El que fuera durante un cuarto de silgo jefe de la Policía Local en la capital publica su primer libro. En ‘Soria 1833’ investiga el final del antiguo régimen, la etapa napoleónica y la restauración liberal en la ciudad y relata la historia de sus gentes y su Ayuntamiento. Este jueves, presentación en el Casino a las 8 de la tarde.
202 páginas que aportan luz a uno de los periodos menos conocidos de la historia de Soria, aquel que abarca desde finales del siglo XVIII has comienzos del XIX y en la que nuestra ciudad transitó, como toda España, entre 3 modelos sociopolíticos tan distintos como apasionantes; el final del antiguo régimen, la ocupación francesa a cargo de Napoleón y la restauración liberal vinculada a la Constitución de Cádiz.
Ese es el resultado de 6 años de trabajo investigador de José B Boces Diago (Soria, 1958), Pepe Boces para los sorianos, que ha quedado plasmado en un libro que se presenta este jueves 15 de enero (20:00 horas) en Casino Amistad Numancia. El que fuera jefe de la Policía Local de Soria durante 25 años da así rienda suelta a la que es su gran afición culminada en la publicación de su primer libro en solitario. “Yo fui y seré policía hasta que me muera, pero esta es mi gran vocación de toda la vida, no ya ahora de jubilado”, cuenta con brillo en los ojos a Soria Noticias.
‘Soria 1833’ es un libro editado por Gráficas Ochoa y que reúnen 5 años de búsqueda en los grandes fondos del archivo municipal y 1 año, que ha sorprendido al autor por su complejidad, de trabajo para dar forma a lo recopilado en forma de libro. Un texoto prologado por el doctor en historia y gran conocedor del patrimonio soriano Carlos de la Casa y que se espera salga a la venta por un reducido precio de unos 10€ en las librerías de la ciudad.
Boces comenzó estudiando la primera guerra carlista (1833-1840) en Soria y entonces fue cuando se dio cuenta que ese año, 1833, debía ser el comienzo de la investigación propiamente dicha pero también el final cronológico de la misma. “Fui recorriendo año a año hacia atrás los libros de actas municipales y me planteé, en un momento determinado, que la cosa tenía muchísima más profundidad, muchísima más enjundia y, de ahí, me fui hacia atrás”, relata.
Entre los documentos que más ha trabajado para hilvanar la historia de aquella Soria de entre épocas, empobrecida y artesana, destaca el padrón de 1833. Un registro con “información muy valiosos” que se realizó, contra el rechazo de muchos, para saber cuántas tropas podía y debía alojar cada vivienda. La imagen del padrón domina la contraportada. A este padrón, que recogiendo viviendas, número de tropas que debía acoger y profesión del titular de la misma da una versión muy interesante sobre el nivel socioeconómico de cada casa, barrio y profesión, se sumaron otros documentos de tipo militar, hacendístico y político
Si el padrón luce la contraportada, en la portada recoge un grabado con una vista de Soria desde el Castillo del siglo XVIII que aparece en la ‘Enciclopedia de en la España geográfica histórica y pintoresca, de Francisco de Paula Mellado’. La fotografía, cedida por el archivo histórico provincial es, “una de las imágenes más antiguas que conozco de la ciudad”, señala Boces y especula que parece “pintada de oídas” pues hay algunos emplazamientos que se logran reconocer fácilmente, pero otros aparecen demasiado descolocados o distorsionados para que alguien la hubiera pintado en vivo.
El libro se organiza en torno a 3 actores claves, la propia ciudad de Soria, su organización socioeconómica y su propio ayuntamiento. Una Soria “muy pequeñita”, de poco más de 4.000 habitantes, en su mayoría artesanos, y donde “la gente lo pasó muy, muy mal”. Una tierra que ya ha perdido el aliciente de ser frontera, y por tanto el interés de reyes y nobles por habitarla y defenderla, y donde la trashumancia ha dejado de ser un motor económico que ha provocado que incluso aquellos que tenían el deber de representarla en las instituciones (condes y marqueses cuyos nombres aun resuenen en los edificios más ilustres de la ciudad) quieran saber poco de ella.
Aquella Soria estaba poco mejor que “en ruinas”, con graves carencias en infraestructuras básicas como luz o agua y con una económica de subsistencia donde primaban artesanos, manufacturas y servicios, incluso frente al sector agropecuario. Su Ayuntamiento que apenas gestionaba nada y la figura del corregidor perpetuo que mandaba en el antiguo régimen y durante la invasión francesa fue sustituida por los primeros alcaldes constitucionales de la ciudad. Boces destaca que hasta 10 personas repitieron como representantes en los 3 sistemas (absolutista, francés y liberal) y que mientras el pueblo debía conformarse con el fiel de la tierra o los procuradores generales o sindico personero, los grandes nobles y aristócratas renunciaban a un cargo que les pertenecía por linaje o pasaban de él haciendo caso omiso a sus obligaciones. Es el inicio de la mesocracia, cuando la nobleza titulada abandona el poder municipal por falta de interés económico, siendo sustituida por clases medias y comerciantes.
Pero el autor saca también otra conclusión mucho más atemporal y más aplicable a nuestros días. “Yo lo que creo que queda es la lección de que no debemos repetir los errores cometimos en el pasado. La situación, por la intransigencia de unos, por la incapacidad de otros, llegó a tal punto que desembocó en una guerra civil, en otra guerra civil”. Una guerra civil, la primera guerra carlista, que los historiadores consideran la más cruenta de la historia de España.
En este sentido, Boces añora el espíritu de la transición que vivió cuando era estudiante cuando “la gente quería mirar hacia delante sin muros” y recordando que “no se trata tanto de ejercer el poder sino de ejercerlo bien y respetando al que piensa distinto”, señala.
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