Artículo de opinión de Javier Jiménez Santamaría, concejal del PP en el Ayuntamiento de Soria y candidato al Senado el 29N.
Aristóteles decía que el hombre es un animal político. Lo que no se podría imaginar es que Sánchez pudiera convertir la política en un zoológico donde el rugido sustituyera al argumento y el insulto al pensamiento no afín.
Los zurdos de este país presumen de tolerancia, pero parecen tener serios problemas para tolerar que algunos pensemos de manera diferente.
Esto nos lleva pasando tres años largos con los “compis” progres del chiringuito de Soria: son los campeones del diálogo siempre que el interlocutor les dé la razón; los guardianes de la libertad siempre que nadie ejerza la suya en dirección contraria; y los propietarios de la democracia como si hubieran recibido la herencia del “amo Martínez” con las escrituras inscritas en el Registro de la Propiedad.
Pues el sanchismo también ha conseguido un prodigio filosófico: convertir la discrepancia en pecado, la crítica en provocación y la alternancia política en una amenaza para la humanidad.
Lo verdaderamente preocupante no es que existan radicales. Radicales ha habido siempre, en todas las ideologías. Lo preocupante es la indulgencia con la que algunos justifican la intimidación cuando procede de quienes consideran políticamente próximos. Porque la violencia no se vuelve democrática por llevar una pancarta progresista, ni un insulto se convierte en argumento por pronunciarse en nombre del pueblo.
Y es que el presidente ha confundido demasiadas veces el Estado con su Gobierno, el Gobierno con su partido y su partido consigo mismo. Una concentración de protagonismo que recuerda aquel viejo chascarrillo: “¿Cuál es la diferencia entre Dios y algunos políticos? Que Dios no se cree político”.
Por eso, ante las elecciones del 29 de noviembre, la cuestión de fondo va mucho más allá de unas siglas incluidas las mías; las del Partido Popular. Se trata de recordar que las urnas no son un trámite para ratificar al gobernante, sino el instrumento para poder despedirlo.
Tanto Sánchez como todos los zurdos perpetrados en este Ayuntamiento podrán seguir repartiendo carnés de progresista, certificados de superioridad moral y advertencias sobre la pérdida de su poder… Pero los “cojones” de la misma calle que quieren arder les recordará que quien necesita presentar a todos sus adversarios como enemigos de la democracia; quizá tenga un problema con la democracia misma.
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