Migrante de interior, llegue a Soria desde Madrid por casualidad con la idea de quedarme un año. Treinta y tantos años y tres hijos después aquí sigo, con el periodismo local y lo que ahora llaman el reto demográfico en vena. Tuve que discutir en casa durante mi adolescencia para estudiar Periodismo y gané. Me licencié en aquella Complutense que era un hervidero de ideas, de protestas y una fábrica de idealistas. Mis primeros pinitos en comunicación fueron en Iberia. Entre vuelos, pasajeros de todas razas, nacionalidades y creencias, información de viajes y recomendaciones de Exteriores quise especializarme en internacional, que aún me apasiona, pero me piqué con el periodismo local en Soria, donde he hecho de todo y de todo he aprendido. Redactora, redactora jefe, subdirectora o directora, en prensa o en comunicación corporativa, los puestos o los cargos que he tenido son lo de menos. Me esfuerzo por no perder el norte y trabajar con el interés general como bandera. Porque, si de algo estoy convencida después de 35 años de experiencia, es de que si el periodista no ayuda un poquito a hacer de este un mundo (o barrio o ciudad o pueblo) algo mejor, nos deberíamos dedicar a escribir novela, un género mucho más agradecido.
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