Artículo de opinión de Juan Antonio Palomar, presidente de Soria ¡Ya!
El debate sobre la gestión migratoria en España es un monumento al cálculo electoralista y al cinismo institucional. El colapso permanente en Ceuta desnudó la indignante inacción del Gobierno del PSOE, cuyos parches asistenciales de urgencia solo sirven para camuflar el problema sin abordarlo de raíz. Esta falta de altura política impide conectar el drama humanitario del sur con la lenta eutanasia demográfica que consume al interior peninsular.
La paradoja roza el sarcasmo. Décadas atrás, miles de sorianos se vieron empujados a una emigración forzosa hacia las grandes metrópolis y el extranjero, ante el abandono institucional, dejando tras de sí pueblos queridos, ahora fantasmas. Hoy la tragedia se tuerce con grotesca ironía. Mientras la frontera ceutí se satura por el exceso de juventud desesperada, Soria se muere en silencio ante la absoluta parálisis de quienes deberían ofrecer una alternativa real de vida.
A este inmovilismo de Moncloa se suma el rancio sesgo ideológico de la Junta de Castilla y León. Las políticas del PP, entregadas sin ningún rubor al ideario de VOX, prefieren agitar el miedo a la inmigración antes que articular un plan serio de acogida. Bloquear el arraigo por mero prejuicio identitario y escatimar incentivos es una irresponsabilidad criminal en una comunidad que se vacía a marchas forzadas por falta de mano de obra y relevo generacional.
Lejos de la inercia bipartidista y del dogmatismo ideológico, las propuestas de Soria ¡YA! desmontan el relato oficial con soluciones urgentes: exigir la redistribución financiada de migrantes desde Ceuta y Canarias, permitir hasta el último céntimo de las ayudas al funcionamiento de empresas que PP y PSOE racanean, ejecutar vivienda pública rural e inyectar recursos para blindar la sanidad en los pueblos. Condicionar los permisos de trabajo al arraigo en municipios despoblados no es un capricho; es la única forma de frenar la agonía rural.
Ceuta y Soria son los dos extremos de un Estado fallido y centralista. La migración legal y planificada no es la amenaza que agita la extrema derecha ni el marrón que esquiva la izquierda; es uno de los salvavidas para que el sur respire y el interior peninsular no termine convertido en un decorado sin vida.
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