Bécquer, Machado, Gerardo Diego… todos encontraron su inspiración entre el verde de la sierra de Urbión y las aguas de los ríos Duero y Jalón. Pero, ¿de verdad todo quedó ahí?
Tenemos claro que el paisaje soriano ha sido una profunda fuente de inspiración para algunos de los versos más famosos de todos los tiempos. La huella de algunos autores como Bécquer o Machado es simplemente imborrable y marcan un antes y un después en nuestra historia literaria.
Pero hoy en día parece que todo acaba ahí, como si la poesía comenzara y terminara con ellos, como si ya no quedara nada más por escribir, sentir o transmitir. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Y si la influencia de la tierra soriana siguiera dando mucho de qué hablar? O mejor dicho, mucho de qué escribir.
“El pozo y el sustento de mi poesía es el paisaje de mi infancia”, afirma Fermín Herrero, tras preguntarle por su verdadera inspiración. Para el poeta soriano, su tierra sigue siendo el origen de todo: “Es una tierra de promisión poética, en Soria la poesía está suelta, está justo ahí”.
Fermín Herrero es de un pequeño pueblecito de la provincia de Soria: Ausejo de la Sierra. Y quizá no haga falta decir mucho más para entender lo que queremos transmitir. Sus versos, sus poemas, su obra al completo son reflejo de una profunda pasión, dedicación y amor hacia su tierra.
En ellos encontramos ecos de los grandes autores del pasado, pero también una visión propia, algo especial que nos invita a volver la vista hacia algunos autores del presente y nos recuerda que en el futuro también puede haber poesía.
Según el autor, su poesía tiene un aura muy castellana y refleja aquello que el paisaje de nuestra tierra transmite: “El paisaje determina el carácter de las personas”, afirma: “Yo, por ejemplo, me identifico con la sobriedad”. Y es que esa sobriedad está lejos de ser una carencia, no implica frialdad ni distancia, sino templanza y sencillez, dos rasgos muy ligados tanto al paisaje como al poeta.
¿Y qué puede transmitir mayor sencillez que el silencio? Para Fermín, el silencio tiene todo el sentido del mundo: “está presente antes y después de la escritura, incluso a veces entre los mismos versos”.
Un buen poema es aquel que deja espacio para los momentos silenciosos, el que logra ofrecernos un instante de calma en medio del torrente de sensaciones: “el buen poema es el que transmite el origen de la emoción que lo produjo”.
Porque hay veces que más que palabras, lo que se necesita es un silencio revelador.
Y es que es verdad que Soria es una tierra de verdadera promisión poética, tiene mucho aún que ofrecer a la poesía y puede llegar a ser una fuente de inspiración casi infinita: la belleza del río Duero, las ruinas del castillo de la capital, las iglesias románicas, los montes violetas, el paisaje austero…
¿Por qué no darle una oportunidad a los poetas actuales de demostrarnos de verdad todo lo que nos estamos perdiendo? A la poesía soriana le queda aún mucho camino por recorrer y desde luego que la historia de la literatura no puede perderse todo lo que algunos poetas locales tienen por ofrecer al mundo.
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