César ya está en Ponferrada después de completar una de las etapas más largas de su viaje: más de 121 kilómetros desde Benavente, con la lluvia como compañera hasta prácticamente llegar a destino. El agua, un puerto de Manzanal pasado por agua y las historias compartidas con otros peregrinos han vuelto a dejar un capítulo más en un Camino que encara ya su recta final.
Benavente queda atrás y Ponferrada es ya la nueva parada de César. La etapa de ayer volvió a ser de las grandes: más de 121 kilómetros para seguir acercándose a Santiago y una lluvia que, una vez más, decidió acompañarle durante buena parte del recorrido.
El agua estuvo presente prácticamente hasta llegar a Astorga, donde César consiguió por fin ver el sol y secarse. Pero la tregua duró poco. Al llegar al puerto de Manzanal y comenzar el descenso, la lluvia volvió con fuerza. "Me ha diluviado encima", cuenta César.
Y no era precisamente el mejor momento, o no, para recibir un chaparrón. "Es un puerto con mucho desnivel y coges mucha velocidad, entre eso y el agua que caía... chipiado", explica. Una combinación de pendiente, velocidad y agua que convirtió los últimos kilómetros en una auténtica prueba de resistencia.
Pero la etapa también ha dejado algo más que kilómetros y lluvia: historias de peregrinos.
Durante el camino, César se encontró con un grupo al que él mismo define con humor como "jóvenes de 70 años". Viajaban en una furgoneta y cada diez kilómetros se iban turnando para continuar la ruta.
César estuvo unos minutos charlando con ellos y, cuando le preguntaron desde dónde venía. "¿Desde Astorga?", le preguntaron. "De un poco más abajo, desde Cádiz", respondió César entre risas. La respuesta provocó incluso una propuesta inesperada, como la oferta de llevarle con ellos. "Me ofrecieron a llevarme, pero decliné su oferta", cuenta. Aunque reconoce que "la verdad es que llevaban un camino divertido".
No fue el único encuentro que dejó huella en esta etapa. César también encontró a Peter, otro peregrino que viajaba en bicicleta y con quien acabó protagonizando un pequeño pique durante el recorrido.
"Íbamos todo el tiempo picados y adelantándonos uno a otro", relata. Una especie de competición improvisada que terminó convirtiéndose en una anécdota más del Camino. La emoción llegó al coronar el puerto. César, eufórico por haber conseguido llegar hasta arriba, pegó "un grito de alegría". Tanto que Peter se volvió para comprobar qué había ocurrido. "Pensaba que me había caído", cuenta César entre risas.
Son pequeñas historias que aparecen entre pedalada y pedalada y que terminan formando parte de la memoria de un viaje que ya encara su recta final.
Hoy toca parar. César aprovecha la jornada de descanso en Ponferrada para hacer lo que ya estaba previsto: poner a punto la bicicleta después de tantos kilómetros. Y parece que "la máquina de dos ruedas", como él la llama, está respondiendo a la altura del reto. "Por suerte, esta bicicleta que llevo es una máquina", asegura César. De hecho, reconoce que el recorrido habría sido mucho más exigente con otro tipo de bicicleta: "Si hubiera llevado una de montaña me hubiera costado el doble".
Después de tantos kilómetros acumulados, César ya empieza a plantearse cambiar el ritmo de las últimas etapas. "Hacer etapas de 50 kilómetros ya no tiene mucho sentido después de todo lo que hemos hecho", comenta. Y hay otro motivo: "También tengo ganas de ir a casa ya".
Por eso, la etapa de mañana todavía es una incógnita. Lo único seguro es que César saldrá de Ponferrada y que antes de marcharse tiene una misión pendiente. "Soy miembro de la cofradía de Ecce Homo, así que prometí dejar una pulsera en el Ecce Homo que hay aquí", explica.
Después, el camino decidirá. O Cebreiro podría ser el destino de mañana, aunque César todavía no sabe si continuará más allá. La única certeza es que los kilómetros que quedan son ya los últimos de un reto que comenzó en Cádiz y que cada día está más cerca de Santiago.
Y mientras se acerca el final, César quiere seguir haciendo crecer los dos contadores: el de kilómetros y el de donaciones. El objetivo continúa siendo alcanzar los 15.000 euros para una furgoneta adaptada para ASPACE Soria. Las donaciones pueden realizarse a través de la plataforma o mediante BIZUM al 00864. "Quiero dar las gracias a todos porque ya llevamos recaudados cerca de los 4.000 euros", explica César que matiza "pero aún nos queda para llegar al objetivo".
Más de 121 kilómetros ayer. Un día de descanso hoy. Y mañana, un nuevo capítulo cuyo final todavía está por decidir. Porque en este Camino, incluso cuando quedan pocos días, César sigue sin saber exactamente dónde acabará la siguiente etapa.
Mañana, otro capítulo. ¡Buen camino!
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