La quinta columna de Patxi Irigoyen para Soria Noticias.
Tuve la oportunidad de festejar veinte años de acción de ayuda. Veinte años de empujar a quien no conoces, pero que sabes que te necesita. Veinte años en los que, lejos de casa y sin más lazos que los propios sentimientos humanos de ayuda, te hacen ver y pensar que es posible echar una mano, y la echas.
La Fundación Pedro Navalpotro celebró estos veinte años. Con el titular al frente y con su esposa como cotitular y copartícipe en la ilusión del honorable adnamantino, se puso en conocimiento de todos las acciones que se habían hecho posible en estos veinte años. Una lección de vida para llevar agua: la misma que al titular de la fundación le ha hecho llegar a la fama y le ha proporcionado esta posibilidad de sacar parte de sus ingresos y arcas para echar una mano en diversas zonas africanas y sudamericanas.
Y situaciones como ésta, y personajes como el matrimonio Navalpotro-Beltran se hacen grandes para colocar en la zona de admirados. Porque personajes como ellos nos hacen falta, y a montones, en una sociedad que vive bastante más pendiente de cubrir sus necesidades, por muy grande que sean, que de ayudar al resto de los que en vez de necesidad tienen carencias. Y poco les ha preocupado, y a las pruebas me remito, los reconocimientos o las condecoraciones: Pedro y Carmen, Carmen y Pedro, disfrutaron hace unos días con la celebración de los veinte años de la Fundación que apadrinan, y a la que dedican su dinero, pero sobre todo la mayor parte de sus alegrías de humanidad.
Es muy común en estos lares reconocer a las personas su trayectoria, una vez que dichas personas ya no están, o cuando ya no lo pueden celebrar. Y no es justo: lo indicado es que nuestra admiración, y en casos como éste nuestro cariño, sea un bulto más en la maleta personal de cada uno de nuestros hoy protagonistas. Es justo que salgan por la puerta grande, pero que lo hagan desde ya porque su trayectoria así lo requiere. La ilusión con que el otro día pude contemplar que ellos llegan a los veinte años de acción es directamente proporcional a nuestra obligación como sociedad soriana de reconocer ese esfuerzo.
No puede ser que dejemos pasar la oportunidad de reconocer cuando los reconocidos tengan la capacidad para saberlo. No es justo que los homenajes se hagan demasiado tarde. No serán tantos homenajes, o al menos serán homenajes y reconocimientos cuyo efecto no es el mismo que el pretendido. Por ello, en mi opinión, urge tomar la decisión a quien corresponde de la misma manera que en 2024 la tomó el Ayuntamiento de Almazán. Es hora de tener claro que SORIANOS ILUSTRES es un obligado reconocimiento a personas y personalidades que han demostrado que tienen valores humanos excelsos, o simplemente, que disponen tanto para su prójimo como para si mismos.
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