El Festival de las Ánimas reúne a los asistentes más atrevidos en el templo románico del siglo XI para revivir la tradición de escuchar relatos de miedo bajo el cielo estrellado y a la luz de cientos de velas.
"Hay una atmósfera difícil de describir al cruzar el umbral de las ruinas de San Nicolás cuando cae la noche". En este templo románico desacralizado del siglo XI, la luz temblorosa de cientos de velones encendidos uno a uno disponen el escenario perfecto para un ritual olvidado en tiempos modernos: sentarse a escuchar relatos de misterio en mitad de la penumbra.
En el marco del centenario de la irrupción del terror cósmico, surgido en los años veinte tras las observaciones galácticas de Hubble y la narrativa de H. P. Lovecraft, y bajo la estela del reciente eclipse en la provincia, las lecturas de esta edición centran su mirada en la insignificancia de la especie humana frente a invasiones, parásitos y amenazas del firmamento.
Para el director del certamen, Ernesto López, la liturgia que se desencadena en San Nicolás responde a una necesidad afectiva que la vida adulta suele arrinconar. "De niños nos leían cuentos y de pronto hay una ruptura en cuanto llegamos a la adolescencia", reflexiona López. "Estar en silencio, en armonía entre un público de más de 100 asistentes en un espacio mágico como las ruinas de San Nicolás tiene algo místico. Seguramente sus constructores en el siglo XI no diseñaron la iglesia para esto, pero nos viene que ni pintado", sostiene a Soria Noticias.
El responsable del festival destaca además la complejidad técnica de trasladar a la intemperie obras concebidas para la intimidad de un dormitorio. Sostener la atención a merced del viento o el frío puede rozar la tortura, pero el resguardo de las estufas y el suspenso compartido transforman la helada en un ingrediente más de la sugestión.
Sobre el escenario, la vivencia de quienes encarnan la lectura es igual de visceral. César Millán, reconocido librero soriano de voz rasgada y profunda apasionado del género, describe el impacto de cruzar la puerta del templo: "No somos actores, somos lectores, pero al fin y al cabo estás viviendo esa propia historia", recalca a Soria Noticias.
Millán, encargado de dar vida al inquietante texto 'El hombre, cómo servirlo' de Damon Knight, asegura que el momento culminante ocurre al percibir la reacción invisible de la grada: "Como está todo oscuro no se ve mucho, pero notas la respiración. El silencio es fundamental", relata sobre la concentración de los asistentes. "Y cuando al terminar alguien, sobre todo los chicos más jóvenes, te dice 'he pasado miedo', para ti es una satisfacción tremenda porque sabes que has calado y has llegado como querías", señala.
La sesión ofrece un contrapunto sonoro muy marcado: frente a la sobriedad rasgada de Millán, resuena la voz aterciopelada y modulada de Marina Lorenzo, actriz de doblaje y cantante que ha abordado el relato de George Alec Effinger 'Los extraterrestres que lo sabían todo, pero todo'. La presencia de Lorenzo encierra además una hermosa historia humana: siendo un bebé en 1986, ya acompañaba a su padre Ángel Lorenzo en las primeras veladas de lectura, cerrando hoy un viaje de ida y vuelta de casi 41 años ligado a la memoria colectiva del festival.
Más allá del estremecimiento narrativo, la cita revela un formidable tejido comunitario. "Unos 1.000 voluntarios, desde estudiantes italianos de intercambio colocando velas, pasando por jóvenes de Cáritas o talleres de empleo confeccionando trajes, hasta 200 percusionistas, sostienen un motor cultural que genera en torno a 2 millones de euros de impacto económico local", señala Ernesto López.
Cuando se apagan las últimas velas y concluyen los relatos, los asistentes abandonan San Nicolás con el frío de la noche soriana en el cuerpo, pero con la satisfacción de haber compartido, un año más, la vieja costumbre humana de reunirse a pasar miedo.
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