Entre la abrumadora mayoría femenina, destaca la historia de este jubilado de 76 años, apasionado por el encaje ruso. No oculta una pasión que descubrió hace tres años.
La ciudad de Soria ha acogido este domingo una nueva edición del encuentro de encajeras, reuniendo a medio millar de participantes. Entre más que abrumadora mayoría femenina, un reducido grupo de hombres ha mostrado públicamente, con sus utensilios, sus hilos y sus bolillos, que esta vocación artesanal no entiende de géneros.
El evento ha congregado a unas 500 personas en la capital soriana para compartir su pasión por este tipo de manualidades. Una actividad que, tradicionalmente, ha estado vinculada casi en exclusiva a las féminas. De hecho, los varones presentes apenas se podían contar con los dedos de las manos.
Entre ellos estaba Juan José Velasco, un jubilado de 76 años afincado en Manzanares y originario de la también localidad ciudadrealeña de Membrilla.
La afición de Velasco por este afán surgió durante una etapa tardía de su vida, concretamente a los 73 años. "Siempre, hace muchos años, he sentido cierto aprecio por estas cosas que hacían las mujeres generalmente, sobre todo en los pueblos", ha explicado el artesano durante el encuentro.
Fue durante un evento similar en su pueblo natal. "Estaba viendo el pequeño encuentro que allí hacen de encajeras y dije, ¿y yo por qué no?", relata. Tras conversar con otros hombres que ya practicaban esta técnica, decidió dar el paso y unirse a un grupo en Manzanares.
Lo que ha comenzado con proyectos menores se ha transformado rápidamente en una dedicación casi absoluta. Velasco, que se define como una persona con gran habilidad manual y amante de la artesanía, ha ido incrementando la dificultad de sus obras año tras año.
"En el tercer curso, hace unos meses, me puse a hacer una cosa más grande y de verdad que estoy enganchadísimo", confiesa sin ocultar, elocuente, su entusiasmo. Esta nueva afición ha acaparado gran parte de su tiempo libre, desplazando incluso a la lectura. "No me deja tiempo ni para leer, que es lo que más hacía. Llevo un par de años que no compro, si acaso, un par de libros cada año", añade con cierta y llevadera resignación.
Lejos de conformarse con las técnicas básicas, el jubilado manchego ha continuado explorando nuevas modalidades. Actualmente, ha centrado su atención en el encaje ruso, una variante compleja sobre la que ya ha recibido formación específica. "Estoy también con un gran abanico que estoy haciendo en casa", comenta.
Para Velasco, esta actividad ha supuesto una herramienta fundamental para mantenerse dinámico, en acción. "Quiero hacer cosas. Sé que a estas edades ya no aspiro tampoco a mucho más, pero estar activo y no parar es muy interesante", ha reflexionado.
La destreza de este participante no ha surgido de la nada. Durante su vida laboral trabajó como pintor industrial, ejerciendo sus últimos 25 años en una gran empresa en Madrid.
"De ahí me viene un poco el arte, porque, a fin de cuentas, hacíamos pintura, pero prácticamente arte", recuerda con naturalidad y sin añoranzas inservibles. Su trayectoria profesional le ha exigido resolver problemas y aplicar soluciones creativas, una capacidad que ahora ha trasladado a los bolillos en encuentros como el que Soria celebraba ahora. "En estos sitios te sientes muy a gusto", concluye, sin disimular su satisfacción por cumplir con su segunda visita a la capital soriana.
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