Soria recuerda a su torero con un trofeo memorial para el triunfador del mano a mano de novilleros de las fiestas de San Saturio.
Estas fiestas de San Saturio la ciudad de Soria recordará a su novillero Diego Redondo, un joven y prometedor torero al que un cáncer se llevó demasiado pronto. El mano a mano entre Jaime de Pedro y David Espejón del domingo 4, como triunfadores del Viernes de Toros, tendrá como guinda la entrega del trofeo Memorial Diego Redondo.
Diego Redondo Tejero nació en Soria el 4 de marzo de 1977 y desde joven estuvo vinculado a la escuela taurina de la ciudad (fundada por la Peña Taurina Soriana) que, por entonces, gestionaba la Asociación Cultural de Tauromaquia de Soria, dirigida por José Luis Palomar. De aquel proyecto salieron nombres como el matador de toros soriano Rubén Sanz, Alberto Berzosa, el banderillero Julio López o Juan Antonio Romero "Garrapincho".
Entre ellos destacaba un tal Diego Redondo, al que no se le conocía herencia taurina familiar pero que se dio a conocer por su estilo clásico. Sereno, de cuello frío dicen los taurinos, con un torero muy vertical y la espalda recta como un palo. Quienes le conocieron lo describen como un joven de su tiempo, un chaval muy divertido al que no le gustaban las extravagancias y que siempre estaba dispuesto a ayudar a todo el mundo, empezando por su padre en el negocio familiar.
Su debut de luces se produjo en Majadahonda, acompañado de sus compañeros Juan Antonio Romero Garrapincho y Alberto Berzosa, que posteriormente han desarrollado una prolífica carrera como banderilleros. En 1993 participó precisamente por San Saturio en un festejo de la escuela taurina soriana que venía a ser el plato fuerte de la siempre convulsa programación de la plaza en las fiestas del patrón.
También fue en Soria y por San Saturio cuando le llegó su debut con picadores. Fue 1999 precisamente su año más prolífico con hasta nueve novilladas por toda España, incluida una en Tarragona donde sustituyó a El Julio. Pero entonces, en su mejor momento, llegó la terrible noticia. Un cáncer se había propagado por su cuerpo y en 2002 se lo llevaría.
La Soria taurina no quiso olvidar su figura. Su talento, sí, pero también su personalidad, y logró con el apoyo de la familia que sus cenizas descansasen en el albero del coso soriano. Un nicho vertical lo convierte en la única persona enterrada en la plaza de toros de Soria, donde tanto tiempo pasó, tanto disfrutó y tanto se le quería. Cada Viernes de Toros, sus amigos le realizan un sentido homenaje antes del comienzo del festejo matinal.
Este San Saturio, otra vez, su figura será recordada con un trofeo memorial que garantiza que el legado de Diego Redondo permanece muy vivo. QEPD.
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