Los doctores Julio Martínez y Carlos de la Casa continúan su viaje para descubrir a fondo la provincia de Soria a través de su Patrimonio y sus Bienes de Interés Cultural. De la mano de Julio Martínez, descubrimos los castillos con declaración específica y algunos de los ejemplos que podemos encontrar en la provincia de Soria. Este periplo nos acompañará a lo largo de los próximos meses para descubrir la impresionante riqueza patrimonial de Soria.
Después de la llegada de las tropas arabo-bereberes a la península y tras la derrota de las tropas visigodas de Rodrigo en la batalla de Guadalete (711), el Islam se expandió con sorprendente facilidad gracias a la debilidad del mundo hispano-visigodo. Soria fue conquistada en el 715 y, durante un periodo de relativamente baja conflictividad, mientras se reunían y se organizaban los restos del sometido reino, llegó la consolidación de lo que más tarde conformaría el reino cristiano astur-leonés y comenzaría el proceso de la Reconquista.
En el año 750, Alfonso I llega a la zona nororiental de Soria e intenta dominar el territorio dependiente de la cuenca del Duero. El islam se ve obligado a replegarse
a las orillas del Duero sucediéndose permanentes incursiones y “refriegas” entre musulmanes y cristianos. Entre los siglos VIII y X la defensa de esta “Marca Media musulmana” frente a los casi permanentes “ataques” de los contingentes militares cristianos convirtió esta área en la llamada “Extremadura soriana”, escasamente poblada, que separaba los territorios dependientes del emirato, luego califato, de Córdoba y por otra parte de los “nacientes reinos cristianos”.
“Razias, enfrentamientos y sucesivos avances y retrocesos” realizados de forma sucesiva por ambos actores del conflicto disputarán durante muchos años el dominio sobre estos territorios. Soria se convertirá en uno de los puntos más conflictivos durante este periodo. Sangrientas batallas entre castellanoleoneses y cordobeses se sucedieron. En 917, Ordoño II derrotó al general Ibn Abi Abda en San Esteban de Gormaz, tres años después el ejército musulmán arrasó las ciudades de Osma y de San Esteban, en el 933 un contingente cristiano derrota a los musulmanes en Osma, y, al final del siglo X, las expediciones de Almanzor se centran en Medinaceli desbaratando el proceso de repoblación iniciado por los reyes cristianos.
La respuesta del califato a esta situación consistió en el establecimiento de un “cordón defensivo” basado en la construcción o el remodelamiento de fortalezas, torres y atalayas que permitieran controlar estos territorios y oponerse a la progresión de los ejércitos cristianos. Los BIC (Bienes de Interés Cultural) contribuyen a proporcionarnos información sobre estos procesos. Castillos, torres y atalayas nos permiten intentar comprender estos acontecimientos históricos. Medinaceli en la retaguardia y Gormaz y Osma como “puntos avanzados” constituyeron los núcleos centrales de este sistema defensivo.
Medinaceli, la antigua Occilis celtíbera, fue un enclave estratégico durante siglos. A su alcazaba parece ser que vino a morir Almanzor tras la derrota de Calatañazor en el 1002 y, tanto bajo el dominio árabe como bajo el cristiano, su situación la convirtió en un punto central para la defensa. Gormaz fue durante este periodo un punto nuclear en el sistema de defensa andalusí. El castillo construido sobre una estructura anterior se convirtió en una pieza clave de la defensa musulmana. La fortaleza ocupaba una posición estratégica. Su recinto, limitado por un perímetro amurallado de unos mil doscientos metros, incluía el alcázar, la torre del homenaje (torre de Almanzor), los aposentos califales, aljibes, depósitos de alimentos y una gran explanada que permitía el establecimiento de tropas.
La fortaleza actual fue reconstruida por el general Gálib (965-966) y se considera la fortificación más grande que el califato de Córdoba levantó en Europa en aquella época. En 974-975, el conde García Fernández lo asedia, pero, mientras lo hace, es atacado por un ejército de rescate dirigido por el mismo Gálib y sufre una humillante derrota. En 978 vuelve a intentarlo y consigue tomarlo, hasta que en 983 Almanzor lo reconquista y lo mantiene bajo manos árabes. Tras su definitiva conquista por las tropas cristianas fue entregada a diversos señores hasta que Alfonso VI de León nombró como señor de Gormaz a Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid) en el 1087.
