Rigió la localidad durante dos periodos, en uno de los cuales recibió al presidente Felipe González.
A través del Centro de Acción Social Soria Rural, este viernes ha sido celebrado homenaje a Hipólito Carnicero Peralta, en la residencia de Nuestra Señora del Rosario en Tardelcuende. El reconocimiento venía dado tras haber cumplido los cien años, en una jornada durante la cual ha estado ha estado acompañado de familiares, autoridades locales y jubilados del centro.
Carnicero ha recibido las felicitaciones de la Diputación de Soria y de Lubia, localidad de nacimiento. También se ha sumado el Ayuntamiento de tardelcondino, al ser el municipio donde reside en la actualidad. Le ha sido una placa conmemorativa de la efeméride y una copia de su partida de nacimiento. Posteriormente la residencia ha invitado a los asistentes a un ágape para celebrar la este aniversario.
Hipólito nació el 30 de enero de 1926. Hijo de Juan y Valeriana tuvo una dura niñez, ya que su padre y dos de sus hermanos fallecieron cuando era pequeño. Además de vivir la crudeza de la Guerra Civil. Pasó su infancia junto a sus abuelos en la tejera de Lubia, de la que su familia era propietaria. Allí ayudaba a fabricar las tejas, aunque también pudo asistir, con brevedad, a la escuela.
Ya adulto, en un primer momento regentó su propia tejera para después buscar otros horizontes. Compaginó ser encargado de ICONA con la labor de agricultor y ganadero.
Contrajo matrimonio con Petra en 1953. Fruto de la unión, el matrimonio tuvo una hija, Elena en 1954, que actualmente reside en Madrid.
Fue alcalde de Lubia en dos ocasiones. La primera una recién casado, y otra durante los años 80 en la que le tocó recibir al entonces presidente del Gobierno Felipe González, que veraneó en la localidad.
El centenario se vio forzado a la jubilación tras un accidente con su tractor. Gran aficionado a la pelota, durante su jubilación cultivó un huerto que mantuvo hasta los noventa años. En 2019, justo antes del la pandemia del covid, Hipólito tuvo que abandonar su localidad natal para trasladarse con su mujer a la residencia de Tardelcuende donde residen y donde aseguran estar muy bien atendidos.
Su estado de salud es bueno y no necesita medicación alguna. Sufre, además de los achaques propios del siglo de vida, una ligera sordera y necesita un andador para desplazarse.
Su saga continúa con dos nietos, Raúl y Sandra y dos biznietas.
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