Tierras Altas refuerza su tejido comercial y social gracias a la determinación de Viviana y Aida, dos emprendedoras que lideran la apertura de nuevos establecimientos esenciales en San Pedro Manrique y Villar del Río. Estos negocios no solo garantizan productos básicos, sino que actúan como puntos de encuentro vitales para combatir la despoblación en la comarca.
En Tierras Altas, donde el invierno se siente en los huesos y la distancia a la capital se mide en algo más que kilómetros, abrir una tienda es casi un acto de resistencia. Viviana, en San Pedro Manrique, y Aida, en Villar del Río, son los nombres propios de esste nuevo capítulo. Entre estanterías y productos frescos, estas emprendedoras no solo venden alimentos, sino que ofrecen un servicio social frente al problema de la despoblación.
Para los 626 vecinos de San Pedro Manrique, el pasado sábado no fue un día cualquiera. La inauguración del supermercado 'Virgen de la Peña' marcó el fin de una incertidumbre que comenzaba con la jubilación del dueño del emblemático 'El Motores' hace dos años. Tras este retiro, otra mujer tomó las riendas del negocio hasta que este terminó cerrando sus puertas justo un día antes de la apertura del nuevo establecimiento.
Al frente de este reto está Viviana, una mujer ecuatoriana que, tras 25 años viviendo en la comarca y trabajando de cara al público, ha decidido embarcarse en esta "nueva ilusión": "El pueblo necesita muchos servicios y nosotros queríamos dar visibilidad al supermercado para que los vecinos no tengan que ir hasta Soria a por las necesidades básicas", explica. Su establecimiento, ubicado en lo que antes era el antiguo matadero comarcal, ha sido transformado gracias a la gestión municipal y los fondos europeos, pero también impulsado desde la Mancomunidad de Tierras Altas.

Aunque los precios puedan ser ligeramente superiores, Viviana tiene claro que "la cercanía de tenerlo a un pie de casa compensa", especialmente para las personas mayores que carecen de medios para desplazarse. Para ella, su motor principal es el contacto humano: "Estar con la gente de a pie y conocer a los vecinos es la magia que ha hecho que siga adelante". Una nueva aventura que no encamina sola, pues comparte mostrador con la novia de su hijo, y este le ayuda puntualmente en todo lo que necesita.
A pocos kilómetros, en Villar del Río, la historia de Aida refleja otro tipo de retorno. Ella y su marido dejaron atrás la velocidad de Madrid para buscar la “tranquilidad del pueblo” para ellos y sus tres hijos pequeños. Lo que empezó como una tienda gestionada por sus suegros hace tres años, se ha transformado hoy en 'El Molinero', un establecimiento estratégico junto a la carretera que cuenta con actividades mínimas de bar.

Para Aida, quien compagina su teletrabajo de gestión de apartamentos turísticos en Barcelona con el mostrador, el valor real va más allá de la venta: "Lo importante es la cercanía, la mayoría viven solos y te cuentan su día y sus historias… es un gusto escucharles. Además cuando falta alguno se nota". Este movimiento migratorio inverso ha tenido un impacto directo en la comunidad: su llegada junto con de otras familias ha permitido reabrir la escuela local, un hito en la lucha contra la despoblación.
Tanto en San Pedro como en Villar del Río, estos comercios son mucho más que puntos de venta. Gracias al empeño de estas dos mujeres emprendedoras, Tierras Altas mantiene sus puertas abiertas y demuestran que, con servicios y voluntad, la vida en los pueblos tiene un futuro brillante.
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