La primera ronda del concurso del Mejor Torrezno del Mundo nos ha permitido conocer a Raúl Valverde. Esta es su historia, que habla del poder integrador de la gastronomía y de cómo un producto tan soriano puede traspasar fronteras.
El aroma inconfundible del torrezno ha vuelto a impregnar el ambiente del Círculo Amistad Numancia. Allí se ha celebrado la primera ronda del concurso del Mejor Torrezno del Mundo. Entre los aspirantes que se han dado cita para demostrar su destreza frente a los fogones, 10 en total, destaca un nombre propio que ya sabe lo que es saborear el éxito: Raúl Valverde.
Representando a la Taberna Capote y asesorando al equipo de hostal San Andrés, Valverde ha acudido a la cita con la tranquilidad que otorga la experiencia y el respaldo de unas personas que conocen a la perfección las exigencias del certamen. Su historia es la de una integración plena a través de la cocina. Aunque sus raíces se encuentran en Ecuador, su corazón y su técnica son puramente locales. "Llegué hace 20 años y ya soy un soriano más", ha asegurado con orgullo.
La participación de Valverde en esta edición no es casualidad ni fruto de la improvisación. El cocinero ha revelado que el trabajo previo ha sido intenso para llegar a este día con las máximas garantías. "Llevamos una semanita seleccionando la panceta, oreándola y luego pochándola para hoy darle el toque final", ha explicado sobre el proceso de selección y tratamiento de la materia prima, un aspecto crucial para obtener el torrezno perfecto.
El listón está alto, y él mismo es consciente de los logros pasados. Recuerda como, el año pasado, consiguió el pase a la final con los dos establecimientos con los que participó. Esta experiencia previa ha servido para templar los nervios que suelen acompañar a la competición. Según ha confesado el propio chef: "La primera vez sí me ponía nervioso, pero hoy mismo ya no".
El camino de Raúl Valverde hasta convertirse en un maestro del torrezno es un aprendizaje continuo. Cuenta a este medio que, aunque en su tierra natal existen preparaciones similares, las diferencias son notables. "En Ecuador tenemos los chicharrones, que es el mismo producto, pero la forma, el corte y la técnica los aprendí en Soria", ha matizado.
Su formación en la capital soriana ha estado ligada a nombres históricos de la hostelería local. Valverde ha destacado su paso por un establecimiento emblemático que ha servido de escuela para muchos profesionales. En Casa Garrido, "entre compañeros", logró perfeccionar aspectos tan importantes como la temperatura, el tiempo, el oreado para alcanzar ahora "casi la perfección", bromea.
Uno de los aspectos más técnicos que ha compartido el representante de la Taberna Capote es la evolución en los tiempos de elaboración del producto. Lejos de estancarse, su técnica ha seguido puliéndose para optimizar el resultado final sin sacrificar la calidad. Esta maestría en el control del calor le ha permitido agilizar el proceso de forma considerable. "Actualmente un torrezno se puede hacer en 45 minutos", confiesa.
Para finalizar, y ante la eterna pregunta de si existe una fórmula mágica para el éxito en este plato, Valverde se ha mostrado humilde y pragmático, restando misticismo a su labor y poniendo en valor el nivel general de la gastronomía soriana. "Secreto no, simplemente tiene su truco, pero no es nada imposible", ha concluido, añadiendo que "hoy mucha gente lo hace muy bien".
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