Desde el primer cohete que desata la locura hasta el galope primerizo entre el polvo de la Saca. José, Gabriel y Fátima ponen voz a un jueves de nervios, caballos y radio en el corazón de Soria.
Bajo un sol de justicia que no da tregua, la salida de los toros ha marcado el pulso de una Saca que respira por y para sus fiestas. En el corazón de este estruendo, tres historias se entrelazan: la del hombre que anuncia el caos, la del caballista que debuta en la arena y la de la presidenta que hoy mira el festejo con la dulce morriña del deber cumplido.

Para que la ciudad entera contenga el aliento, primero tiene que sonar el aviso de José Berrojo. Con una década de experiencia a sus espaldas, incluyendo los años de silencio de la pandemia, José es el encargado de que los cohetes marquen los tiempos en la salida y en la plaza. A pesar del peso de su labor, él le resta importancia frente a la bravura de otros protagonistas: "Responsabilidad estos los de los caballos, los que van corriendo", confiesa a Soria Noticias con humildad mientras se prepara para el momento crítico.
El ritual es preciso: un cohete a los cinco minutos, otro a los tres y el final cuando los toros rompen a correr. "Pero es el primero el que verdaderamente eriza la piel de los sanjuaneros". José describe ese instante como algo mágico donde la tensión se puede cortar: "Sabes lo que más mola cuando tiras el primero... porque cuando tiras el primero, ya la gente está nerviosa... pura pura alegría". Para él, ver cómo la multitud se vuelve loca con ese primer estallido es la recompensa a una tarea que vive con pasión absoluta.

En medio de la polvareda, Gabriel Chapero ha vivido este año una Saca que jamás olvidará. Aunque lleva muchos años montando a caballo, esta ha sido su primera vez enfrentándose a la salida de los toros en el monte. A lomos de Colorado, "su compañero de fatigas" desde hace cuatro años, Gabriel ha pasado por un carrusel de emociones que comenzaba con el corazón acelerado: "Nervios al principio, pero luego ya a medida que va pasando el tiempo nos vamos relajando los dos", explica a Soria Noticias sobre su conexión con el animal.
Desde su posición privilegiada, Gabriel ha sido testigo de la dureza de los primeros compases del festejo, viendo cómo el ímpetu de la salida pasaba factura a algunos sanjuaneros. "Han caído dos o tres jetes nada más empezar", comenta con la calma de quien ha logrado mantenerse firme sobre la silla. Para este soriano, la Saca no es solo un evento, es un legado cultural que define su identidad, describiéndola como "algo que hay que vivir una vez en la vida", una experiencia obligatoria para cualquiera que quiera entender La Saca.

Para Fátima Reglero, esta Saca tiene un sabor diferente. Tras cuatro intensos años en la directiva de la Asociación de Jurados de Cuadrilla, este es su primer año "jubilada" de la primera línea de mando. Al ver el jaleo desde abajo, la nostalgia es inevitable: "Tienes un poco de ay, qué morriña sabes de ahí estaba yo y qué bien lo he pasado durante estos años que estaba ahí", admite con una sonrisa, recordando la unión fraternal que se crea entre quienes trabajan por las fiestas.
Para Fátima, no hay día más emocionante en todo el calendario sanjuanero que este jueves. Lo que más le fascina es esa "unión invisible" que se crea entre desconocidos, todos pendientes de la misma sintonía: "Ir todo el día con la radio ahí sintonizando. ¿Dónde están los toros? No se han perdido... crea una unión entre gente que no se conocen de nada". Es un sentimiento "difícil de explicar a los de fuera", como le sucede con su marido maño, quien no terminaba de creer que la gente se quedara en la puerta de Cañada Honda a propósito cuando se abría la puerta de los corrales. Ella sabe que la Saca es, por encima de todo, emoción pura y compartida.
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