El presidente de la Cámara Agraria Provincial denuncia la actitud de los partidos políticos, a los que acusa de hipocresía frente a los problemas del campo. Advierte sobre el riesgo real de desabastecimiento si España continúa cediendo su autonomía alimentaria a terceros países en un contexto global inestable.
Carmelo Gómez, presidente de la Cámara Agraria Provincial de Soria, analiza la crítica situación que atraviesa el sector primario en el arranque de 2026. El representante del campo soriano carga contra la gestión de las diferentes formaciones políticas respecto a los tratados internacionales y alerta sobre las consecuencias irreversibles de perder la soberanía alimentaria:
En estos días del principio de 2026, los agricultores y ganaderos de España, Castilla y León y Soria, y por lo tanto todo el sector primario, estamos aguantando que el Gobierno central y autonómico, y partidos políticos, nos llamen tontos a la cara sin sonrojarse.
Cuando se vota en Bruselas en contra de los profesionales del campo sin tener en cuenta nuestras protestas y al mismo tiempo aquí, en nuestras narices, dicen que están con nosotros es evidente que para ellos no valemos nada. Algunos pensarán que el PSOE y el PP se han posicionado en el tema de Mercosur en contra de ganaderos y agricultores y es cierto e imperdonable. Y pueden pensar que Vox es el único que los defiende. Pero es mentira; es una argucia política, populismo e hipocresía. En el tema de los aranceles ‘políticos’ de Estados Unidos, que son tan dañinos o más para el sector que los de Mercosur, los dirigentes de Vox han permanecido calladitos y a la vera de Donald Trump; lo que demuestra que no les importamos un rábano y que quieren utilizar nuestros votos arbitrariamente para su beneficio y que piensan y creen que somos tontos. Si alguien sigue con dudas, la prueba está en que no plantean ningún tipo de acción desde Patriotas por Europa contra las amenazas arancelarias de Trump. El sector debe darse cuenta de que Vox omite por completo la relevancia y el terrible daño arancelario por la amistad y subordinación con respecto al mandamás republicano estadounidense.
Recordemos además que esos de Vox tenían un consejero de Agricultura, y que durante su mandato se impusieron unas medidas descabelladas y tan peregrinas como por ejemplo habilitar mecanismos en los bebederos del ganado para evitar el ahogamiento de los pajaritos (aunque por lo visto en los ríos no hace falta). De otras formaciones políticas no voy a hacer más comentarios por hoy, pero sí lamento que se dediquen a soltar la caña política por ver en qué caladero pueden pescar.
A estas alturas tan prematuras de año, ya podemos prever que la agroganadería se va a la mierda, que el país renuncia a su autonomía alimentaria, que vamos a tener que comer lo que quieran otros vendernos, al precio que impongan y sin la seguridad alimentaria actual. Por no hablar de que, como dice el refrán, es antes Dios que los santos; vamos, que al perder la soberanía alimentaria no podemos descartar escasez o literalmente falta de alimentos en caso de necesidad derivada de múltiples factores en este mundo tan cambiante ahora mismo en lo geopolítico, estratégico, económico y social.
Las organizaciones agrarias ASAJA, Upa y Coag están organizando actos reivindicativos y yo les pido a los ciudadanos que les apoyen y comprendan porque esto no solamente va de agricultura y ganadería. Pongamos también en valor la movilización unitaria del campo europeo en las últimas semanas, con concentraciones en Bruselas y Estrasburgo y las protestas desde esta provincia y de otras muchas de España. Hay mucho en juego para todos: tiendas de todo tipo, talleres, concesionarios, empresas derivadas… Un montón de empleos que desaparecerían y empobrecerían esta provincia.
Lo cierto es que los partidos políticos nos quieren calladitos. Cuanto más silenciados, mejor para ellos. A la vez, no me opongo a tratados comerciales, pero lo que no puede ser es que siempre seamos los mismos los que salimos perdiendo y el perjuicio caiga siempre en la misma balanza. No se trata de bloquear el comercio, sino de garantizar seguridad jurídica y el respeto a los que damos de comer a una provincia, a una región y al continente entero.
Según la Seguridad Social, un agricultor con 180 hectáreas tiene una base imponible de cotización de 850 euros. Cualquiera en otro sector que esté en ese caso estaría por debajo del Salario Mínimo Interprofesional, y por lo tanto podría optar a ayudas de todo tipo. Sin embargo, en el sector primario lo único que se reciben son puñaladas traperas desde la Administración. Así que no le extrañe a nadie que pensemos que lo que buscan es nuestra desaparición, para convertir el país en una finca de recreo de algunos grandes magnates y lo que ello supone.
Carmelo Gómez Sanz
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