Entre el silencio de una cueva y el color de los frescos barrocos, la Ermita de San Saturio guarda en sus 13 estancias más de 1.500 años de historia. Un recorrido, piedra a piedra, por el monumento que vigila el Duero desde lo alto de la peña.
Llegar a la Ermita de San Saturio ya es, en sí mismo, parte de la experiencia. El camino serpentea junto al río, entre chopos y peñascos, hasta desembocar en la boca de una cueva que sirve de entrada al conjunto. Es ahí donde arranca la visita, en un espacio natural excavado en la roca donde una vidriera recibe al visitante con la escena del encuentro entre San Saturio y su discípulo Prudencio; el mismo episodio, cargado de leyenda, que dio origen a toda esta historia.
Apenas unos pasos más adelante, el recorrido se adentra en la llamada cueva de San Prudencio, un habitáculo que la tradición señala como el rincón donde el joven discípulo se retiraba a hacer penitencia junto a su maestro. Desde ahí, el camino gira hacia la sala del Cabildo de los Heros, reconocible por el banco corrido que recorre tres de sus lados: aquí se reunía antiguamente la Cofradía de agricultores, una especie de tribunal de las aguas que dirimía los pleitos del regadío en la comarca.
El ascenso continúa hasta la sala de San Miguel, un espacio con un peso simbólico especial, pues la tradición sitúa aquí el lugar donde reposaron originalmente los restos del santo, antes de que fueran trasladados a la iglesia actual; todavía se conservan imágenes de San Miguel y Santa Ana como recuerdo de aquel primer emplazamiento. Muy cerca, casi sin darse cuenta, el visitante pasa junto a la Ventana del Milagro, un hueco discreto en la roca al que se asocia una de las leyendas más entrañables del lugar: la de un niño que, en 1772, cayó desde aquí hasta la orilla del río sin sufrir el menor daño.
A partir de este punto, el recorrido cambia de carácter y se vuelve más didáctico. La sala temática de San Saturio alberga una exposición permanente que repasa con calma la vida del santo, la historia del edificio y el entorno natural que lo envuelve, ideal para quien llega sin conocer previamente la leyenda. Justo después aparece la sala del Santero, antigua vivienda de quien durante generaciones cuidó la ermita, convertida hoy en punto de información y pequeña sala de recuerdos; y, pegada a ella, la sala de la Alcoba, que reconstruye con fidelidad el dormitorio que pudo habitar aquel santero, completada con una cocina castellana de época que traslada al visitante a otro tiempo.
Superadas estas estancias más domésticas, el camino conduce a la sacristía, de planta cuadrada y cubierta con bóveda, donde destaca una talla de Cristo crucificado del siglo XIV, y a la sala del Cabildo o Canónigos, antiguo lugar de reunión del Cabildo de Soria, cuyos muros conservan cuadros con escenas del Génesis.
El recorrido alcanza su punto culminante en la capilla, corazón espiritual y artístico de todo el conjunto: un templo barroco del siglo XVIII de planta octogonal, presidido por el retablo mayor que guarda el busto relicario del santo. Alzar la vista aquí significa encontrarse con los frescos de Juan Zapata y Ferrer, que narran en ocho grandes lienzos los episodios centrales de la vida de Saturio, mientras la cúpula reúne a otras figuras del eremitismo cristiano como San Juan Bautista, San Pablo Ermitaño o San Jerónimo.
La visita se cierra, ya en el nivel más alto del edificio, en la sala del Ayuntamiento, antiguo espacio de reunión de la corporación municipal que hoy ofrece, como premio final al visitante, una de las mejores vistas de todo el recorrido sobre el río Duero.
El regreso, sin embargo, guarda todavía una última sorpresa: la bajada se completa por una escalera exterior tallada en la propia roca, construida en 1703 en sustitución de otra anterior de 1610, que devuelve al visitante al camino junto al río con una perspectiva distinta del conjunto, ya desde fuera, viendo cómo se recorta contra la peña todo el edificio que acaba de recorrer por dentro.
Trece estancias, un ascenso constante desde la orilla del río hasta la cúpula de la capilla, y más de 1.500 años de historia, leyenda y devoción condensados en un mismo edificio: así es la visita a la Ermita de San Saturio.
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