Una tradición oral minoritaria ofrece una versión muy distinta y humana del origen del eremita de Soria
Toda historia tiene también su parte de sombra y la vida de Saturio no iba a ser menos. Frente al relato oficial sobre el ermitaño, existe una tradición oral menos conocida que circula por algunas zonas rurales de la provincia, pero esta historia cuenta una versión totalmente distinta.
En 'Blog de Joaquín Alcalde', especializado en tradiciones sorianas, hay un artículo referente a la historia entre 'San Saturio, San Mateo y la Virgen de la Esperanza' en el que se puede leer un comentario sobre la vida del ermitaño. Una soriana explica que, de pequeña, sus abuelos le contaron que Saturio era "un religioso que se enamoró, y todas las noches cruzaba el Duero en barca para ir a ver a su amada, Cuando se enteraron de esto, le cortaron las piernas para que no volviera a hacerlo".
Es una historia que su propia narradora presenta con cautela, ya que la denomina como "evidentemente leyenda", dejando claro que ni siquiera en el imaginario popular se toma como un hecho histórico equivalente a la vida oficial del santo. Se trata, más bien, de una tradición folclórica marginal, que convive y contrasta con el relato hagiográfico que consolidó la Iglesia y que hoy se cuenta en la ermita.
Lo interesante de esta historia es lo que revela sobre cómo funciona la memoria popular, incluso en nuestros días. Mientras la versión oficial construye a Saturio como modelo de virtud y renuncia, esta otra tradición lo humaniza —o lo desmitifica—, convirtiéndolo en protagonista de una historia de amor prohibido y castigo, mucho más cercana al imaginario de otras leyendas románticas sorianas, como las que después recogería Bécquer.
Y quizá ahí resida su verdadero valor, en recordarnos que necesitamos referentes perfectos a los que aspirar, pero que la imperfección humana siempre encuentra la forma de abrirse paso, incluso en la memoria de un santo.
Sea cual sea su origen real, esta leyenda alternativa añade una capa de complejidad a la figura de Saturio, porque no solo es el santo de los frescos y las procesiones, sino también, en algún rincón de la memoria oral soriana, el protagonista de una historia bien distinta, casi contraria, que sigue contándose en voz baja generaciones después.
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