Con más de cuatro décadas de oficio a sus espaldas, la réplica de la ermita es la joya de su colección en miniatura. Su gran ilusión ahora es ceder la obra a un espacio público para que vecinos y visitantes puedan contemplarla.
Hay manos que no solo trabajan el barro, sino que logran atrapar la memoria y la esencia de toda una provincia. Para Rebecca McShane Armstrong, moldear la arcilla nunca ha sido solo una técnica, sino un hilo invisible que une los momentos más felices de su vida con los lugares que ha habitado. Criada en la localidad mallorquina de Sa Cabaneta (Marratxí), un pueblo conocido popularmente como Saterra de Fang o "la tierra del barro", Rebecca recuerda cómo de pequeña jugaba entre colinas de arcilla.
Cuando tenía unos doce años, su madre empezó a hacer cerámica en casa como afición junto a una vecina, trayendo a casa el olor a tierra limpia y el primer horno. A los catorce años, casi sin darse cuenta, Rebecca ya había moldeado sus dos primeras piezas para dos amigas. De aquel juego de infancia nació una pasión inmensurable que, con los años y tras afincarse en Castilla y León, culminaría en su obra más ambiciosa: dar forma en arcilla al corazón mismo de Soria y a su emblemática ermita de San Saturio.
Ver por primera vez la ermita de San Saturio colgada sobre la roca del río Duero fue para Rebecca "una mezcla de fascinación y desafío". La arquitectura integrada en la piedra y la experiencia de entrar al templo a través de una cueva despertaron en ella unas ganas inmediatas de recrearlo. Sin embargo, la complejidad del edificio le dio más de un quebradero de cabeza.
Rebecca dedicó unos seis meses únicamente a documentarse, buscar esquemas e indagar en internet, apoyándose en la cuenta de Instagram @sorianitelaimaginas. Pero la pantalla no bastaba para captar el relieve real. "Fui como 400 veces contando escalones, mirando la entrada y tomando fotos", recuerda sobre sus visitas al enclave para asegurar cada detalle. "Es el reto más bonito, pero también el que me ha dado más dolores de cabeza", confiesa con una sonrisa en la cara.
Con la ayuda de su marido para tomar las medidas en el terreno, trasladó cada muro a planos precisos, cortó planchas de arcilla del mismo grosor e incorporó estructuras internas de refuerzo. "Tengo que hacer lo mismo que una pared maestra y meter vigas en la arcilla para que no se doble", explica. Construir la estructura le llevó entre cinco y seis meses, a los que sumó más de un mes de secado continuo, girando la pieza a diario para que perdiera humedad de forma uniforme y no se resquebrajara. Tras dejarla reposar casi diez meses en barro crudo para disfrutar de su textura natural, comenzó el proceso de pintura, completando más de un año de trabajo en total. El resultado la llena de satisfacción: "Me sorprende y me flipa cuando las veo acabadas, me da mucha satisfacción".
Aunque San Saturio es su pieza estrella, el idilio de Rebecca con el patrimonio soriano se despliega por otras muchas iglesias, ermitas y rincones de la provincia. Para una exposición en San Leonardo, recreó la icónica ermita de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos. Al no disponer de un plano completo, una amiga que visitó la zona la ayudó contando los ladrillos de la torre para calcular la altura. Hoy esta pieza puede contemplarse expuesta en Soria Gráfica.
Durante los tres años y medio que residió en Sotillo del Rincón, moldeó la ermita del Santo Cristo Humilladero, obra que donó con cariño a la propia iglesia del pueblo. También ha creado otras piezas de arquitectura popular como el Museo de la Mantequilla de Molinos de Razón, este último dejado a medio acabar a propósito para mostrar al público el proceso interno de la arcilla.
Todas estas piezas vivieron un viaje delicado desde su pequeño taller en casa hasta los hornos de Tajueco, donde el alfarero Alfonso y su hija Jara hornean el 90 % de sus obras. Para el traslado, "mi marido conduce con suma precaución mientras yo sostengo la maqueta con mis propias manos o con cojines para amortiguar cualquier bache en la carretera", explica entre risas.
Esta dedicación minuciosa está ligada a una vida entera dedicada al arte. Tras estudiar dibujo, modelado y cerámica en la Escuela de Artes y Oficios de Palma y realizar un curso de maquetismo en Italia en los años ochenta, Rebecca creó en 1998 su primera gran escultura en arcilla: la catedral de Binissalem (Mallorca). A lo largo de más de cuarenta años ha elaborado más de cuatrocientas maquetas.
Establecida en la provincia de Soria desde julio de 2020, donde vive actualmente en la localidad de Tera, Rebecca ha encontrado en la tranquilidad castellana su lugar en el mundo. Sin embargo, un problema de salud visual surgido el año pasado a causa de una medicación le ha impedido seguir realizando maquetas de esta escala, convirtiendo a San Saturio y a sus ermitas sorianas en un conjunto cerrado e irrepetible.
Rebecca se niega a vender sus maquetas porque las siente como "pequeñas hijas" que custodian pasajes de su propia vida. Por ello, su gran ilusión es que la maqueta de San Saturio pueda ser cedida y expuesta en un espacio público de referencia en la ciudad, como el Palacio de la Audiencia o el Ayuntamiento de Soria. De esta manera, vecinos y visitantes podrán admirar la riqueza del patrimonio soriano inmortalizado en barro, mientras su creadora mantiene vivo el vínculo con las obras que han marcado su vida.
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