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A cinco años de Filomena en Soria: El invierno que tiñó la provincia de blanco

A cinco años de Filomena en Soria: El invierno que tiñó la provincia de blanco

Actualizado 08/01/2026 09:46

Se cumple un lustro del paso de la borrasca que cubrió la capital y la provincia con medio metro de nieve. El recuerdo de aquellas jornadas de enero de 2021 permanece vivo por la belleza de sus paisajes y unas temperaturas que desafiaron los registros históricos.

Estos días se cumplen exactamente cinco años del un fenómeno meteorológico que quedó grabado en la retina de todos los sorianos. La borrasca Filomena no fue solo una tormenta de nieve; fue el momento en que la provincia se detuvo para contemplar una de las estampas invernales más impresionantes del último siglo. Toda la provincia quedó cubierta por un extenso manto blanco. Los pinares ensalzaban el blanco de la nieve, posada en lo alto de los pinos.

Aquel enero de 2021, mientras el mundo seguía lidiando con las restricciones de la pandemia, el cielo de Soria, y de España en general, decidió regalar un espectáculo de silencio y blancura. Lo que comenzó como una previsión meteorológica adversa se transformó, con el paso de las horas, en un paisaje de cuento que transformó la fisonomía de la ciudad y de los pueblos de la provincia, con la nieve cayendo intensamente en la madrugada del 7 al 8 de enero.

Una ciudad esculpida en blanco

La memoria colectiva de Soria guarda con especial cariño las imágenes de aquellos días. La capital amaneció cubierta por un manto que, en muchos puntos, superó los 50 centímetros de espesor. Monumentos emblemáticos como la iglesia de Santo Domingo, los Arcos de San Juan de Duero o la ermita de San Saturio adquirieron una majestuosidad renovada bajo el peso de la nieve. Una estampa que no estamos acostumbrados a observar, pero que en aquel 2021 tuvimos la fortuna de vivirlo.

Más allá de las dificultades logísticas lógicas de una nevada de tal magnitud, lo que prevalece cinco años después es la magia del momento. Las calles del centro, habitualmente transitadas por vehículos, fueron tomadas por los ciudadanos. El Collado se convirtió improvisadamente en una pista de esquí de fondo, y los trineos sustituyeron a los coches en las avenidas principales. El parque de la Dehesa ofreció una imagen nórdica, con sus árboles cargados de nieve creando túneles blancos que invitaban al paseo y a la fotografía. Fue, para muchos sorianos, una oportunidad única de redescubrir la belleza de su propio entorno urbano, silenciado y pacificado por el temporal. Unos días en los que los niños fueron los que más disfrutaron, sustituyendo los coches de los adultos por sus trineos.

El récord del frío siberiano

Tras la precipitación, llegó el hielo. Filomena trajo consigo una ola de frío posterior que puso a prueba los termómetros de la provincia, acostumbrados al rigor invernal pero sorprendidos por la intensidad de aquel episodio. Las noches despejadas sobre el suelo nevado provocaron un efecto nevera que desplomó las temperaturas. En la capital, los termómetros llegaron a marcar mínimas cercanas a los -14 grados centígrados, congelando el río Duero y dejando imágenes insólitas de carámbanos en fuentes y aleros. Sin embargo, fue en la provincia donde el frío mostró su cara más extrema y fascinante.

Localidades como Morón de Almazán se situaron en el epicentro informativo nacional, registrando temperaturas que rozaron los -18 grados, cifras más propias de latitudes escandinavas que de la península ibérica. Sin ir más lejos, la mínima de Castilla y León durante la borrasca se registró en nuestra provincia, ya que el 11 de enero el termómetro de Radona alcanzó los -22 grados. Aquel frío seco y cortante cristalizó el paisaje, convirtiendo los campos de Soria en un inmenso páramo helado de una belleza sobrecogedora.

Un legado de belleza y resistencia

Cabe destacar que también tuvo sus inconvenientes. Las clases tuvieron que suspenderse, el tráfico de mercancías se vio alterado, imposibilitando a los camiones y vehículos de gran tonelaje la circulación por carreteras y algunas autovías.

Pero, a cinco años vista, Filomena se recuerda en Soria no tanto por los inconvenientes, sino por la excepcionalidad del evento. Fue una demostración de la naturaleza en su estado más puro y potente. Los sorianos, habituados a convivir con el invierno, demostraron una vez más su capacidad de adaptación, saliendo a la calle para disfrutar de una nevada que, por su volumen y persistencia, ya forma parte de la historia climática de la provincia.

Hoy, al mirar atrás, Soria recuerda aquella semana de enero de 2021 como el momento en que el tiempo se congeló, regalando una de las visiones más hermosas y puras de nuestra tierra.

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