El CNP y la fundaciónSOL lanzan una campaña para frenar esta práctica en auge que consiste en grabar peleas entre menores para viralizarlas. Es un peligroso fenómeno que está perseguido.
La violencia entre los más jóvenes ha encontrado un nuevo y preocupante escenario de propagación a través de las pantallas de los teléfonos móviles. Toda vez que el acceso temprano a las redes sociales facilita la difusión inmediata de cualquier suceso, la Policía Nacional, en estrecha colaboración con la fundaciónSOL, ha puesto en marcha una nueva pieza de concienciación enmarcada en la campaña "Somos su Mejor Red". El propósito de esta iniciativa no es otro que proteger a la infancia y la adolescencia en el entorno digital, tratando de impedir la normalización de unas conductas que transforman el sufrimiento ajeno en mero entretenimiento.
Este fenómeno, bautizado en el Reino Unido allá por 2005 bajo el engañoso y aparentemente inocente nombre de 'Happy Slapping' o bofetada feliz, describe una realidad mucho más cruda que se ha extendido de manera alarmante por el territorio nacional durante los últimos años. La práctica consiste en grabar una agresión física, verbal o incluso de índole sexual para, acto seguido, difundirla masivamente a través de aplicaciones de mensajería o plataformas sociales. De este modo, el perjuicio trasciende el dolor del momento del ataque, generando una doble victimización al sumar a la agresión inicial una humillación pública que amenaza con perpetuarse en el tiempo con el único fin de cosechar popularidad.
Las cifras que manejan las instituciones reflejan una escalada en la gravedad de estos comportamientos. Según recoge la Memoria de la Fiscalía General del Estado de 2025, durante el pasado año se llegaron a registrar 12.563 delitos de lesiones cometidos por menores, lo que representa un incremento del ocho por ciento respecto a los datos de 2022. Más preocupante resulta aún el inicio de 120 causas por homicidio o tentativa de homicidio con implicación de menores de edad, suponiendo un aumento cercano al diecinueve por ciento frente al ejercicio anterior, una evolución que el Ministerio Público vincula directamente a las dinámicas de grupo.
A este escenario físico se suma la vertiente puramente tecnológica, habida cuenta de que un informe de la Fundación ANAR señala a WhatsApp, Instagram y TikTok como los principales canales donde germinan estas situaciones. Asimismo, el documento pone de manifiesto la irrupción de la inteligencia artificial en el ciberacoso, estando presente en más del catorce por ciento de los casos para la creación de material falso o la suplantación de identidad. En este contexto, un estudio de Save the Children evidencia la estrecha relación entre el ciberacoso y el acoso escolar tradicional, revelando que en más del sesenta por ciento de las ocasiones los agresores pertenecen al entorno más cercano de la víctima.
Ante esta preocupante deriva, el inspector de la Policía Nacional Juan Cristóbal Cabiedas Pedraza, con casi tres décadas de experiencia en labores de seguridad ciudadana, ha explicado que esta práctica trasciende las fronteras del mundo físico para difundirse de manera masiva en el plano digital. El mando policial ha incidido en la necesidad de fomentar la capacidad crítica de los adolescentes, recordando que estas conductas no pueden entenderse como una simple broma, puesto que pueden ser constitutivas de delitos contra la integridad moral, lesiones o amenazas. Además, ha advertido que los menores tienen responsabilidad penal a partir de los catorce años, pudiendo arrastrar las consecuencias de sus actos hasta la vida adulta.
Por su parte, desde la dirección de fundaciónSOL, Claudia Caso ha lamentado que muchos jóvenes lleguen a percibir estas agresiones como un simple contenido de consumo y no como un acto de violencia real. Según ha referido, cuando un ataque se graba y se comparte, la humillación se multiplica exponencialmente, sumando al daño físico la crueldad de la exposición pública y la imposibilidad de que la víctima pueda olvidar lo sucedido al quedar un rastro digital permanente.
Para hacer frente a esta problemática, ambas entidades han coincidido en señalar que la prevención requiere de una implicación conjunta que abarque a las familias, a los centros educativos y al conjunto de la sociedad. Lejos de mirar hacia otro lado, los expertos recomiendan hablar abiertamente con los menores sobre la violencia que circula en sus dispositivos, educándolos en la empatía digital para evitar que se insensibilicen ante el sufrimiento ajeno. Resulta fundamental ayudarles a comprender que detrás de cada vídeo viral hay una persona real padeciendo unas graves consecuencias emocionales.
En esta misma línea, las autoridades insisten en dejar claro a los adolescentes que el mero hecho de grabar, compartir o interactuar positivamente con una agresión les convierte en partícipes de la misma. Por ello, abogan por reforzar el mensaje de que negarse a difundir estos contenidos es una forma activa y valiente de proteger a los demás. Finalmente, recomiendan reportar siempre este tipo de publicaciones a las plataformas correspondientes para lograr su retirada, guardar las posibles evidencias digitales y denunciar los hechos para lograr cortar de raíz la cadena de difusión que alimenta este peligroso fenómeno.
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