La comunidad de vecinos de El Collado 22 alerta de filtraciones, desplomes parciales y una plaga de palomas procedente de los edificios colindantes, en estado de ruina desde hace décadas. El Ayuntamiento anuncia contactos con la propiedad para programar nuevas inspecciones y evaluar medidas de seguridad.
La comunidad de propietarios de El Collado 22, integrada por 33 familias viene denunciando desde hace años el grave deterioro provocado por el abandono de los inmuebles colindantes a su finca, situados en los números 24 y 26. En su opinión, este hecho amenaza tanto la seguridad estructural como la salubridad del entorno. Siete de esas familias son las más afectadas, al tener sus viviendas orientadas hacia un patio de luces donde se acumulan restos de derrumbes, suciedad y excrementos de aves.
El primer derrumbe parcial se produjo hace más de dos décadas, según las denuncias presentadas por los vecinos. Desde entonces, los episodios se han repetido: en 2003, y nuevamente en 2022, se desplomaron partes de la fachada interior de los edificios en mal estado, con caída directa al patio de luces compartido.
La comunidad ha presentado al menos dos denuncias formales ante el Ayuntamiento, además de un escrito de reiteración en mayo de 2025. La respuesta municipal, emitida en agosto del mismo año, se limita a señalar que el expediente “se encuentra pendiente de informe técnico, indicándole que en cuanto sea posible se emitirá informe para continuar con la tramitación”.
Desde el área de Urbanismo, su responsable, Luis Rey, apunta a Soria Noticias la necesidad de una nueva evaluación técnica. “Giraremos visita al edifico, me consta que ya se ha hablado con la propiedad para determinar una fecha para una nueva inspección, para tomar medidas y asegurarlo si procede”.
En 2023, los servicios técnicos municipales ya intervinieron y el Ayuntamiento emitió una orden de ejecución para reforzar elementos estructurales críticos, entre ellos una viga de madera que sostiene parte del edificio número 26. “Tienen una orden de ejecución de reparación de la viga, pero ni se ha arreglado, ni el Ayuntamiento ha vigilado para que se arregle”, confirman los denunciantes.
En el Consistorio, no obstante, se confía la solución a un proceso más amplio de planificación urbanística que afecta a varios inmuebles del entorno. “Hay un estudio de detalle planteado para buscar una solución conjunta a cuatro edificios de esa zona. Creemos que se podrá desbloquear en breve. Los edificios, particulares, están sujetos al PERICH, con protección por estar en casco histórico”, explica Rey.
Las consecuencias del deterioro son cuantificables. Solo en el último año, la comunidad ha asumido cerca de 1.800 euros en gastos derivados de la situación: 965 euros en limpiezas del sumidero del patio, colapsado por residuos, y otros 800 euros por filtraciones de agua.
“Cuando llueve, además, el agua se filtra y provoca goteras en el local que hay debajo, un negocio que está abierto”, explica una vecina en representación de la comunidad. Más allá del perjuicio económico, la preocupación principal es la seguridad: “El riesgo de hundimiento es real, puede matar a alguien”, advierte una de las vecinas, en referencia tanto a los residentes como a los empleados y clientes del establecimiento afectado.
A los problemas estructurales se suma una situación sanitaria que los vecinos califican de “absolutamente insalubre”. El abandono de los inmuebles colindantes ha favorecido la proliferación de palomas, que han convertido el patio de luces en un palomar abierto.
El patio presenta acumulaciones constantes de plumas, excrementos y restos orgánicos. La presencia de aves muertas en descomposición es habitual, lo que, según denuncian, está atrayendo también a ratas. “Es una plaga”, resumen, subrayando el impacto directo sobre la calidad de vida del vecindario.
Ante la falta de respuesta efectiva a lo largo de estos últimos años, la comunidad decidió recurrir a una vía formal para documentar la situación: la elaboración de un acta notarial de presencia, una herramienta jurídica que permite dejar constancia objetiva de hechos sin necesidad de iniciar de inmediato un procedimiento judicial.
Una notaria se personó en el inmueble el mismo día del requerimiento y realizó una inspección visual desde distintos puntos del edificio afectado. Su acta recoge con detalle una serie de evidencias: acumulación de suciedad en el patio, presencia de animales muertos, tránsito constante de palomas desde el edificio colindante, así como el deterioro visible de fachadas y cubiertas.
El documento incorpora además 14 fotografías tomadas durante la inspección, lo que refuerza su valor probatorio.
La presencia de edificios en ruina o en avanzado estado de deterioro no es un fenómeno nuevo en el casco viejo, sino una constante que ha atravesado la historia reciente de la ciudad y que ha generado en distintos momentos un intenso debate sobre la conservación, la seguridad y el modelo de regeneración urbana.
“Felizmente, poco a poco el casco se está recuperando. La mayor parte de las ruinas están resueltas; nos queda alguna, así como recuperar los solares que quedan en el casco, algunos de ellos ya se están edificando”, valora el concejal de Urbanismo.
En esa misma línea, el Ayuntamiento sostiene una estrategia de intervención pública destinada a incentivar la iniciativa privada y revertir situaciones como la denunciada por los vecinos de El Collado. “El Ayuntamiento ha apostado por intervenir en esa zona con actuaciones que animen a los promotores privados, con la recuperación del mercado municipal, la de las ruinas de San Nicolás, las viviendas del Trinquete o, en breve, la pavimentación de la calle Real”, detalla el concejal.
Sobre los resultados de estas actuaciones, el responsable de Urbanismo admite una evolución todavía limitada, aunque aprecia signos de avance: “Observamos cierto dinamismo, no el que quisiéramos, pero sí se está actuando poco a poco”, concluye Rey.
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