La comarca maderera se prepara para celebrar su tradición más arraigada durante los primeros días de este mes. Los vecinos se unen para talar, transportar y alzar a mano los pinos más imponentes del monte, en un rito que honra el legado de sus antepasados y da la bienvenida a la primavera.
Con el mes de mayo recién estrenado, la expectación y los nervios ya se palpan en los municipios de la comarca de Pinares. La pingada del mayo es mucho más que una fecha en el calendario festivo; representa el momento en el que la fuerza física, la coordinación y el sentimiento de pertenencia se dan la mano para rendir homenaje al patrimonio natural de la provincia.
El ritual comienza al alba en la espesura del bosque. Las cuadrillas de mozos, tradicionalmente varones solteros mayores de 16 años (aunque en muchos publos participan mujeres, hombres casado e incluso niños), en los días previos, buscan con la mirada el ejemplar perfecto que presidirá su localidad durante las próximas semanas. El derribo, que en muchos pueblos todavía se realiza con la sierra manual de toda la vida, marca el inicio de una jornada donde las anécdotas y la convivencia son las verdaderas protagonistas. Una vez abatido, el tronco emprende su camino hacia el corazón del pueblo. El traslado regala estampas que parecen detenidas en el tiempo, especialmente en aquellos lugares donde el pino avanza arrastrado por una yunta de bueyes o vacas serranas, abriéndose paso entre la expectación de los vecinos que aguardan su llegada con ilusión.
El instante más sobrecogedor se produce cuando el pino alcanza su destino final, en enclaves tan emblemáticos como la Cuesta del Mayo en San Leonardo de Yagüe o el paraje de El Cubo en Covaleda. La emoción se desata mientras los mozos se preparan para la compleja maniobra de alzado.
La elevación es un ejercicio de pura sincronización transmitido de los veteranos a los más jóvenes. Armados con tijeras de madera y un entramado de cuerdas, los participantes empujan el tronco centímetro a centímetro. Las voces de ánimo y las órdenes del director de la maniobra rompen la tensión hasta que el árbol queda perfectamente vertical, desatando el aplauso colectivo.
Este rito, que hunde sus raíces en la época prerromana como símbolo de fertilidad, ha sabido conservar su esencia humana a lo largo de los siglos, una fiesta que hoy honra el pasado maderero de la comarca, con el pino como eje de la economía local. Hoy en día, la celebración funciona como un dique de contención contra el reto demográfico que afronta la provincia, uniendo a diferentes generaciones en un objetivo común. El esfuerzo compartido para mover los pinos teje una red de solidaridad entre los habitantes. Las comidas populares y los reencuentros que suceden al esfuerzo físico convierten esta jornada en un refugio para la memoria local, atrayendo tanto a los residentes habituales como a quienes regresan a sus raíces por unos días.
El fervor por esta tradición encuentra uno de sus máximos exponentes en la localidad sanleonardina, donde cada 1 de mayo cerca de un centenar de jóvenes se congregan para elevar su monumental pino. La jornada arranca a las 8:00 horas con los preparativos en el monte y culmina sobre las 15:00 horas, con la posterior fiesta. Bajo la atenta dirección de un guía que coordina cada movimiento de las tijeras, los mozos aúnan fuerzas en una maniobra que, pese a su evidente riesgo, se vive con una emoción desbordante.
Para los vecinos del municipio, este esfuerzo colectivo trasciende lo festivo para convertirse en un acto de profundo respeto hacia las generaciones pasadas que vivieron del trabajo forestal. El éxito del alzado desata una celebración íntima y popular que reafirma su identidad, demostrando que el relevo generacional está garantizado de forma natural y que el orgullo por sus orígenes sigue siendo el motor que mantiene viva a la comunidad.
La belleza de esta manifestación cultural atrae cada año a numerosos visitantes. Para disfrutar de la jornada con seguridad y respeto hacia la costumbre, conviene tener en cuenta varios aspectos prácticos. Hay que consultar los horarios específicos de cada ayuntamiento, ya que el inicio de las maniobras varía según la localidad; llegar con antelación suficiente a las plazas para asegurar un buen lugar de observación sin entorpecer el paso; respetar en todo momento el perímetro de seguridad durante las labores de alzado para evitar cualquier tipo de accidente; participar en las actividades posteriores para integrarse en el ambiente vecinal y conocer la hospitalidad pinariega.
Este año, muchos pueblos han conservado el día tradicional, el 1 de mayo, al ser viernes y festivo, haciendo puente, pero es muy habitual ver que el evento se traslade al sábado. Pueblos como Vinuesa y Duruelo, ambos pinariegos, no pingan sus pinos hasta agosto y septiembre respectivamente, adaptando la tradición a su cultura local.
San Leonardo de Yagüe: La pingada se realiza a las 13:30 horas en la Cuesta del Mayo. Los mozos talan el árbol dos días antes y lo transportan con vacas serranas hasta el lugar de la pingada.
Navaleno: La ceremonia comienza a las 12:00 horas en la plaza Domingo Heras.
Molinos de Duero: A las 12:00 horas en la Plaza Mayor se realiza la pingada. También aquí se mantiene la tradición de transportar el pino con bueyes.
Espejón: La pingada se celebra a las 12:00 horas en la campa. El transporte se realiza con bueyes, manteniendo viva esta ancestral forma de acarreo.
Valdeavellano de Tera: En La Pista tendrá lugar este tradicional evento.
Cabrejas: A las 13:30 horas en la plaza del pueblo se eleva el mayo, que también es transportado con bueyes.
Quintanilla de Tres Barrios: Por la mañana se corta el pino, después hay una comida popular y tras esta se realiza la pingada, sobre las 18:00h., convirtiendo la jornada en una auténtica fiesta comunitaria.
Casarejos: El pueblo recupera la tradición, con salida al monte a las 9:00h.
Covaleda: La pingada se realiza a las 12:00 horas en El Cubo. El pino es transportado con bueyes, manteniendo viva esta tradición.
Espeja de San Marcelino: La localidad celebra su pingada este día, sumándose a las celebraciones de la comarca, en el frontón tras la salida al monte a las 9:30h.
Vadillo: Aquí se utiliza una máquina de obra o tractor para el transporte del pino, y se emplean pinzas para la pingada.
Santa María de las Hoyas: A partir de las 8:30h comienzan los preparativos.
Orillares: A las 13:00 horas los vecinos podrán disfrutar de esta tradicional celebración, con porra sobre la altura del pino.
Salduero: La pingada se celebra a las 13:30 horas.
Bayubas de Arriba: Los vecinos se reúnen a las 18:30 horas para presenciar la elevación del mayo.
Guijosa: A las 13:00 horas tendrá lugar la pingada en esta localidad.
Matamala de Almazán: Tendrá lugar a las 13:30h.
Duruelo de la Sierra: Presenta una particularidad respecto al resto de localidades. El 2 de mayo se acarrean los mayos, quedando los mozos a las 8:00h., pero la pingada no se realiza hasta septiembre, adaptando la tradición a sus propias costumbres locales.
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