La vecina recibe el homenaje de las instituciones, amigos y allegados tras un siglo viviendo en su casa natal. Los actos incluyen una misa, un almuerzo y música en directo.
La conocida como La Placituela de San Esteban de Gormaz ha vivido este martes, 20 de octubre, una jornada de especial significado con motivo del 100 cumpleaños de Pilar Fresno Sastre. Nacida en esta misma plaza de San Esteban el 20 de octubre de 1926, la homenajeada continúa un siglo después levantando a diario la persiana de aquella misma vivienda que la vio crecer, convertida hoy en el epicentro del cariño de toda una localidad que festeja su memoria de hierro.
Los actos conmemorativos han dado comienzo con una ceremonia religiosa en el templo parroquias de San Esteban, una celebración que ha contado con el acompañamiento musical de dos de sus nietos mayores, quienes han amenizado la liturgia cantando y tocando la guitarra. Tras la misa, la Diputación de Soria y el Ayuntamiento de San Esteban, representados por Daniel García, han hecho entrega a la protagonista de una placa conmemorativa y del acta de su nacimiento para celebrar junto a ella estos años llenos de felicidad.
Habida cuenta de su carácter activo, ha sido la propia cumpleañera quien se ha encargado de organizar este centenario, trasladando la celebración más allá de su comedor habitual, donde los domingos cada vez cuesta más sentarse por el crecimiento de la familia. De este modo, el almuerzo ha logrado reunir a más de una treintena de familiares y amigos en torno a la mesa.
Para culminar la jornada por todo lo alto junto a sus vecinos, el Centro de Pensionistas San Miguel acoge durante la tarde el tramo final del festejo. Allí, los asistentes conmemoran estos 100 años al ritmo de la música favorita de Pilar, interpretada para la ocasión por el grupo soriano Monipolio.
La trayectoria vital de Pilar Fresno Sastre, relatada en esta jornada tan señalada por una de sus nietas como forma de agradecerle todo lo que ha demostrado a los suyos, hunde sus raíces en la propia plaza de San Esteban. Allí pasó su infancia junto a sus padres, Vicente y Antonia, ambos naturales de Atauta, y en compañía de sus hermanos Valentina, Felisa, Antonio y Julián.
Entre los seis y los 14 años acudió al colegio, una etapa que evoca como una de las más felices de su existencia junto a sus maestras, doña Vitorina, Vicenta y Juliana. En su memoria permanecen intactos los recreos jugando a la chuta con los huesos del cordero o saltando a la comba, así como las tardes alrededor de la Plaza Mayor donde los niños de entonces se entretenían jugando al esconderite y a 'Ladrones que robais'.
Pese a que le tocó vivir la Guerra Civil, la Dictadura, tuvo una niñez feliz, marcada no obstante por la lejanía de su padre, quien trabajaba como chófer del Gobernador Civil de Soria. Aquel oficio le obligaba a viajar al frente en varias ocasiones, siendo que la centenaria recuerda aún con especial afecto cómo en las Navidades del 36 su progenitor apareció en casa cargado de regalos tras permanecer meses fuera por las circunstancias que atravesaba el país.
Al cumplir los 18 años, inició su andadura laboral como administrativa en la empresa de la localidad García del Valle, un desempeño que la convirtió en una mujer independiente y trabajadora y que le permitió recorrer toda España. Durante aquel tiempo viajó por Galicia, Extremadura, Castilla-La Mancha, Cataluña y Andalucía, llegando incluso a visitar Portugal y Francia, experiencias que alimentaron su inagotable curiosidad por aprender. Tanto es así que ella misma afirma que, de haber vivido en otra época, le habría gustado estudiar Historia, inquietud que suplió más mayor realizando cursos de cultura general y teatro cuando tuvo oportunidad.
La vida sentimental de esta vecina dio un paso decisivo a los 21 años, cuando comenzó su noviazgo con Mariano Moreno, con quien contraería matrimonio una década más tarde, a los 31 años. Tras casarse y después de mantener durante unos años más aquel empleo que tantas vivencias le aportó, pasó a dedicarse al oficio de costurera desde casa, una estampa cotidiana que todavía hoy permanece grabada en el recuerdo de sus nietos.
Junto a su marido inició una nueva etapa en la que tuvieron a sus tres hijos, Felisa, Jesús y María Pilar, quienes crecieron igualmente en la vivienda familiar de La Placituela. Con el paso del tiempo, aquel hogar vio cómo el comedor se iba llenando progresivamente con el nacimiento de sus seis nietos, Sara, Marta, Guillermo, Sofía, María y Javier, quienes recorrieron y vivieron la misma plazuela buscando siempre a través de la ventana la figura de su abuela, que al fondo en la cocina dejaba ya listas sus tradicionales patatas deshechas.
En la actualidad, esa misma dicha alcanza a sus bisnietos, entre los que se encuentran Paula, hija de su nieta Sara, que desde Estados Unidos mantiene el contacto mediante videollamadas con "La bisa", así como David y Álex, hijos de su nieta Marta, que a diario llenan el salón de juguetes. Toda esta familia, que ve en ella un refugio de calma, hogar y seguridad, ha querido arroparla hoy para demostrar que son el fiel reflejo de sus enseñanzas y de una forma de entender la vida donde lo cotidiano se vuelve imprescindible.
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