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Conoce la vida de Saturio, el noble que cambió su fortuna por una cueva junto al Duero

Conoce la vida de Saturio, el noble que cambió su fortuna por una cueva junto al Duero

Actualizado 02/10/2026 09:07

Conoce la vida de un ermitaño del siglo VI que nació siendo un noble acomodado y acabó convertido en patrón de Soria

Cuenta la tradición soriana que una familia noble, de origen godo y asentada en Soria, tuvo un hijo llamado Saturio, que nació el 8 de mayo del 493. Prácticamente, no conocemos nada sobre su infancia y juventud, algo que tampoco influye para nuestro relato. Porque su historia, tal y como ha llegado hasta nosotros, arranca realmente el día en que perdió a sus padres.

Convertido de repente en el heredero de una considerable fortuna, Saturio tomó la decisión que marcaría el resto de su vida: repartir todos sus bienes entre los pobres de la ciudad y renunciar a la comodidad que le correspondía por nacimiento. Corría el año 536 cuando se retiró a una cueva natural excavada en la roca, a orillas del Duero, dispuesto a vivir como ermitaño.

Treinta y cinco años de soledad

En aquella cueva permaneció Saturio durante 35 años dedicado a una vida de oración y alejado de aquel mundo de comodidad que decidió dejar atrás. Unos años donde el silencio, casi absoluto, era su fiel compañero. Hasta que en el 564, una visita cambió esa vida en soledad. En aquel año, un joven llamado Prudencio, llegado de tierra alavesa, se presentó ante Saturio dispuesto a convertirse en su discípulo. Pero, llegar hasta él, no le iba a ser tan fácil. Es ahí cuando se produce uno de los episodios prodigiosos más conocidos por los sorianos: se cuenta que Prudencio llegó a cruzar el Duero sosteniéndose únicamente sobre su propia capa extendida en el agua.

Fue precisamente ese milagro lo que llevó a Saturio a aceptar a Prudencio como discípulo, iniciando así los años que compartieron juntos hasta la muerte del ermitaño, el 2 de octubre del año 568, a los 75 años. Fue Prudencio quien le dio sepultura, y quien, con el tiempo, llegaría a ser obispo de Tarazona, difundiendo desde su cargo la devoción hacia su antiguo maestro.

De ermitaño local a patrón de toda una ciudad

Lo que sorprendió fue que la fama de santidad de Saturio no se apagó con su muerte; al contrario, fue creciendo con los siglos. En 1148 ya existía constancia de un pequeño oratorio en el lugar donde había vivido, señal de que su recuerdo seguía vivo. En el siglo XVI, se descubrieron los restos oseos del ermitaño en el interior de la gruta, un hecho que elevó el fervor de los sorianos. El culto se afianzó tanto que, en 1645, se encargó un busto relicario de plata para custodiar sus restos, y en 1649 las autoridades eclesiásticas llegaron a plantearse trasladar sus reliquias a Soria, propuesta que finalmente se descartó por el arraigo que la devoción popular tenía ya en su cueva de origen. Entre 1694 y 1704, sobre la cueva original, se construyó la espectacular Ermita de San Saturio que conocemos hoy en día

El reconocimiento definitivo llegó el 2 de octubre de 1628, fecha en la que Saturio fue nombrado patrón de Soria. Más de un siglo después, en 1743, el papa Benedicto XIV aprobó su canonización, extendiendo oficialmente su culto a todo el obispado. La ciudad respondió con procesiones y festejos que se prolongaron durante días.

Unos festejos que se prolongan hasta nuestros días, casi 1500 años después de su muerte. Cada 2 de octubre, “haga frío o calor”, los sorianos veneran a su patrón, San Saturio. Su historia, a caballo entre la crónica y la leyenda, sigue siendo la de un hombre que eligió la renuncia y la soledad, y que acabó convertido, sin buscarlo, en símbolo de toda una ciudad.

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