Soria Noticias hace una reflexión sobre un sector ganadero importante de Soria, que es un motor de desarrollo económico para la provincia, pero que genera rechazo en una parte de la ciudadanía: el porcino. Pascual López, director general de Copiso, y el ganadero Miguel Ángel Ortiz, responsable de las asociaciones de productores porcino de Soria y Castilla y León, acercan la realidad de esta actividad, que se trata de estigmatizar "con una serie de tópicos y supuestos que no son ciertos pero que están haciendo daño, y que están fuera de la realidad social, económica y medioambiental".
Soria Noticias ha realizado una reflexión sobre un sector ganadero importante de Soria, que es un motor de desarrollo económico para la provincia, pero que genera rechazo en una parte de la ciudadanía: el porcino. Pascual López, director general de Copiso, resume en tres bloques las críticas que se realizan por la producción porcina intensiva. La primera tiene que ver con que si es bueno o no comer carne. “Es una elección personal. La carne es un alimento más, que tiene una proteína de más calidad biológica que la vegetal, porque aprovechamos más sus aminoácidos. Necesitamos ingerir mucha más proteína vegetal que la animal, para lograr el mismo resultado”, indica. Respecto a la contaminación, afirma que “no conozco un sistema productivo menos contaminante para alimentarnos, y más barato, por la seguridad que ofrecen las granjas actuales. Necesitaríamos otro planeta para cubrir las necesidades alimentarias sin la agricultura y la ganadería intensiva. La tecnología está resolviendo los problemas o molestias de la gestión de residuos, con maquinaria y sistemas adecuados”. La tercera queja se refiere al bienestar animal. “Respetando también la sensibilidad que se tenga hacia los animales, granjas y bienestar animal van de la mano, porque el ganadero es el más interesado en cuidar las buenas condiciones en las que viven los animales, para que no padezcan. Crecen y se desarrollan más y su calidad de carne es mejor”.
El ganadero Miguel Ángel Ortiz recuerda que la ganadería cría animales para alimento de las personas. ”Si queremos luchar contra el cambio climático y defender la sostenibilidad, tenemos que apoyar que el porcino -genera empleo y progreso en el territorio- se produzca en Castilla y León, porque lo producimos ahorrando agua y energía, y minimizando o eliminando las emisiones contaminantes. Si lo sabemos hacer bien, produzcamos aquí nosotros y no lo llevemos a países que lo hacen mal. El cambio climático es un fenómeno global que acabará repercutiendo en todos”.
Tanto el técnico y experto de producción porcina Pascual López, como el emprendedor ganadero Miguel Ángel Ortiz, lamentan que se esté estigmatizado esa actividad “con una serie de tópicos y supuestos que no son ciertos, pero que están haciendo mucho daño, y que están fuera de la realidad y verdad social, económica y medioambiental”.
Y Pascual López quiere empezar “por el principio”. Recuerda que a los veterinarios y a los ingenieros agrónomos “de nuestra época, nos formaron en la idea de producir alimentos suficientes y más baratos para que todas las personas pudieran consumirlos y alimentarse bien, con la proteína suficiente. No hay que olvidar que veníamos de unas décadas socialmente muy convulsas de guerras y de necesidades en Europa y en España”. Explica que, en las décadas de 1950, 60 e incluso 70, la alimentación representaba una parte muy importante de la renta familiar, y entre los españoles -en general- había subalimentación en las etapas más tempranas de la vida, existía déficit proteico. Por eso, Europa se volcó -con sus políticas agrarias- en conseguir independencia alimentaria, una cuestión estratégica y crucial para cualquier país, como se evidenció con la pandemia del Covid. Pero esa subalimentación se ha terminado en las dos últimas generaciones de Europa y de España, “y es un mérito al que no podemos renunciar. Hoy se ven las cosas de otra manera, hay una economía de la abundancia, parece que sobra de todo, y no se está dando valor a la producción agrícola y ganadera, e incluso se nos está criminalizando”.
Pascual López dice que “nos hemos encargado del objetivo de alimentar a las personas a precios asequibles, y en esto ha tenido mucho que ver la profesionalización y la llegada de técnicos a la gestión de la ganadería y la agricultura, con metodología científica, reduciendo costes, optimizando la producción y siendo eficientes, con una sensibilidad creciente sobre los problemas y asuntos medioambientales, que va paralela a la sensibilidad y preocupación del conjunto de la sociedad, con unas soluciones que están llegando gracias a la tecnología y a la investigación. Toda esta evolución, todas estas mejoras, han ido directamente al bolsillo de los consumidores, que se han beneficiado. Un kilo de trigo, ahora, vale lo que hace 30 años”.
