente tomada decisión de Pedro Sánchez de aguantar hasta 2027 sin presupuestos. La primera es que, por mucho que lo digan los vigilantes de la máquina de los bulos, estos presupuestos no fueron aprobados por el Gobierno actual. Los presupuestos en vigor se hicieron en 2022 y fueron aprobados ya en 2023. Hechos por un Gobierno que no es el actual, aunque comparta presidente estaba formado por otros partidos, y aprobados por un Parlamento que no es el actual sino el de la legislatura anterior. La segunda, y no menor, es que de 2022 a 2025 la realidad ha cambiado drásticamente, y ahora es imperioso un nuevo enfoque posibilista ante un mundo polarizado donde Europa se está quedando sola y tendrá que aprender (a base de muchos millones) a defenderse.
Y no nos olvidemos que, aunque el gran coco es Rusia y parece estar en la otra esquina de Europa, en España tenemos frontera terrestre y marítima con un vecino siempre incómodo y que es uno de los mejores aliados de Estados Unidos. En los tiempos que corren, vivir sin Gobierno o, peor aún, con un Gobierno incapaz de gobernar es una temeridad.