Mientras los más pequeños recorren las calles en busca de gominolas de Halloween, las pastelerías sorianas se llenan de otros protagonistas: los huesos de santo y los buñuelos de viento. Dos dulces tradicionales de Todos los Santos que esconden siglos de historia, curiosas leyendas y un sabor que sigue conquistando generaciones.
Desde hace unas semanas, las tiendas de golosinas, supermercados y alimentación han llenado sus estantes de decenas de gominolas dedicadas al Halloween. Esqueletos, Catrinas, calabazas talladas, vampiros y brujas. Los más pequeños se preparan para hacer su recorrido y recaudar estos manjares de gelatina. Sin embargo, los más mayores, se acercan a las pastelerías para recoger sus propios dulces del ‘Día de difuntos’. Dulces que se cocinan durante siglos para estos días y están rodeados de historias y leyendas.
Si hay un elemento fundamental en estos días son los huesos. Esqueletos, calaveras, tibias o peronés, decoran muchos de los rincones de calles, establecimientos o supermercados de toda la provincia. Pero, los más especiales son los que inundan los escaparates de las pastelerías. Bandejas enteras llenas de ‘restos óseos’, rellenos de nata, crema o trufa. Hablamos, cómo no, de los tradicionales ‘huesos de santo’.
Este dulce tan típico de estas fechas, está muy arraigado no solamente en Soria, también en toda España. Se cree que fue creado en el siglo XVII, cuando un monje benedictino de Valencia creó este dulce. Según cuenta la historia, su forma cilíndrica evocando a un hueso junto con el relleno blanco, recordando a la médula, es la representación que diseñó el religioso para rendir tributo a aquellos que ya no están entre nosotros, simbolizando la idea de que, 'si bien la carne perece, el alma (o el hueso) perdura'.
A pesar de que Todos los Santos es una festividad religiosa, el consumo de estos dulces ha transcendido cualquier barrera cultural o religiosa. Porque a nadie le amarga un buen dulce, este producto ha sabido amoldarse a los tiempos y convertirse en un ‘bocado de cielo’ para todas las edades y creencias.
Otro de los protagonistas de este día, son los 'buñuelos de viento'. Unos ‘bocaditos’ que, aunque son muy populares en muchos rincones del mundo, tienen sus raíces en la península ibérica. Se cree que su origen se remonta a la época de los moriscos en España, entre los siglos VIII y XV. Se cuenta que, en un gesto de creatividad de los moriscos, mezclaban harina, agua y levadura, creando así una receta que perdurará a lo largo de los siglos. Su arraigo a la tradición cristiana vino en 1492, cuando fueron expulsados de la península.
Pero, ¿sabes por qué son tan típicos de Todos los Santos? Cuenta la leyenda que 'por cada buñuelo de viento que se come, un alma es liberada del Purgatorio'. Según la tradición religiosa y popular, gracias a este acto de devoción o recuerdo, la levedad de esta masa frita que se infla al cocinarse, representa a las almas elevándose y escapando del Purgatorio.
Así que, cuando tengas antojo de dulce en estos días o vayan a pedirte “truco o trato” en la noche de Halloween, sorprende con unos buñuelos y, entre todos, podéis sacar alguna que otra alma del purgatorio.
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