Un equipo de investigadores de universidades japonesas constata en condiciones reales de campo la existencia de transmisión de señales bioeléctricas subterráneas entre setas tras episodios de precipitaciones. La monitorización mediante electrodos en ejemplares del género Hebeloma demuestra que la humedad activa un flujo constante de información que conecta incluso a ejemplares de especies distintas.
¿Hablan las setas? Al menos entre sí. La fascinación de la ciencia por desentrañar los secretos que esconde el subsuelo de los bosques ha sumado un sorprendente experimento. Así lo detalla una investigación liderada por el científico japonés Yu Fukasawa junto a investigadores de las universidades de Tohoku y Kyushu, publicada en la revista especializada Nature, ha logrado registrar sobre el terreno cómo los hongos silvestres intercambian impulsos bioeléctricos de información a través del suelo, un fenómeno que se activa y modula de forma notable ante la presencia de agua y lluvia.
El trabajo de campo, desarrollado en un bosque mixto de robles en la localidad nipona de Kami, se centró en la monitorización de 37 cuerpos fructíferos silvestres correspondientes a las especies 'Hebeloma danicum' y 'Hebeloma cylindrosporum'. Los investigadores insertaron microelectrodos dérmicos de acero inoxidable conectando el sombrero y el pie de cada ejemplar para registrar las diferencias de potencial eléctrico segundo a segundo a lo largo de tres días y medio ininterrumpidos de mediciones.
A diferencia de ensayos de laboratorio previos, los autores detectaron fluctuaciones eléctricas significativas desde el primer minuto. La clave residía en que la zona había registrado cuatro milímetros de lluvia el día antes de comenzar las mediciones, lo que según los expertos activó los mecanismos electrofisiológicos subterráneos de los hongos. Durante el periodo de seguimiento, una fina lluvia bastó para alterar sustancialmente los patrones y conexiones de las señales entre los diferentes ejemplares estudiados.
Para comprobar la reacción de la red fúngica ante estímulos puntuales de humedad, el equipo aplicó adiciones artificiales de agua. Al verter 200 mililitros de líquido exclusivamente en la base de una seta concreta, el flujo medio de información bioeléctrica hacia el resto de ejemplares creció de forma inmediata en un intervalo de 30 minutos. Sin embargo, al regar de manera global toda la superficie parcelada, el intercambio informativo descendió notablemente, toda vez que cada seta comenzó a activarse de forma autónoma e independiente.
El análisis genético y de causalidad matemática arrojó además un dato sumamente llamativo al comprobarse que estas corrientes no circulan únicamente entre ejemplares de un mismo clon o micelio, sino que la transmisión se extiende a ejemplares de especies distintas que comparten el suelo del bosque. Los científicos identificaron ejemplares que operaban como emisores directos y otros como receptores con respuestas rápidas ante el estímulo hídrico.
Los investigadores han destacado que estos hallazgos confirman la presencia de una compleja red de comunicación eléctrica bajo el suelo forestal que responde activamente a los cambios meteorológicos y a la distribución heterogénea de agua. Futuras investigaciones tratarán de esclarecer las funciones biológicas exactas que desempeñan estos impulsos en el crecimiento y supervivencia del ecosistema micológico.
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