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Receta: El pastel más tradicional de este pequeño pueblo, la opción perfecta para endulzar sus fiestas y entrar en calor

Receta: El pastel más tradicional de este pequeño pueblo, la opción perfecta para endulzar sus fiestas y entrar en calor

Actualizado 25/01/2026 08:54

Casarejos mantiene viva una de las tradiciones gastronómicas más laboriosas de la provincia de Soria. Este dulce, caracterizado por el uso abundante de yemas y manteca, requiere un proceso de amasado específico para lograr su textura única.

La repostería tradicional de la comarca de Pinares encuentra en Casarejos (145 habitantes censados) uno de sus exponentes más destacados con la elaboración de los sobadillos. Este dulce, vinculado estrechamente a las celebraciones festivas del municipio, destaca por ser una receta contundente y calórica, pensada originalmente para combatir las bajas temperaturas propias de la zona. A los habitantes de Casarejos les llaman zorros por su habilidad para mantener en secreto esta receta, pero en Soria Noticias hemos podido acceder a ella y compartirla con nuestros lectores.

La preparación de los sobadillos es un rito que requiere tiempo y paciencia. A diferencia de otras pastas, la clave de este postre reside en el trabajo manual de la manteca y en la incorporación paulatina de los ingredientes líquidos y secos. Se trata de una elaboración que tradicionalmente reúne a las familias en torno a la mesa de cocina, manteniendo un legado culinario que ha pasado de generación en generación.

El origen de este sabroso dulce

Como bien os hemos dicho al principio, nació para combatir las bajas temperaturas en la zona de Pinares, de donde es típico este sabroso pastel. Ahora, los encontramos por doquier en cualquiera de las celebraciones de Pinares. Sin ir más lejos, en Casarejos, cuando se hace la ofrenda en la misa por el Santo y la Virgen, se llevan sobadillos. También es fácil encontrarlos en cualquier zona del pueblo durante estos días festivos y el día de la víspera, tradicionalmente, se ofrecen en la luminaria.

Para encontrarnos con su origen tenemos que retroceder en el tiempo. Y esque uno de los ingredientes principales de los sobadillos es la manteca por una razón. Antiguamente, cuando en todos los pueblos de la comarca se criaban cochinos, se hacía la matanza por estas fechas, a primeros de enero. Un buen cochino podía mantener a una familia en tiempos de dificultades, por lo que no querían desaprovechar nada de él. De esta forma, los antiguos pobladores del lugar decidieron aprovechar la manteca para dar forma a este dulce, y a otros, para que no se perdiera nada del gorrino. Curiosamente, este aprovechamiento de la manteca dio lugar a la aparición de la torta de chichorra. Al derretir la manteca salía el ingrediente principal de este otro alimento, los chicharrones. Así pues, no se desperdiciaba nada del animal.

Ingredientes necesarios

Para la elaboración de una partida tradicional de sobadillos se requieren los siguientes productos:

  • 1 kilo de manteca de cerdo.
  • 26 huevos (se utilizarán 25 yemas y uno entero).
  • 2,5 kilos de harina (cantidad aproximada, según lo que admita la masa).
  • 6 cucharas soperas de azúcar (para la masa).
  • 1 kilo de azúcar (para la cobertura final).
  • El zumo de una naranja grande.
  • El zumo de dos limones.
  • 1 cucharada de anises molidos.
  • Media cucharada de canela.
  • 1 vasito de anís.

Fase de preparación y amasado

El proceso comienza con el tratamiento de la manteca, que es la base fundamental del sobadillo. En un barreño de barro, recipiente idóneo para mantener la temperatura, se debe batir la manteca de cerdo durante un tiempo prolongado. La receta tradicional estipula hasta dos horas de batido, momento en el que la grasa adquiere una textura semilíquida y blanquecina.

Una vez la manteca está en su punto, se incorporan los huevos. Es necesario separar previamente las claras y añadir, poco a poco, las 25 yemas y el huevo entero sin dejar de batir la mezcla. En este paso se agregan también las especias: la media cucharada de canela y la cucharada de anises molidos.

Paralelamente, se debe preparar la parte líquida aromatizada. En un bol aparte se mezclan el zumo de naranja, el zumo de los dos limones y el vasito de anís. A esta mezcla líquida se le añaden las seis cucharadas soperas de azúcar. El contenido de este bol se vierte progresivamente sobre la mezcla principal de manteca y yemas, integrándolo todo con movimientos constantes.

Horneado y acabado final

La incorporación de la harina marca la fase final del amasado. Se deben añadir los aproximadamente 2,5 kilos de harina de forma gradual. Cuando la masa esté ligada, se traslada a una mesa de madera para continuar el trabajo manual hasta obtener una textura homogénea. Antes de dar forma a los dulces, es necesario dejar reposar la masa cubierta con un trapo limpio. Una de las principales complicaciones que se presenta en el momento del amasado es que se corte la masa, algo que le pasa a los principiantes y a los más experimentados elaboradores del dulce. Si se corta la masa, el proceso de amasado se prolonga por otras dos horas, hasta que esta se vuelva a ligar para poder dar el próximo paso.

Para el formado, se separa una porción de masa y se estira con un rodillo hasta conseguir un grosor de 1,5 centímetros. Tradicionalmente, la masa se corta en pequeños cuadrados que se colocan en bandejas para introducirlos en el horno.

El último paso es crucial para la presentación y sabor característico del sobadillo. Mientras los dulces se hornean, se debe moler el kilo de azúcar restante. Al sacar los sobadillos del horno, y aprovechando que todavía están calientes, se rocían con el azúcar recién molido. El calor residual permite que el dulce absorba parte del azúcar, creando su cobertura blanca distintiva. Tras dejarlos enfriar, están listos para su consumo.

Con este pastel, en la localidad de gasta una famosa broma a los forasteros o, entre los del pueblo, ríen con lo siguiente: al invitarles a comer un sobdaillo les sugieren que se lo metan entero en la boca y, una vez lo hayan introducido, que digan Pamplona, lo que hace que se desaten las carcajadas de los presentes. Una receta deliciosa, laboriosa y muy divertida.

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