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El mercado del arte reactiva la figura de Maximino Peña con dos subastas en la histórica firma proveedora de joyas de la Casa Real

El mercado del arte reactiva la figura de Maximino Peña con dos subastas en la histórica firma proveedora de joyas de la Casa Real

Actualizado 21/04/2026 08:57

En Ansorena (Madrid), dos lienzos firmados por Maximino Peña han vuelto a circular entre mercado y coleccionistas. La obra del soriano, lejos de quedar archivada, sigue generando interés económico y cultural más de ochenta años después de su muerte.

Maximino Peña Muñoz (Salduero, Soria, 1863 – Madrid, 1940) pertenece a esa generación de artistas formados en el cruce entre el academicismo del XIX y la modernidad incipiente del XX.

La biografía del soriano es la de un pintor europeo en tránsito: infancia en Argentina, formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y consolidación en Roma, donde coincidió con figuras como Joaquín Sorolla o José Benlliure.

Su carrera se construyó sobre una sensibilidad muy concreta: el paisaje, el costumbrismo y una especial maestría en el pastel, técnica en la que fue considerado uno de los grandes especialistas españoles.

Las dos obras recientemente subastadas por Ansorena en Madrid confirman una constante en su producción: la fidelidad al paisaje soriano. Por un lado, ‘Casa de Molinos de Duero. Soria’, óleo sobre lienzo de 65x55 cm, firmado y con una salida de 400 euros, fue adjudicado finalmente en 1.200 euros. Por otro, ‘Pinos de Soria’, de formato más amplio (49,5x70 cm), partía de 1.200 euros y se vendió en esa misma cifra.

La subasta se ha llevado a cabo en Ansorena, reconocida principalmente por ser proveedora de joyas de la Casa Real y un referente en el mercado del arte y la joyería en España.

Conocidos, entre otros, por crear la la famosa tiara de las flores de Lis, regalo de Alfonso XII a la reina Victoria Eugenia, usada frecuentemente por la Reina Letizia, Ansorena realiza subastas mensuales desde 1974, pese a que su historia se remonta a 1845.

Del Prado al Banco de España: una obra repartida en instituciones clave

La presencia de Maximino Peña en colecciones públicas desmiente cualquier tentación de considerarlo un autor local.

En el Museo del Prado se conservan dos piezas suyas significativas: ‘La carta del hijo ausente’ (1887) y ‘El bebedor’, ambas vinculadas a su etapa de consolidación artística y a su participación en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes.

Su recorrido institucional se amplía en el Museo Numantino, que ha reunido una colección relevante de su obra vinculada a la identidad soriana: retratos, escenas costumbristas y dibujos preparatorios donde la técnica del carboncillo y el pastel revelan su dominio del claroscuro y la atmósfera.

El Museo Numantino ha mantenido una preocupación por adquirir y conservar obras de Peña. Entre los más conocidos, forman parte de la colección permanente del Museo Numantino ‘Retrato de Alfonso XIII’, ‘Ramón Benito Aceña’ y ‘La campesina’, todos ellos en técnica de pintura al óleo, junto a tres retratos a pastel, ‘El labrador’, realizado a carboncillo; y un dibujo a pluma.

También el Banco de España conserva su obra ‘Laureano Figuerola y Ballester”’ (1890), un pastel que trasciende el retrato para situarse en la iconografía institucional del Estado liberal. Figuerola y Ballester fue un abogado, economista y político español, que desempeñó un papel importante al frente del Ministerio de Hacienda al principio del Sexenio Democrático, además de llegar a presidir el Senado.

Maximino Peña también está presente en la colección de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que custodia un amplio conjunto de dibujos y obras vinculadas a su trabajo como ilustrador. El catálogo digital de la institución incluye 25 de sus dibujos y 1 pintura.

Un artista formado en red

La trayectoria de Peña se entiende en clave de red cultural. Su paso por Roma no fue solo formativo, sino decisivo en su integración en los circuitos internacionales de la pintura académica. Allí coincidió con artistas que definirían la pintura española de finales del XIX.

De regreso a Madrid, su vinculación con el Círculo de Bellas Artes y posteriormente con el Ateneo le situó en el centro del debate artístico e intelectual de su tiempo, en un momento en que la pintura española se debatía entre tradición y renovación.

La reaparición de sus obras en una subasta no se explica sólo en términos económicos. Explica, sobre todo, la permanencia de un autor que nunca ha desaparecido del circuito institucional, pero que ahora recobra protagonismo público a través del mercado.

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