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El arte de la pesca de gigantes sin muerte

El arte de la pesca de gigantes sin muerte

Actualizado 10/05/2026 20:49

Con un récord personal que roza los 20 kilos y una filosofía basada en el respeto absoluto por el animal, Ángela García reivindica el ‘carpfishing’ como un deporte de paciencia y técnica. La pescadora repasa la complejidad logística de los torneos y la necesidad de viajar a Francia para disfrutarlo.

Ángela García lleva casi una década dedicada a la pesca deportiva, una afición que comenzó en su infancia y que ha evolucionado hacia la especialidad del carpfishing. Con una filosofía basada estrictamente en la captura y suelta, esta pescadora recorre diferentes pantanos y ríos en busca de grandes ejemplares, demostrando que la paciencia, la técnica y el respeto por el entorno son los pilares de esta exigente disciplina.

“Siempre me han gustado estas cosas por los animales, siempre me han llamado la atención”, explica García al recordar sus inicios. Aunque de pequeña acompañaba a su abuelo y a sus primos a pescar en ratos sueltos, desde hace unos ocho años se ha centrado en esta modalidad deportiva con una premisa inquebrantable: el respeto a la vida del animal. “Nunca me ha gustado la pesca con muerte. Jamás me he llevado una trucha a casa”. Su objetivo principal en las aguas son las carpas, aunque en sus viajes también ha capturado siluros y esturiones. La búsqueda incesante de peces de gran tamaño ha dado sus frutos, situando su récord personal en la captura de una carpa de 19,900 kilos.

Las competiciones y el material

La dinámica de las competiciones en las que participa resulta físicamente exigente. Los torneos suelen abarcar fines de semana completos, desde el viernes hasta el domingo, incluyendo largas jornadas nocturnas a la intemperie. “Se suele pescar por la noche y se compite a kilos, a ver quién saca más, o al grupo de los tres o cuatro peces más grandes”, detalla. Hasta la fecha, su experiencia se ha forjado en concursos sociales e internos de su sociedad de pescadores, donde ha aprendido que el trabajo previo al lance es vital.

Antes de que el cebo toque el agua, el estudio del terreno es obligatorio: “Sin saber cómo es el fondo, primero sondeamos con una caña y un plomo. Lanzamos al agua y al recoger vamos viendo qué puedes notar, si hay piedras, si te enganchas o si hay mucha vegetación”. Esta lectura del fondo determina la estrategia, obligando a usar cebos más flotantes si hay algas o buscando zonas de gravilla para que el cebo sea más visible. A esto se suma el factor ambiental: “Depende mucho del tiempo que haga, si hace aire, si hace frío, las presiones... Al final son animales y hay veces que parece que los entiendes y luego te cambian completamente”.

Según su experiencia, las mejores épocas para la pesca son el otoño y la primavera, ya que las fluctuaciones de temperatura activan al pez.

El equipamiento es otro factor determinante en este deporte, que exige una inversión económica considerable y una logística compleja. Para el cebado, utilizan herramientas específicas como el spomb (un cohete cebador), bolsas solubles o el cobra, un tubo diseñado para lanzar boilies (pequeñas bolas de cebo).

En los torneos, las reglas son estrictas: el uso del cohete está restringido a horarios diurnos, habitualmente de 08.00 a 20.00 horas, lo que obliga a planificar la alimentación en la zona de pesca para mantener a los peces concentrados. Toda esta técnica la practica mayoritariamente a lance, reservando el uso de la barca únicamente para escenarios como el Ebro.

Traslados para vivir su pasión

La provincia de Soria, tradicionalmente vinculada a la trucha, no ofrece las mejores condiciones para el carpfishing. “Somos muy poquitos los que pescamos carpa en Soria”, reconoce García. Señala que, a excepción del entorno de Monteagudo de las Vicarías, escasean las zonas propicias. Por ello, suele desplazarse a la cuenca del Ebro, Navarra o Aragón, donde habitan ejemplares de mayor tamaño. A esta limitación geográfica se suma una estricta normativa nacional que dificulta la práctica habitual. “En España, la pesca nocturna y la acampada están totalmente prohibidas a no ser que tengas permiso por un concurso. Es una faena, porque esta pesca necesita mucho tiempo”, lamenta la pescadora.

Esta restricción contrasta con la situación en países como Francia, un verdadero paraíso para los amantes de esta modalidad, y donde ha tenido la oportunidad de pescar esturiones, una especie desaparecida en los caladeros nacionales que frecuenta. “Allí hay peces de mayor tamaño, tienes permitida la pesca de noche, puedes acampar y está todo muy cuidado. Es muy, muy diferente”, subraya sobre su experiencia.

Más allá de la técnica y los madrugones, esta pasión le ha abierto las puertas de las redes sociales, donde colabora activamente con marcas del sector probando material y explicando su funcionamiento. “Me encanta utilizar todo para saber bien cómo va y ayudar a la gente a la hora de buscar lo que necesita. Es recíproco”, afirma.

Para Ángela García, el éxito de un fin de semana no se mide únicamente en la báscula ni en el tamaño de la captura. El verdadero premio del carpfishing reside en el ritual que rodea a las cañas. Es la desconexión total en la orilla, la compañía incondicional de su perra, Dakota, las horas de conversación esperando la picada.

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