La naturaleza ofrece uno de sus espectáculos más atrayentes del otoño. Los ciervos entran en celo y se hacen notar, sobre todo al oído, en el silencio de estos compases que marcan un cambio estacional en el monte, que vuelve al silencio.
Es tiempo de otoño. Y de berrea. Cada año, un buen puñado de entornos de la provincia se antojan al oído distintos, incluso estremecedores. No son lamentos, son sonidos que la naturaleza regala, coincidiendo con el arranque de una estación que deja atrás el estío y sirve de tránsito entre los calores de atrás y el frío invierno soriano.
Los ciervos viven estos días su celo reproductivo. Decenas de manadas, algunas de ellas con más de medio centenar de ejemplares, se hacen más visibles a los ojos. Los machos emiten berridos que rasgan el silencio. Un vocabulario que sirve para reclamar un territorio, y a sus hembras.
Este espectáculo es, aún así, más auditivo que visual. Los ciervos corren, enloquecidos, cobijados en el bosque. En ocasiones, estos bramidos se ven acompañados por unos ruidos secos, inesperados, incluso repetitivos: el choque de las astas de los machos sirve para dirimir combates que darán como premio al ejemplar que se apareará con las hembras del grupo. Ellas, con las primeras lluvias, se hacen receptivas a la cópula para dar permanencia a la especie.
Durante estos días, la berrea, si se es paciente, puede ser disfrutada, siempre con el debido silencio para que la naturaleza siga obrando, en lugares que se sitúan sobre todo, en la mitad norte de la provincia.
Zonas como la Reserva de Caza de Urbión y su vertiente en la demarcación de El Valle son un ejemplo. En esta última, Vilviestre de los Nabos es una de las recomendaciones que apuntan por expertos consultados por Soria Noticias. Otra de las demarcaciones dignas de mención es el entorno de la localidad de Arguijo, perteneciente a La Póveda de Soria, en la sierra Cebollera.
Sumando recomendaciones, ya cerca de la capital soriana, y como no podría ser de otro modo, el monte Valonsadero supone un añadido más. Ubicando el punto más probable, podría decirse que los alrededores de Pedrajas, cerca del río, suponen una opción a tener en cuenta.
Cerrando esta relación, se puede probar suerte en Torretartajo, un núcleo perteneciente a Aldehuela de Periáñez, si bien, esta zona, con abundancia otrora de estos cérvidos, ha visto mermada la presencia por accidentes de tráfico y por los daños a la agricultura.
Y por último ya, la sierra del Madero, igualmente ya más al este de la provincia es la última propuesta.
Lo dicho: suerte, prismáticos, paciencia y sí, mucho, mucho silencio.
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