Volver Noticias de Soria - SoriaNoticias.com
La devoción por la tradicional pingada del Mayo pinariega

La devoción por la tradicional pingada del Mayo pinariega

La comarca de Pinares nunca escapa de su legado y mantiene la emoción de una de sus tradiciones más arraigadas, que no falla a su cita en la primera semana del mes de mayo, siendo para muchos mozos “el mejor día del año”.

Los primeros días de mayo son los más especiales para los jóvenes pinariegos. Para honrar el significado histórico de los pinos en la economía de la comarca, los mozos, tradicionalmente varones solteros mayores de 16 años (aunque con el tiempo ha cambiado), de diferentes localidades celebran la pingada del Mayo. Algunos, como Navaleno, Casarejos, Molinos de Duero o Espejón lo hacen el día que manda la tradición, el 1 de mayo. Otros, como Covaleda, Espeja de San Marcelino o Cabrejas del Pinar se adaptan al calendario, desplazando la pingada al sábado de ser necesario. Y los hay, como Vinuesa, que dejan esta fiesta para el verano, cuanzo alzan dos pinos en el mes de agosto, o Duruelo de la Sierra, donde el día 1 o el primer domingo de mayo se acarrean tres enormes pinos, aunque su pingada es en septiembre, en las fiestas del Santo Cristo de las Maravillas.

San Leonardo de Yagüe es fiel a su tradición y el pino se pinga, como siempre, el 1 de mayo. La localidad pinariega siempre vibra con uno de sus momentos más esperados del año, una jornada donde el esfuerzo físico, la coordinación y el arraigo se dan la mano. Para entender la verdadera magnitud de este evento, que trasciende lo puramente festivo, resulta imprescindible escuchar a quienes lo hacen posible desde dentro. Alejandro Rupérez, uno de los mozos, desgrana lo que supone esta fecha marcada en rojo en el calendario local.

El peso de la historia y los preparativos

Para los habitantes del municipio, el levantamiento del pino va mucho más allá de la simple fuerza bruta. "Para mí representa mis orígenes, una mirada atrás, a lo que tantos años se dedicaron nuestros abuelos y nuestros ancestros", explica Rupérez. Aunque los visitantes suelen centrarse en el momento cumbre de la elevación, el trabajo de los mozos comienza antes.

Tal y como relata el joven sanleonardino, el proceso implica semanas de nervios y preparativos. La cuadrilla acude al monte días antes para seleccionar el mejor ejemplar y proceder a talarlo, un instante que conserva la esencia del pasado. "Es uno de los momentos más emocionantes, ya que se sigue haciendo como antiguamente, con tronzador de mano y con hachas", detalla. Esta labor manual tiene un profundo significado personal para él: "Cuando era pequeño mi abuelo me enseñó cómo trabajaban antiguamente en el monte y por eso para mí es transición. Siempre es un bonito recuerdo que guardo".

El relevo generacional: más de un centenar de mozos

La participación en la pingada no requiere de ceremonias formales. "Hasta el momento no tenemos ningún rito de iniciación, no somos ninguna secta", bromea Rupérez. La incorporación a la cuadrilla suele producirse de forma natural en torno a los 16 o 18 años, una edad muy esperada por todos los jóvenes de la localidad.

Este año, favorecidos por las fechas del calendario, el grupo ha alcanzado una cifra imponente. "Unos 110 mozos, ya que el puente facilita que la gente de fuera pueda acercarse", señala. En los días previos, el ambiente en el pueblo es inconfundible, marcado por el nerviosismo y la complicidad: "Es difícil que cuando hablas con uno o con otro no se te escape alguna sonrisilla o carcajada recordando alguna anécdota de años anteriores".

Para manejar semejante grupo humano y levantar una estructura de tales dimensiones, la jerarquía y la experiencia son fundamentales. Los veteranos asumen la responsabilidad de guiar a los recién incorporados. "Intentamos que cada tijera esté compensada y haya mozos más veteranos unidos a alguno más joven, para garantizar el relevo generacional", subraya el mozo. Toda esta fuerza bruta está milimétricamente coordinada por una figura clave: "Todos estamos bajo las órdenes de Nacho, el director de orquesta, que es el encargado de dirigirnos para mover las tijeras y aunar fuerzas cuando toca empujar el pino".

Así se vive el gran día: de la calma a la tempestad

La jornada del 1 de mayo exige madrugar. A las 8:00 horas, los mozos ya están preparando los tablones para encajar el mayo y trasladando las tijeras a la cuesta del Mayo. Tras un café a las 10:00 horas, la cuadrilla sube al monte para recoger pino, que es arrastrado hasta el pueblo con la ayuda tradicional de las vacas serranas y el carro, haciendo una parada obligatoria para almorzar en la fuente del campo de fútbol.

Sobre las 12:30 horas, el pino ya descansa en la cuesta, listo para el desafío. "Quizás este sea el momento de calma antes de la tempestad", confiesa Rupérez. Es el instante en el que los mozos más experimentados aseguran las cuerdas y preparan las tijeras. La verdadera explosión llega a las 13:30 horas. Tras la finalización de la misa, el repique tradicional de campanas, conocido localmente como el tenterulo, y la bendición del sacerdote, comienza la maniobra. "Se desata la locura de levantar el pino y el buen humor, la emoción y los cánticos nos invaden hasta que el pino está totalmente erguido", relata con pasión. En esos primeros empujones, los sentimientos se desbordan en "ríos de risas, alegrías y emociones que, solo si eres de aquí, lo sientes".

Riesgo, orgullo y celebración colectiva

A pesar del ambiente festivo, los participantes son plenamente conscientes de la complejidad técnica del reto. "Es un trabajo más peligroso que duro", advierte Rupérez. Coordinar a más de cien personas simultáneamente implica riesgos evidentes: una tijera que resbala o una mala posición pueden generar complicaciones. Sin embargo, asegura que "el orgullo y el trabajo en equipo lo tapa todo". Cuando el pino alcanza por fin la verticalidad perfecta y queda asegurado, la tensión acumulada desaparece de golpe. "La emoción nos invade y todos sabemos que el trabajo está hecho, que no hay ningún riesgo y que es el momento de celebrar", explica. La victoria se festeja primero en la intimidad de la cuadrilla con una comida de conjura, para después abrirse a todo el pueblo y a los visitantes al ritmo de la charanga.

Una seña de identidad innegociable

Para los jóvenes de San Leonardo de Yagüe, esta tradición es el pilar fundamental de su identidad local. Rupérez no tiene dudas al respecto: "Podría asegurar casi al 100% sin miedo a equivocarme que es el día favorito de todos los mozos del pueblo. Es el día perfecto, se junta la tradición, con la fiesta, con la familia, con los amigos... ¿Qué más se puede pedir?".

A quienes observan la fiesta desde fuera y no comprenden la devoción por este tronco elevado hacia el cielo, el mensaje de los mozos es claro y directo. "Les diría que vinieran, que se acercaran, que vivieran la tradición desde cerca y que preguntaran por lo que sentimos", invita Rupérez, convencido de que la alegría de la jornada es contagiosa. Su conclusión resume a la perfección el espíritu de esta festividad pinariega: "Un pueblo que pierde sus orígenes y sus tradiciones está condenado a la desaparición".

Únete al universo Soria Noticias Descárgate nuestra APP, entra en nuestro canal de WhatsApp o síguenos en redes.