Como complemento defensivo de estos castillos, los bereberes levantaron gran cantidad de “torres y atalayas” destinadas a la vigilancia de la frontera. Las atalayas estaban defendidas por unos pocos hombres y conformaban un sistema de observación que permitía la vigilancia de las zonas en las que se levantaban. Las torres tenían mayores dimensiones, habitualmente tenían una planta cuadrangular, se levantaban en parajes menos accidentados estando “servidas” por una pequeña guarnición califal. En ambos casos, mantenían un sistema de transmisión de “avisos y alarmas” mediante sistemas visuales entre atalayas y castillos que permitían controlar el territorio.
Sus alarmas alcanzaban rápidamente las estructuras de decisión situadas en Gormaz o en Medinaceli a través de dos líneas continuas de vigilancia. Una, en el norte, a través de Almazán, Cubo de la Solana, Gómara y Almenar hasta Ágreda; y, otra, a través de Medinaceli, Baraona, Caltojar, Berlanga de Duero, Gormaz y San Esteban. Más de mil años después los restos de este sistema defensivo pueden ser visitados y, debido a su importancia, algunas de estas estructuras han sido incluidas en el conjunto de Bienes de Interés Cultural.
Entre Medinaceli y Berlanga se levantaron una treintena de estructuras siguiendo el curso de los ríos. Cinco son los ejemplos de atalayas que han alcanzado esta calificación. La atalaya de Ojaraca, en el municipio de Caltojar, se levanta como una torre circular de aproximadamente cinco metros de diámetro y siete y medio de altura que constaba de varios pisos y estaba culminada por una terraza superior desde la que era posible vigilar sus inmediaciones. Construida en el siglo X, comunicaba de forma visual con las atalayas próximas de Rello y de La Riba de Escalote controlando visualmente la zona entre Baraona y Caltojar.
Cerca también de Caltojar resulta posible visitar la atalaya de Veruela. Construida también en el siglo X, con gruesos muros de sillarejo de caliza, tiene una planta circular alcanzando unos diez metros de altura y conectando visualmente con la de Ojaraca y con el castillo de Berlanga. Otra de las atalayas de gran importancia fue la de Caracena, cuyo interés estratégico indujo a los reyes cristianos, tras la Reconquista, a levantar un castillo en el siglo XII. El estado de conservación es bueno y puede ser interesante realizar una visita.
Entre Almarail y Cubo de la Solana se encuentra la atalaya de la Torre Blanca (Torrejalba), que alcanzaba los diez metros de altura y se encargaba de la vigilancia de las tierras dependientes de estas dos poblaciones. Una nueva atalaya, la de Navapalos, se encontraba próxima al vado que permitía cruzar el Duero. Alcanzaba también una altura de diez metros y mantenía comunicación visual con la atalaya de Enebral, que a su vez era dependiente del castillo de Gormaz.
Resulta esta una breve introducción al estudio de este “sistema defensivo andalusí” cuyo análisis nos permite comprender algunas de las cuestiones que mantuvieron la Reconquista durante algunos siglos en el territorio soriano. La bibliografía actual es amplia, su lectura es apasionante y puede resultar mucho más interesante siguiendo textos como el de Marisol Encinas sobre el castillo de Osma (páginas 178-181), Manuel Retuerce Velasco sobre la fortaleza de Gormaz (páginas 182-185) y sobre “atalayas y torres andalusíes” (páginas 186-189), en el texto de Carlos de la Casa, Marisol Encinas y Elena Heras como editores (Paseando por la arqueología soriana. Excma. Diputación Provincial de Soria, 2021).
De la Casa C., Encinas M., y Heras E. (editores). “Paseando por la arqueología soriana”. Excma Diputación Provincial de Soria. 2021: páginas 172 – 189.
Melendo Pardo M., y Carnicero Arribas J M. “Guía turística del sur de Soria. Atalayas y fortalezas en la frontera del Duero”. Excma Diputación Provincial de Soria. 2003.
Retuerce M y Cobos F. “Fortificación islámica en el Alto Duero versus fortificación cristiana en el Alto Duero”. Universidad Internacional Alfonso VIII. Soria 2004: páginas 229 – 257.
De la Casa C y Martínez Y. “Cuando las horas primeras”. En el Milenario de Calatañazor. Soria, 2004.
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