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Estas son las tres mujeres que también hicieron historia en Soria

Estas son las tres mujeres que también hicieron historia en Soria

Actualizado 05/04/2026 16:55

Detrás de muchos de los hombres que han marcado la historia de Soria, hay relatos que rara vez se cuentan. Son historias de mujeres que vivieron en la sombra y cuyo talento no llegó a ser del todo reconocido.

Casta Esteban, Concha de Marco y Cecilia Herrero Zardoya comparten algo: todas son mujeres vinculadas a figuras ilustres. Ellos resuenan por cada rincón de la ciudad, tienen calles, monumentos, esculturas o incluso salones enteros dedicados, pero ¿y ellas?

Justo por esto hemos querido rescatar ciertos aspectos de su memoria, hemos intentado recuperar un poco su lugar contando su parte de la historia para que así no quede en el olvido.

Casta Esteban

Natural de Torrubia de Soria, y esposa de Gustavo Adolfo Bécquer.

Durante años arrastró cierta ‘mala fama’ debido a que su matrimonio con el poeta fue inestable y con idas y venidas. No faltaron rumores de infidelidad, aunque nunca se demostraron del todo. A ella se la consideró la ‘culpable’ del fracaso de su matrimonio y de los quebraderos de cabeza de su esposo, ese poeta sensible y trágico.

El final llegó un día en Noviercas, en una escena casi de novela: reencuentro con un antiguo amor, celos, y una rivalidad que acabó en un encontronazo en la plaza del pueblo y en la posterior huida de Gustavo con sus tres hijos.

Pero… ¿y si la historia no fuera tan simple? ¿De verdad era tan mala Casta como siempre se la ha pintado? Durante mucho tiempo, las mujeres en este tipo de historias siempre han quedado mal retratadas, parece que dejamos un poco de lado el hecho de que nunca ha habido pruebas sólidas para pensar que ella realmente fuera la culpable de todo.

Actualmente, muchos estudios tratan de ver a Casta con más matices. Hoy sabemos que el matrimonio también pudo resentirse por la influencia de Valeriano Bécquer, a quien Casta veía como una mala influencia que alejaba al poeta de su familia. Esto demuestra que no todo se puede reducir a ‘ella la mala y él el bueno’. Al final, una relación es cosa de dos.

Además, Casta no fue solo ‘la esposa de’. También escribió su propio libro titulado 'Mi primer ensayo', probablemente en un momento difícil, intentando salir adelante por su cuenta.

Finalmente murió en Madrid en 1885, dejando tras de sí una historia mucho más compleja y humana de lo que durante tantos años se ha querido contar.

Concha de Marco

Nacida en la ciudad de Soria, fue narradora, poeta, traductora, escritora de ensayos… Pero lo primero en lo que pensamos si escuchamos su nombre y llegamos a reconocerlo es que fue la esposa de Juan Antonio Gaya Nuño, historiador, crítico de arte y escritor español.

Aunque esto tampoco fue nunca un problema, pues ella misma así lo quiso. La autora soriana se dedicó en cuerpo y alma a su matrimonio, ya fuera por amor o por pura admiración hacia el escritor y crítico que fue el amor de su vida.

Aun así, nunca está de más recordar su obra pues es bastante curioso que a pesar de su dedicación y completa entrega a su pareja, en sus escritos se refleja su espíritu libre y su personalidad independiente. Es el claro ejemplo de que puede haber un perfecto equilibro entre el amor y los propios ideales y pensamientos.

Quizá lo que más marcó su vida fue la Guerra Civil que vivió entre 1936 y 1939. Cuando el conflicto finalizó, la pareja decidió quedarse en España a pesar de declararse republicanos, arriesgándose a la marginación. Su marido casi pierde la vida en la cárcel y tuvieron que mudarse varias veces.

A pesar de la situación que la autora tuvo que vivir durante gran parte de su vida, su obra es muy completa. Desde ensayos, hasta cuentos y traducciones, pero sobre todo tenía un gran interés por la poesía. En total escribió diez poemarios, aunque solo siete verían la luz, entre ellos encontramos ‘Y es noche siempre’ o ‘Una noche de invierno’.

Cecilia Herrero Zardoya

Una de las primeras mujeres universitarias españolas y la primera en ejercer como profesora en el Instituto Antonio Machado de Soria.

Con el tiempo, tanto ella como su marido José Tudela, periodista, archivero y fundador del Ateneo de Soria, se trasladaron a la capital donde ella fue profesora de latín y psicología en el Instituto de Bachillerato Cervantes.

A pesar de sus amplios conocimientos y de su prolongada labor como docente, vivió en la época franquista por lo que tuvo que esperar varios años hasta que se le concedió el título profesional de profesora adjunta. Finalmente llegó a ser una docente con plaza fija y permanente.

Estudió y publicó artículos y ensayos dentro del campo de la lingüística y de la paleografía, entre ellos encontramos algunos como ‘La letra visigoda en los reinos pirenaicos’ o ‘Cómo y cuándo el castellano adquiere la supremacía respecto a otras lenguas peninsulares’.

Ellas también

Durante demasiado tiempo, todos sus nombres han sido notas al pie en historias protagonizadas por otros. No fueron las primeras ni las últimas en ser consideradas como ‘acompañantes’ en lugar de lo que realmente eran: autoras, pensadoras y protagonistas de su propia historia.

Porque detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, y ya va siendo hora de que dejen de estar en segundo plano.

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