Sin embargo, considera que la tendencia se ha revertido con la presión por la lucha contra el cambio climático, cambiando las normativas legales, encareciendo la producción y provocando una crisis y un aumento inflacionista difícil de asumir por la sociedad y los consumidores. Por eso, las estructuras y los sistemas productivos se adaptan. ”Y porque nuestra manera y calidad de vida también ha cambiado”, remarca el ganadero Miguel Ángel Ortiz. “Mi padre tenía que trabajar en su granja de cerdas por el día y por la noche, porque había que vigilar los partos, sin días de descanso. Cuando se casó mi hermana, atendió a los animales antes de la ceremonia, y después de comer la tarta tuvo que marcharse otra vez a cuidarlos. ¿Queremos trabajadores esclavos? Claro que no, ni en la ganadería ni en ninguna fábrica. Por eso, se han dimensionado las granjas, y porque -además- hay que hacerlas rentables, económica y socialmente. Las inversiones en las granjas actuales son millonarias, precisamente porque queremos unas instalaciones exigentes y que den soluciones a los retos de necesidad alimentaria o medioambientales”.
Pascual López explica que el concepto de ganadería intensiva, como algo negativo, y el de la extensiva, como una opción positiva, no son reales, “no hay una separación, ni tan siquiera en los rumiantes, porque los terneros se llevan a intensivo para el engorde, y lo mismo ocurre con los cerdos ibéricos. Sin la producción intensiva, ni habría alimentos cárnicos suficientes, ni tendríamos capacidad económica para comprarlos. Ojalá, no tengamos nunca -ni nuestros hijos y nietos- que comprobar las consecuencias de perder la independencia alimentaria o la falta de comida” A su vez, Miguel Ángel Ortiz avisa de que desprestigiar el sector porcino gratuitamente, solo puede llevar a perderlo, en Soria y en Castilla y León.
Ambos contertulios apelan al “tremendo compromiso con el medio ambiente y con el bienestar animal” del sector porcino en Soria, “que es un ejemplo en España y en el mundo, con una de las estructuras más modernas. Pero estamos corriendo el riesgo de quedarnos atrás, con las limitaciones y obstáculos que se están poniendo a nuevos proyectos de granjas e iniciativas, que se tienen que marchar a otros territorios. Es una pena que perdamos la oportunidad”.
Lamentan que en un mercado español que ha crecido en cuatro millones de habitantes, la actividad porcina en la provincia esté disminuyendo. El pasado mes de septiembre, había 46.000 cerdas reproductoras en Soria, cuando se ha llegado a tener 53.000. En Dinamarca y Holanda hay unos 300 cerdos por kilómetro cuadrado, en Bélgica 200, en Taiwan 150, en Cataluña 225, en Aragón 70, en España unos 60 o en Soria 40. Por otra parte, Soria es excedentaria en cereales, el producto básico de los piensos, y tiene hectáreas de cultivo para aprovechar los purines orgánicos que se producen. Pascual y Miguel Ángel señalan que algunos dicen que el porcino expulsa la población en el territorio. “No ocurrirá eso en Holanda, con 400 habitantes por kilómetro, ni en Soria, donde el porcino genera cientos de empleos en el medio rural, donde la principal actividad es la agricultura y la ganadería, osea, la producción de cultivos y de animales”, remarcan.
“Lo que pasa es que se trabaja solo la opinión, no los datos ciertos ni la realidad. Como es que solo el 7% del nitrógeno que va a la tierra procede de la ganadería, cuando además aportamos abono orgánico con los purines que benefician al suelo. ¿Alguien tiene en cuenta los nitratos que muchos productos vegetales tienen de forma natural? Quizás no se sepa que el nitrato es esencial para el crecimiento de las plantas, la forma principal de nitrógeno que absorben del suelo, un nutriente crucial para producir proteínas, clorofila y enzimas”, apuntan Pascual y Miguel Ángel. Creen que no se está enfocando bien la cuestión del porcino: “¿Que se pueden hacer mejor las cosas, sí, como en todas las actividades que hacen los humanos. Y por eso mejoramos, afrontamos y superamos los retos que surgen”.
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