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Sara Moreno, de trabajar en un hospital de Madrid a los montes de Soria: "Esto sí es vida"

Sara Moreno, de trabajar en un hospital de Madrid a los montes de Soria: "Esto sí es vida"

Actualizado 15/10/2026 20:28

Con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, la historia de Sara Moreno Martínez refleja los retos y las oportunidades de quienes eligen construir su futuro en los pueblos. Después de 20 años trabajando en radiología, dejó Madrid para criar a sus hijos en Vinuesa, rodeada de naturaleza. No llegó con un negocio entre manos, sino con una idea de vida. Después tuvo que encontrar la manera de ganarse la vida allí y acabó creando su propio proyecto de joyería botánica, entre madera, resina y pequeños fragmentos de bosque. Su recorrido habla de reinvención, conciliación y del esfuerzo que hay detrás de la decisión de vivir en el medio rural.

Hay decisiones que se toman pensando en el trabajo, en las oportunidades o en el futuro profesional. Y hay otras que empiezan mucho antes, con una pregunta aparentemente sencilla: ¿es así como queremos vivir cuando nazcan nuestros hijos? Sara Moreno Martínez y su marido lo tenían claro. No había un negocio esperando, ni un oficio nuevo en el horizonte, ni un plan detallado sobre cómo sería su futuro. Había una idea de vida. Lo demás tendrían que descubrirlo por el camino.

Durante 20 años, Sara trabajó en radiología en uno de los hospitales más grandes de Madrid. Pero llevaba tiempo imaginando junto a su pareja otra forma de vivir: en un pueblo pequeño, rodeado de montañas y naturaleza, donde criar a sus hijos lejos del ritmo de la gran ciudad. Vinuesa terminó siendo el lugar elegido, aunque hacer realidad aquel proyecto tuvo que esperar.

"Cuando nació mi primer hijo llegó la pandemia, así que tuvimos que esperar un poco para poner en marcha esa nueva aventura", cuenta a Soria Noticias. Fue con la llegada de su segundo hijo, un par de años después, cuando dieron el paso definitivo.

Ya instalada en los montes sorianos, Sara tuvo que resolver una cuestión fundamental. ¿Cómo ganarse la vida en ese lugar? "El hospital siempre iba a estar ahí, siempre podía volver. Pero tenía que intentar hacer algo más para conseguir la vida que quería", explica.

Y empezó a mirar a su alrededor durante sus paseos por la naturaleza con sus hijos. Si algo abunda en Vinuesa es la madera, así que pensó que podía aprovecharla para crear algo propio. De esa idea nació el 'Foto-árbol', creado con una pieza de madera natural con corteza, un pequeño trípode y una fotografía personalizada integrada en resina. Era el comienzo de un camino desconocido, en el que tendría que aprender prácticamente todo desde cero.

Reinventarse profesionalmente desde cero

"Yo no tenía ni idea de joyería botánica". Sara fue aprendiendo por su cuenta, con vídeos, tutoriales y muchas pruebas. Encontrar la resina adecuada, descubrir qué plantas podía utilizar y averiguar cómo conservarlas sin que perdieran sus características le llevó cerca de un año.

"Hay mucho ensayo y error, porque tú puedes tener una idea en la cabeza, pero luego tienes que conseguir que funcione". La temperatura, los materiales y la respuesta de cada planta obligaban a experimentar una y otra vez. En ese proceso también encontró ayuda en los vecinos de Vinuesa. "La gente aquí está muy dispuesta a ayudarte. Te dan ideas, te cuentan cosas y te echan una mano".

Fue mientras trabajaba con la resina cuando se le ocurrió ampliar las posibilidades de su primera creación. "Veía que la gente cogía cosas del monte y pensé que estaría bien poder conservarlas. Que pudieras llevarte un trocito de bosque contigo". Así empezaron a aparecer "pequeños bosques dentro de llaveros y otras piezas elaboradas con flores y plantas". Aquella idea fue creciendo hasta convertirse en 'Bosque de Bolsillo', su proyecto de joyería botánica.

Sara no había llegado a Vinuesa para emprender, pero acabó construyendo una actividad profesional ligada al entorno que había elegido para su familia. Aprender un oficio nuevo era solo una parte del reto; la otra consistía en hacerlo compatible con la vida que quería llevar.

El tiempo que cuesta construir la vida que quieres

"Lo más complicado ha sido encontrar el equilibrio entre el tiempo que necesitas para que el negocio salga adelante, los niños y la casa". Sara habla de la conciliación sin idealizarla. Trabajar desde casa le permite estar presente en la crianza, pero también hace difícil separar las horas de trabajo de las obligaciones familiares. Los pedidos, las pruebas y el resto de las tareas tienen que encajar entre las necesidades de sus hijos y el día a día doméstico.

Además, ella y su pareja están lejos de sus familias. No tienen cerca a los abuelos para que cuiden de los niños unas horas cuando el trabajo se acumula. "Estamos solos aquí, no tenemos a la familia cerca para que se queden con los niños. Al final, tienes que buscar los ratos para trabajar y hay momentos en los que es complicado llegar a todo".

A esas dificultades se han sumado momentos personales duros, como la muerte de su madre. Emprender mientras se cría a los hijos y se atraviesan circunstancias así no siempre permite avanzar al ritmo deseado. Vivir en la naturaleza no elimina las preocupaciones, pero Sara siente que ha ganado algo importante.

"Para mí, lo importante es haber encontrado una manera de estar 24 horas con mis hijos, de trabajar desde casa y de aprender todos juntos". Salir al monte, recoger materiales y prepararlos después para sus creaciones forma parte de esa cotidianidad que buscaba cuando dejó Madrid. No significa que todo sea sencillo, sino que el esfuerzo tiene sentido para ella.

"Esto sí es vida y es la que yo he querido tener", explica. Y añade: "Quería tener la vida que siempre había soñado y esta creo que la supera". Aunque todavía tiene retos por delante para consolidar su negocio, siente que ha encontrado una forma de trabajar sin alejarse de aquello que la llevó hasta la comarca de Pinares.

Un futuro por descubrir

"¡Adonde nos lleve la vida!". Sara no tiene una hoja de ruta cerrada. Después de aprender el oficio por su cuenta, ahora busca nuevas formas de dar a conocer su trabajo. Ha empezado a impartir talleres y le gustaría contar algún día con un pequeño local, aunque prefiere avanzar sin marcarse plazos.

También quiere que sus hijos crezcan viendo que existen otras maneras de organizar la vida y el trabajo. "Esto también es un aprendizaje para mis hijos. Ellos pueden ver cómo no es necesario vivir en una gran ciudad para tenerlo todo. El monte, la naturaleza, la gente que te rodea, que te cuida, que te ayuda... eso no tiene precio".

Su experiencia refleja algunos de los retos de la mujer rural, como el crear oportunidades laborales y conciliar cuando la familia está lejos y la red de apoyo es limitada. No todo es fácil; hay incertidumbre y días en los que el tiempo no alcanza para todo. Pero también la posibilidad de trabajar desde casa, estar presente en la crianza y compartir con sus hijos el entorno que eligió como hogar.

La historia de Sara es también la de tantas mujeres que han apostado por el medio rural y han tenido que abrirse camino para construir la vida que desean. Mujeres que, con esfuerzo, iniciativa y capacidad de adaptación, no solo sacan adelante sus propios proyectos, sino que contribuyen a mantener vivos los pueblos de Soria.

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