El Camino de César ya encara su recta final. Después de superar O Cebreiro y continuar avanzando hacia Santiago, el peregrino afronta hoy una nueva jornada con un objetivo claro: acercarse todo lo posible a la meta para que mañana pueda disfrutar de los últimos kilómetros de un reto que comenzó en Cádiz con un propósito solidario: recaudar fondos para ASPACE Soria.
Hoy, la historia de este viaje nos la cuenta de nuevo su protagonista, César, en una recopilación de las etapas 11 y 12, porque el Camino no espera y César ya ha comenzado la que será su penúltima jornada antes de llegar a Santiago.
El jueves fue la jornada de descanso en Ponferrada, donde nuestro peregrino aprovechó para poner a punto su bicicleta. Así que ayer, día de San Saturio, partió desde allí rumbo a Triacastela.
A la salida de Ponferrada, César hizo una parada que acabó convirtiéndose en uno de esos momentos que difícilmente se olvidan. En Fuentes Nuevas, en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, se encontró con dos personas que atienden a los peregrinos.
César les explicó qué estaba haciendo, de dónde venía y, sobre todo, por qué estaba recorriendo los más de 1.200 kilómetros hasta Santiago: conseguir una furgoneta adaptada para ASPACE Soria.
La historia emocionó especialmente a la mujer, que quiso aportar aunque fuera una pequeña cantidad. "No puedo darte más, pero quiero aportar", le dijo antes de entregarle dos euros. Su compañero también quiso colaborar y puso otros tres euros.
Cinco euros que terminaron acompañados de una promesa. Si César consigue que ASPACE Soria pueda comprar la furgoneta, tendrá que volver hasta aquella iglesia para visitarles.
Y ahora, ese pequeño reto se ha convertido también en parte del suyo.
Después llegó uno de los grandes momentos de estas dos jornadas: O Cebreiro.
César ya conocía la subida, pero esta vez la afrontó de una manera muy diferente. "Esta vez lo he subido mucho mejor que otras veces", explica, incluso llevando consigo toda la carga del viaje. "Tenía muchísima energía".
Pero lo verdaderamente especial llegó al alcanzar la cima.
Porque, según César, el Camino tiene una capacidad difícil de explicar: "Cuando llegas a O Cebreiro te sientes como el rey del mundo". Es esa sensación de mirar atrás y pensar en todo lo que has conseguido y decir: "Jo, lo que he hecho. Fíjate dónde he llegado".
Pero justo al mismo tiempo ocurre lo contrario.
"Te sientes también como la cosa más diminuta del universo", explica. Esa es, para él, una de las grandes contradicciones del Camino: hacerte sentir capaz de comerte el mundo y, al mismo tiempo, recordarte lo pequeño que eres dentro de todo lo que te rodea.
Una sensación que llega precisamente cuando el objetivo está ya tan cerca.
Hoy, la salida desde Ponferrada y el comienzo de esta nueva etapa también han tenido sus particularidades. César y sus compañeros han esperado a que fuera de día antes de ponerse en marcha. "Si sales de noche en Galicia hace un frío del carajo", cuenta.
Esta mañana, además, la niebla les ha obligado a retrasar todavía un poco más la salida. Hasta que no se ha levantado, han preferido esperar antes de ponerse a pedalear.
Ahora ya están en camino. El objetivo inicial es Melide, aunque la jornada podría alargarse hasta Arzúa si las fuerzas acompañan.
César no las tiene todas consigo. "No creo que seamos capaces de llegar hasta allí", reconoce, aunque deja abierta la posibilidad de seguir avanzando si el cuerpo responde.
La razón para intentar acercarse lo máximo posible es sencilla: mañana llega Santiago.
La idea es que la última jornada sea diferente a todas las anteriores.
César y sus compañeros quieren dejar alrededor de 50 kilómetros para mañana. Lo suficiente para llegar a Santiago sin tener que hacerlo con prisas y poder disfrutar de la entrada en la ciudad.
Porque después de tantos días, el objetivo ya no es simplemente llegar. También quieren disfrutar de la llegada.
Quedan apenas unas horas de bicicleta para que termine un viaje que comenzó en Cádiz y que ha llevado a César por cientos de kilómetros, calor, lluvia, caminos complicados, puertos, madrugones y encuentros con otros peregrinos.
Y mientras el final se acerca, también crece el otro contador: el de las donaciones.
Ya se han superado los 2.000 euros para ASPACE Soria, aunque todavía queda camino para alcanzar los 15.000 euros necesarios para la adquisición de la furgoneta adaptada.
César sigue animando a todos aquellos que todavía no han aportado a hacerlo. Porque cada euro cuenta y porque, si finalmente se consigue la furgoneta, habrá que volver a aquella iglesia de Fuentes Nuevas para cumplir una promesa.
Las donaciones pueden realizarse a través de la plataforma o mediante BIZUM al 00864.
Queda un día. Una última etapa. Unos últimos kilómetros. Ya espera Santiago de Compostela.
Mañana, el último capítulo. ¡Buen camino!
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